Para crecer juntos...

La verdad y solamente de verdad

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez

Web del Padre

 

 “Estaba una zorra con mucha hambre,

y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas,

quiso atraparlos con su boca.

Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:

Ni me agradan, están tan verdes”

(Esopo, La zorra y los racimos de uvas)

 

            Hay necesidad de formar la conciencia la cual es sujeta a muchos ataques que la quieran cambiar y hasta extirparla. Necesitamos, entonces, hombres de conciencia que dentro de un orden moral donde la ley divina tiene su verdadero campo para producir y hacer nacer la verdad.

 

            Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad de la mentira o por lo menos del silencio cómplice donde por ignorancia, conveniencia o por simple silencio se hace sordo, ciego para no aceptar la verdad y producir la mentira como medio normal de vida y de acción. Estamos hablando de la mentira como vehículo para destruir la verdad. ¿Cuántas veces nos hemos sentido tristes o desilusionados por la mentira? Experiencia muy mala, pues produce vergüenza, desconfianza.

 

            Es la sinceridad el valor que necesitamos para poder vivir en armonía y poder ser dignos de confianza. Es un valor que caracteriza a las personas que en equilibrio emocional, afectivo e intelectual se mantiene en todo momento y lo centra en la veracidad de palabras y acciones. Esta sinceridad necesita decir y vivir la verdad. Una verdad que no conoce la vacilación, mucho menos intentar decir “simplemente” ahí vamos, tengan paciencia, poco a poco… obviamente es una forma de mentir, pues al decirle a alguien crea en Dios y le veamos con hambre y no hacemos nada es una gran mentira.

 

            Son muchas nuestras actitudes mentirosas o por lo menos contra la verdad. “Hoy no, mañana si”;  “venga luego, a hora no puedo”; “que lástima, si pudiera te ayudaría”… Hay, pues, actitudes que matan y nos hacen ver lo que no somos y mostramos una conducta ficticia. Es como una forma natural de actuar y de movernos a tal punto que podíamos aplicar el siguiente refrán: “Dime de que presumes y te diré de que careces”. Es una gran desilusión descubrir, después de largo tiempo, al amigo, al familiar, al compañero de trabajo como era en la realidad. “No era como yo pensaba” frase muy escuchada por mucha gente que se siente desilusionada que aprende en esos golpes de la vida. “Caramba, eso si es triste, no era como nos hacía ver”.

 

            Hay que aprender a decir la verdad y esa verdad viene como elemento importante de la sinceridad para poder actuar conforme a la verdad. Porque no basta con decirla hay que vivirla. Hoy se hace necesario que vivamos y nos mostremos como somos en la realidad. Que haya congruencia entre lo que decimos, hacemos y pensamos. Esto será posible al acepta nuestras restricciones y nuestras cualidades. Claro, no puedo negar, que muchas de nuestras mentiras son producto de una práctica muy natural entre nosotros donde se miente por descuido o sencillamente para disculpar al otro o no entrar en problemas como es el caso de la madre que esconde, tapa al esposo la travesura del hijo.

 

            La mentira se impone cuando empezamos a vagar o reiteradamente vamos repitiendo mentiras para que más adelante se hagan  “verdades”. La mentira se impone porque nos convertimos en aduladores y es por eso que decimos piropos, frases halagadoras sin reparar en el mal que hacemos al cargarlas de mentiras. Una cosa es la necesidad que la gente tiene de un buen apretón de manos, una palabra de aliento, pero no de una frase reconstruida y que carga la burlona negación de la verdad. Aquí me refiero que la sinceridad requiere de valor, sería una farsa ocultar la verdad para conservar esa amistad. Frente a la verdad se impone la sinceridad “duélale a quien le duela”. Una persona sincera vale mucho más que una que oculta por conveniencia o guarda silencio por complicidad. La sinceridad, pues, nos permite una buena amistad. Nos hace ser honestaos con nosotros mismos y frente a la realidad. Además, nos ayuda a enfrentarnos decididamente a las situaciones para cambiarlas y vencerlas.

 

            Cabe aquí recordar el octavo mandamiento “No dirás falso testimonio ni mentiras”. Este mandamiento invita a no mentir, ni enumerar los defectos del otro, ni calumniarlo, ni pensar mal de él sin fundamento. Ser prudentes porque si a cada uno no le gusta que lo esculquen o le saquen los trapos al sol, para que hacerlo. Cuando hablamos de decir la verdad y solamente la verdad estamos tomando conciencia del valor de una verdad que es necesaria para comunicarnos, para entablar buenas relaciones y poder conducirnos rectamente en la sociedad.

 

 

 

“Es muy difícil juzgar con justicia a los demás.

Las apariencias, a veces, engañan.

La verdad queda oculta en el corazón.

Y sólo Dios conoce el corazón de los hombres”

Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.