Para crecer juntos...

Nada tengo. Tengo lo que soy

Autor:  Padre Marcelino Rivas Sanchez

Web del Padre

       

Dentro de los fines comerciales o mercantilistas de una sociedad materialista lo importante es tener y producir. El ser, el valor de la persona se detalla en lo cuantitativo, de ese tener en el movimiento del engranaje de la oferta y la demanda. Por tanto, en esa sociedad los enfermos, los viejos, los impedidos son dejado de lado porque no producen y bienes a ser demoras y cargas para engendrar riquezas. 

Jesús irrumpe en una sociedad marcada con acento legalista en el desprecio de las personas con deficiencias. Eran execrados y tenían que formar colonias alejadas sin derechos y sin ninguna clase de atención. La propuesta de Jesús es todo lo contrario y entre muchos puntos puedo decir:

Atendemos preferentemente a las personas que nos resultan humanamente más atractivas y no a las que más necesitan de nosotros (Lucas 14,12) 
Nuestro amor no es paciente ni servicial,; busca su propio interés; se irrita; lleva cuenta del mal; se alegra de la injustita. (1Corintios 13,4-6) 
Limpiamos por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estamos llenos de rapiña e inmundicia. (Mateo 23,25) 
Tocamos la trompeta cuando damos limosna o hacemos alguna obra buena. (Mateo 6,2) 
Sólo damos limosna de lo que nos sobra, y no de lo que necesitamos para vivir. (Lucas 21,4) 
Nos hace más felices recibir que dar. (Hechos 20,35) 
Nos alegramos con los que lloran, y lloramos con los que se alegran. (Romanos 12,15)


Parece extraño, para muchos, este accionar de Jesús y hasta lo confundimos o lo llamamos revolucionario o algo parecido que se mastica pero no se traga. Jesús enfrenta a Galilea, tierra de encuentro de caminos, para hacer un llamado a la misión universal de sus discípulos. Deben ir a todos (Mateo 4,12-17) donde el ejemplo en el buen obrar debe ser lo primero. Es muy propio en Jesús salir al paso de los pobres y delante de la gente les pregunta: ¿Qué quieres? Y ante la respuesta del enfermo, “Señor. Si quieres, puedes limpiarme” (Lucas 5,12-16) Se atreve, incluso, a tocar un leproso y quedar delante de la gente como un impuro (Marcos 1,40-45) Aquí es el amor lo que supera todo dejando a un lado la crítica destructiva frente al obrar de corazón. 

Bien lo repetía a todo pulmón: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Marcos 2,13-17) Era la clara presencia de la fraternidad donde todos tenían su asiento y por eso le restregaban en su cara “Come con pecadores” No era un destructor de la ley, sino un enviado a darle plenitud. Por eso preguntaba: “Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre” (Marcos 3,1-6) Frente al desprecio de los suyos no toma venganza, se limitaba a decir: “No desprecian a un profeta más que en su tierra” (Marcos 6,1-6) 

Su fama se extendió por todas partes. Era un signo de contradicción y se escuchaba decir: “Hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Marcos 7,31-37) y con admiración repetían: “¿Quién es éste? Hasta el viento y las aguas le obedecen” (Marcos 4,35-40) Aunque otros, seguían pidiendo más signos extraordinarios, y no llegaban a ver en Jesús la única señal. (Marcos 8,11-13) 

Los cristianos, los que creemos y queremos vivir en la voluntad de Dios dentro de la Iglesia Católica en acción vida por muy pobres que seamos, siempre, tendremos algo que dar. Ese dar es la alegría de una entrega generosa y más que un recuerdo, un mandato de Jesús: “El que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará” (Marcos 8,34-38) Lo que llamamos perdida en el mundo comercial, en los términos de amor es ganancia. Porque cada uno recibe o cosecha lo que siembra. Para nosotros la mejor cualidad no es el tener, debe ser el servicio. Cada uno está llamado a solidaridad y mucho cuidado con esa mentira mentirosísima, “dame Señor para ayudar” Tengamos en cuenta que “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos” (Marcos 9,30-37) 

La radicalidad del Evangelio es bien seria. Conmigo o contra mí. “Vende todo lo que tienes y sígueme” (Marcos 10,17-27) Es como una disposición primaria y original de todo discípulo, todo cristiano frente al llamado de Dios a su servicio. No es un acomodo mientras que voy de camino. No, es y debe ser una respuesta en el amor y no a la miseria y el abandono fanático y criticable.