Para crecer juntos...

Nuestros hijos quieren paz, no guerra

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez

Web del Padre

 

El águila y los gallos.

Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas;

y al fin uno puso en fuga al otro.

Resignadamente se retiró el vencido a un matorral, ocultándose allí.

En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta

dándose a cantar con gran estruendo.

Más no tardó un águila en caerle y raptarlo.

Desde entonces el gallo que había perdido la riña

se quedó con todo el gallinero.

 

            Somos especialistas en crear y mantener conflictos. Pareciera que Venezuela se ha convertido en un gran Rin de boxeo o en coliseo romano apto para desafíos o duelos. Todo es un completo y total aprieto donde todos contra todos quieren despellejarse, morderse y arrancar a pedazos la vida que Dios nos regaló. Por un lado la delincuencia tan suelta y tan crecida; por otro el pugilato entre oposición y gobierno que ni se mastican ni se tragan; en el otro costado los Medios de Comunicación tan ligeros y tan bribones que se aprovechan y hacen todo un drama de cualquier hecho. 

            Juzgaría que todo este enredo, que se convierte en una gigantesca telaraña que envuelve a todos y a todos ahoga, es una forma de vida que se ha enquistado en muchos de nosotros. De ahí la respuesta tan violenta que no nos permite pensar, mucho menos detenernos para saber la gravedad de esos talantes tan penetrantes y desorbitados. 

            Lo que resulta aún más dañino es que los que actúan mal con ensaño y alevosía se jacten de haberlo hecho y nada, ni nadie los ponga en su sitio dentro de un cuadro de justicia real y motivada por la paz en la verdad de los hechos. Lo anterior me viene a decir que una sociedad que permita esto se convierte en una corporación de cómplices donde todo es permitido, tapado y aplaudido. 

            Gallos siempre habrán en el mundo. Aquel gallo Caín, que lleno de la envidia mató a su hermano Abel para terminar en el abandono y la soledad. Otro gallo Herodes quien deseba conocer a Jesús después de haberlo buscado cuando niño para matarlo en aquella aberrante carnicería  de los inocentes. Gallo silencioso y mortal Pilatos quien por complacer a los poderosos permite que a Jesucristo lo crucifiquen sin haber cometido crimen alguno. También los gallos de Hiroshima, de la guerra, de la droga, de la pornografía, de la prostitución, de la delincuencia de cuello blanco… 

            Estos gallos no pueden servir de ejemplo para nadie, mucho menos para las nuevas generaciones que están esperando de nosotros una postura sabia que busque la construcción y no la destrucción. La sociedad necesita redescubrir los valores tan olvidados y tan dejados a un lado para aferrarnos a valoraciones de intereses partidistas, mercantiles y muy personales que desdicen de esa necesidad por edificar  y así poder entregarle a nuestros hijos una tierra de paz donde los hijos deben enterrar a sus padres y no los padres a sus hijos como el ambiente de guerra y enfrentamiento en que estamos sumergidos. 

            Dios, dueño de la historia, nos señala que a través de ella son muchos los que se han empeñado en someter al mundo a la guerra. Una guerra que solo podrá ser aceptada y entendida por las personas que no tienen familia, no tienen ilusiones y se han quedado en la rabia copiosa para infestar las aguas para que otros no puedan disfrutar de ese precioso líquido para continuar la marcha. 

 

No podemos permitir y aplaudir los males, porque ellos mismos nos llevarán a la tumba.