Para crecer juntos...

Oremos por la paz para vivir en la unidad

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

La Iglesia , la incansable luchadora por la paz, en cada comienzo del año, misa del primero de enero, dedica su oración a Dios en la Santísima Virgen María por la paz de toda la tierra. Además, en una semana de enero, coloca otra forma de oración en la Unidad por los cristianos. Para este año, 2004, el lema de esta Jornada por la Unidad son las palabras de Jesús: “Mi paz os doy” Es una oración que se dedica a los habitantes de la ciudad de Alepo en Siria. Allí solamente hay, de un millón y medio de habitantes, el 10% de cristianos que hace dos mil años recibieron las enseñanzas de los apóstoles. Es la búsqueda de la unidad dentro de los parámetros de una guerra que pareciera que se ha hecho parte de los habitantes del Medio Oriente y la necesidad de que todos, sin excepción, oremos por la añorada paz. Es una oración cargada de la necesidad de abrirnos a la conversión donde el perdón provoque la unidad en el olvido para alcanzar la paz. Recordemos que en ellos está el dramático conflicto Israel - palestino

 

            “Mi paz os dejo” palabras de Jesús que las encontramos en san Juan 14,27 y en la súplicas que se hacen antes de la comunión son la existencia, más clara, que esa paz debe nacer en el corazón para que Dios no tenga en cuenta nuestros errores propios y nosotros, nos proponemos, tampoco mirar el de los demás. Es así, como se concede la paz y se actualiza la caridad para con mis semejantes. No es simple promesa que se olvida con el tiempo. Es la forma más original de comulgar con la vida para poder comulgar con Dios en el sacramento de la Eucaristía. Es aquí, en esa formación, unos detrás de los otros, es donde nos vamos respondiendo acerca de las manifestaciones de injusticia, violencia y odio que no nos dejarán ni darnos la paz, ni mucho menos comulgar con un Dios que es amor. Habrá que recordar que esa paz implica recordar nuestro comportamiento con respeto al otro.

 

            Para nadie es un secreto que hay una violencia de dos comunidades centrada en el sufrimiento de israelitas en Gaza y el castigo a ciudadanos palestinos donde el derrame de sangre pareciera tan natural que los partes de guerra son constantes. Otra verdad es que todos desean la paz, la justicia y la pronta reconciliación que no termina de llegar por esa falta de una voluntad política y la comunidad internacional que no termina de ponerse de acuerdo. Pareciera una contradicción en plena tierra santa es donde la violencia se enseñorea para pasearse con la mueca del dolor y el horror.  Y es aquí donde la Iglesia de Tierra Santa adquiere un mayor compromiso y una fortaleza de tal magnitud que se alza por encima de todo dolor para apoyarse en la oración y buscar la paz.

 

             Es una Iglesia que invita constantemente a:

 

      No solamente ellos, los del Medio Oriente, necesitan oración, es un hambre propia de todos donde la misericordia se debe imponer. Lo que estamos pidiendo en la oración “ La Paz se ve lejana e incluso inalcanzable, por eso, necesitamos pedirla, cultivarla y demostrarla. Es una paz que se debe vivir más que decir: “Salaam” en árabe, “Shalom” en hebreo. Para cristiano es y debe ser misericordia. Asimismo, plenitud, bienestar, bondad, seguridad, integridad y justicia. Porque Jesucristo es nuestra paz. Todos estamos llamados a pedirla en la inspiración del Espíritu Santo quien nos convierte en trabajadores y armadores de la reconciliación del mundo.

 

      Cabe destacar que vivir en la guerra es morir a pedazos, pues el dolor va dejando muchas fisuras y huecos que difícilmente se pueden cubrir. En guerra todos, sin excepción, sufrimos y todos añoramos la llegada de la paz. Hoy en día se hace un llamado a la paz como necesidad para la conversión y la confianza. Una conversión interior que implica perdonar y olvidar. Una confianza en Dios que todo lo puede y que Dios cumple para y por nosotros lo que no podemos realizar nosotros mismos. Es una paz que se suplica en unidad por el bien de todos.

“Señor, sabiendo que la paz que nos das,

 no es la paz de este mundo, te pedimos,

que nos conviertas en artesanos de la paz

 y constructores de un mundo nuevo

donde brille la justicia y la unidad” Amén.