Para crecer juntos...

Mas que un consejo. La misa dominical sumo bien

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez

Web del Padre

 

Una zorra a la cual un cepo le había cortado la cola,

estaba tan avergonzada, que consideraba su vida horrorosa y humillante,

por lo cual decidió que la solución sería aconsejar

a las demás hermanas cortarse también la cola,

para así disimular con la igualdad general, su defecto personal.

Reunió entonces a todas sus compañeras,

diciéndoles que la cola no sólo era un feo agregado,

sino además una carga sin razón.

Pero una de ellas tomó la palabra y dijo:

Oye hermana, si no fuera por tu conveniencia de ahora,

¿nos darías en realidad este consejo?

(Esopo, La zorra con el rabo cortado)

 

MÁS QUE UN CONSEJO. LA MISA DOMINICAL SUMO BIEN.

 

            No sé, amigos lectores, si van a misa los domingos, pero he visto con mucho agrado que está creciendo el número de personas que fielmente están compartiendo el secreto del domingo como la alegría comunitaria para celebrar y compartir la Resurrección del Señor Jesús. Digo esto porque es muy fácil aconsejar a los demás, pero se nos hace muy difícil narrar o describir lo que se siente en cada domingo y más difícil regresar a la casa a dar testimonio con la vida en las acciones cotidianas del Señor que vence la muerte por amor y ene se amor nos sigue acompañando y auxiliando.

 

            Hablar del Domingo no es conveniencia o simples ganas de escribir. No, es una manera de dar rienda suelta a la fe que se expresa en el tercer mandamiento “Santificar las fiestas”. Por eso cada domingo es una fiesta donde se nos sirve la oportunidad del perdón, de la Palabra, de unos ritos eucarísticos que más que símbolos son realidades que nos llevan a comer a Dios, comunión, para nuestro mejor caminar.

 

            En cada Domingo y no en cualquier domingo. Y digo no en cualquier domingo porque somos muchos los que afirmamos que “voy a misa cuando me nace” o “cuando tengo ganas”. No es cualquiera, son todos los domingos los que nos presentan a Dios vivo y real con su palabra siempre nueva y su bendición a punto para que la recibamos y la llevemos a la casa. Esa casa que Su santidad Juan Pablo II llama “Iglesia doméstica donde se gesta la vida y la dejamos crecer”. Esa casa que necesita, más que nunca, la presencia de Dios en ese esposo que nos e termina de convencer que la bendición del matrimonio, la confesión y los sacramentos son necesarios para entender la vida y poderla disfrutarla en el calor de una familia que reza unida permanecerá unida. De unos hijos que piensan que todo el tiempo tendrán amanecidas de sábado para domingo y ante la invitación a misa responden: “tengo sueño, luego voy”. De una familia en general que han hecho de Dios y de la misa un cumplimiento para pedir exclusivamente por los muertos y no una oportunidad para encontrase con Dios y recibir la fortaleza.

 

            Todos estamos llamados, y no es simple consejo, a vivir en cada domingo la presencia de Dios y la unidad familiar. En cada domingo se deja  aun lado la rutina y se pone en práctica la bella tradición de darle a Dios lo que es de Dios y al césar lo que es del césar. Domingo incluye esfuerzo, decisión y ganas de hablar con Dios que en la vida nos abraza a su cruz para poder entender la propia y al llevarla comprender que “otros” la tienen más pesada y con mayor sufrimiento. Domingo nos hace referencia al camino del gólgota donde el sacrificio y la lucha batallan para decidir por cual Dios debo tender. Domingo lugar de encuentro donde la comunidad se saluda, se da los mejores deseos para la semana que comienza y coloca en el altar de las ofrendas todo lo bueno para el trabajo y los quehaceres de una familia que espera y goza en el Señor Jesús. Domingo fuerza y comprensión. Fuerza para no torcer el camino, para no equivocar la ruta y aprender que el justo cae siete veces al día en medio de las tentaciones donde Dios no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Comprensión para mirar la vida con los ojos y el corazón de agradecimiento por tanto bien que Dios nos regala ante tanta miseria humana que esclaviza, daña y aprieta por todos lados como león rugiente buscando a quien devorar.

 

            No conozco a nadie que una misa dominical le haya hecho daño. A no ser que algún equivocado de camino le arrebate alguna prenda o le cargue con la batería del carro. Eso es parte de la vida en descomposición por la cual atravesamos y vivimos en aquello que decimos poéticamente “vivir en este valle de lágrimas”. La misa dominical es más que un remedio que cura. Es una prevención contra todos los males especialmente la depresión, la tristeza, el coraje, la rabia, el mal humor… Me parece que debes intentar participar y vivir esta hermosa experiencia y si lo haces con la familia será mejor y de mayores satisfacciones.

 

            Señor Dios, ese viernes de dolor fue preparando el domingo de resurrección, permite que cada uno de nosotros en medio de las luchas cotidianas podamos sentir la gracia de vivir el domingo como una acción de gracias de una plegaria que se hace culto y vida para el bien propio y el de la familia. Amén.

Cuídate de los que dan consejo en busca de su propio beneficio, y no por hacer realmente un bien.