Para crecer juntos...

El mal está pero no triunfará

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez

Web del Padre

 

 Una zorra saltaba sobre unos montículos,

y estuvo de pronto a punto de caerse.

Y para evitar la caída,  se agarró a un espino,

pero sus púas le hirieron las patas,

y sintiendo el dolor que ellas le producían, le dijo al espino:

Acudí a tí por tu ayuda, y más bien me has herido.

A lo que respondió el espino:

¡Tu tienes la culpa, amiga, por agarrarte a mí,

bien sabes lo bueno que soy para enganchar y herir a todo el mundo,

y tú no eres la excepción”

(Esopo, La zorra y el espino)

 

            Decía mi madre que todos éramos arrieros y por el mundo andamos. Una gran verdad que se vive constantemente. Es decir, que nos conocemos y sabemos quien es quien a la hora del te. Hoy en día pareciera que los malos son mayoría y por eso somos muchos los que nos ocultamos o por lo menos hacemos silencio para que otros crean que los malos son esa triste mayoría. 

            Siempre nos estamos quejando de los males que nos toca padecer y resulta muy natural culpar a otros. Es una práctica de escándalo que con trampas, engaños o desvergüenza que esconde la responsabilidad de reconocer la verdad de nuestros actos. Esto porque hemos olvidado los principios del bien que están por encima de toda situación de maldad o de engaño. Aclarando que todos somos dueños de nuestros actos y que nadie, por muy malo que sea, puede hacernos o llevarnos al precipicio de la destrucción, es decir, que cada uno es responsable de sus actos y que nadie paga porque otro deba. 

            Una persona con malas mañas produce desasosiego, tristeza y enfrentamientos hasta en el seno de la mejor familia. Por ello se hace necesario que comprendamos que la maldad se inicia cuando quitamos la inocencia y hacemos aparecer la duda, el miedo y esa fabricación de pensamientos negativos. Recuerdo, en este momento, al payaso Charles que tenía por slogan “Quien no se ríe, es malo". Además, que en nuestro caminar por la vida tendremos que tratar con toda clase de personas. Unas buenas; otras malas y astutas. Y por lo general, siempre es difícil descubrir su buena o mala condición y por eso hay que tomar precauciones. De plano no hay que tener trato con personas malas, pues siempre saldremos perjudicados, claro habrá que encomendarlas a Dios. 

            Todos estamos llamados a la observación, no a la desconfianza, es una observación para conocer de los otros la bondad o la maldad. Debemos tener presente que en nuestro ambiente hay gente que siembra semilla mala en el campo de la vida y por eso nos preguntamos y nos volvemos  a preguntar: ¿Por qué Dios permite la acción del diablo y la malicia de los pervertidores? Ante esto no podemos escandalizarnos por esta presencia del mal en el mundo. Todo lo contrario, habrá que tomar conciencia de esta realidad y estar vigilantes para poder luchar y vencer. Mucho cuidado con dormirse pensando que se han hecho bien las cosas, pero olvidando que el enemigo es más astuto y que sabe arrastrase por la hierba seca donde ataca sin previo aviso. 

            No podemos olvidar que en este camino hacia Dios debemos, tratar de entender, la dimensión escatológica de la existencia de un juicio, un premio terno y un castigo y también eterno. Debemos comprender y aceptar que existe un cielo y un infierno para los que aceptan o rechazan el llamado de Dios. 

            Esta presencia del mal en el mundo hace que muchos duden de la presencia de la Providencia Divina al punto de culpar a Dios de las desgracias y males. El libro de Job dedicado al tema del mal y del dolor nos ayuda a comprender a ver el sufrimiento como una prueba que se supera con esa gran certeza de que Dios es bueno. Debemos, de plano, reconocer que el mal en definitiva está subordinado al bien. Y que jamás el mal triunfará porque la Providencia está presente es el mundo. Bien lo afirma S. S. Juan Pablo II “La historia de las naciones y de todo el género humano se desarrolla bajo el «ojo» de Dios y bajo su omnipotente acción. Si todo lo creado es «custodiado» y gobernado por la Providencia, la autoridad de Dios, llena de paternal solicitud, comporta, en relación a los seres racionales y libres, el pleno respeto a la libertad, que es expresión en el mundo creado de la imagen y semejanza con el mismo Ser divino, con la misma Libertad divina”

 

Nunca pidas ayuda al que acostumbra a hacer el daño. 

"Sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de tos que le aman" (Rom 8, 28)