Para crecer juntos...

La apariencia daña y propicia la mentira 

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

 “Discutían un día la zorra y el cocodrilo

sobre la nobleza de sus antepasados.

Por largo rato habló el cocodrilo acerca de la alcurnia de sus ancestros,

y terminó por decir que sus padres

habían llegado a ser los guardianes del gimnasio.

No es necesario que me lo digas,

replicó la zorra;

las cualidades de tu piel demuestran  muy bien

que desde hace muchos años

te dedicas a los ejercicios de gimnasia”

(Esopo, la zorra y el cocodrilo)

 

            Vivir a expensas de la apariencia es una práctica muy común entre muchos de nosotros. Es decir, somos muchos los que vivimos de la apariencia en el mirar, los oídos de los demás para satisfacer un complejo que se convierte en monstruo de grandes dimensiones. Esta forma de vivida es muy peligrosa y coexiste tan unida que ni siquiera nos damos cuenta o por lo menos, la llevamos sin ningún inconveniente. Incluso, produce mucha violencia en nuestras respuestas y acciones.

 

            La apariencia viene a ser el resultado de nuestra propia mentira para hacerle creer a los demás que somos así, que así vivimos y que nos encontramos muy bien a pesar de que otras sean las miradas reales que tengan de cada uno. Es aquí donde está el peligro para hacer creer a los demás que lo valioso de cada uno hay que darlo a conocer en ese afán propagandístico que es propio de los necios, muy bien entrenados para un ambiente consumista y materialista donde todo se compra y todo se vende. Resulta que aquí no importa la autenticidad, lo que interesa es la apariencia donde no se lamenta la estúpida práctica de la mentirosa alabanza. Recuerdo aquel refrán muy bien dado para este momento: “El árbol que sobresale muy pronto con sus ramas, suele ser el que primero cae por falta de raíces

 

         Una sociedad así conformada es una plaga de orgullo que al igual que el agua hunde al fondo el oro y saca a flote el leño seco, que no es otra cosa que la apariencia engañadora que en el tiempo se demuestra o mejor dicho se impone. Es una sociedad enferma porque no acepta corrección y se hincha con lo grotesco de la alabanza del adulador profesional que desea ganar milagros con escapulario ajeno y lleno de veneno porque si miente una vez, miente siempre.

 

            Es muy común escuchar dentro de la apariencia mundana y enfermiza oír por ejemplo, “que la apariencia es necesaria y cuenta a la hora de la hora”. Estamos hablando de la falsa concepción de una buena imagen para abrir las puertas del éxito tan mal encausado en nuestros días. Son millones y millones las personas que dirigimos nuestras miradas sobre el peinado, la apariencia de las personas y desde ahí sacamos conclusiones muchas veces definitorias. Es cierto que lo exterior no es tan importante, pero para una persona que juzga por apariencia y vive de ella lo exterior es el centro. La apariencia cuenta, especialmente en el mundo de los negocios y es real porque en ese mundo cuenta el valor económico y nada más.

 

            Ser copia debe ser desagradable cuando nos encontremos frente a frente con la verdad de nuestras vidas. Todos, pero todos, somos originales en medio de esas grandes cualidades que nos hacen ser diferentes y auténticos. Esta verdad nos hace perseguir la superación y dejar a un lado lo que no somos, es decir, evitar la apariencia o la copia de acciones de otras personas. Creo profundamente en la emulación y pienso que es necesario para seguir el camino, pero critico fuertemente la apariencia para hacer pensar lo diferente a la realidad.

 

            Hay una fuerte práctica de un lamento muy constante entre nosotros: “si hubiera nacido en una familia rica; si hubiera tenido la posibilidad de una diferente educación;  si se me hubiera presentado aquella oportunidad…” Cuestión que es una pérdida de tiempo que nos hace sacar canas verdes. La opinión de los demás es importante, pero no lo es todo porque hay convicciones propias para entender lo que queremos ser dentro del plan de metas que sean alcanzables.

 

            Para ser auténtico y no caer en la apariencia en la copia de partes de otros, se hace necesario tener una sana personalidad que esté clara en el tiempo para saber beber de la experiencia ajena y darle vida propia. Por lo tanto evitar la mentira, ser el mismo de siempre e independiente de las circunstancias. Luchar contra la vanidad para vivir de acuerdo a nuestras posibilidades. Prepararnos para superar la pereza, modorra y aprender habilidades. Andar en la verdad para cumplir las promesas que son obligantes dentro de la familia y el trabajo. Aquí es muy importante el respeto a los demás en el conjunto de leyes, que no es otra cosa, que las costumbres en lo propio y auténtico.

 

Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira.