Para crecer juntos...

Justicia, justicia

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

Frente a tantas desgracias y pobrezas se oye un grito ¡Justicia, justicia! Porque África muere a los pies de Europa, Latinoamérica a los pies de América del norte y los mundos muy pobres a los pies de otro mundo que lo esclaviza y lo aprovecha. Estamos frente a la guerra de caza y cazado. Presa y depredador. Cuando de forma sencilla leemos en Lucas 16,19-31 la historia del rico Epulón (banqueteador)  y Lázaro (Dios auxilia) descubrimos los dos abismos y de ahí resulta las ganas de gritar ¡justicia, justicia!

 

            Bendito será todo aquel que confía en el Señor, pues será como el árbol plantado en cerca del agua (Jeremías 17,5-10) Esta confianza es la respuesta frente a los dramas de la vida donde hay más Lázaros que Epulones. Pareciera toda una contradicción. Pero cuando lo leemos al revés descubrimos que Dios nos ha puesto ahí, precisamente, para que en su nombre actuemos y llevemos como garantía de salvación nuestra fe y amor en las obras y no simples razones.

 

            No hay que olvidar que el Reino de Dios está abierto a todos. Este abrirse a todos le trajo a Jesús profundos problemas. Aquella mujer que le pide ayuda y no es judía, no pertenece al pueblo de Israel, pero con profunda fe puede decir: ciertamente es malo tirarle el pan a los perros, pero los perritos comen de lo que cae de las mesas de sus señores. Es el Reino para todos, pero ojo, para los que viven auténticamente la justicia. Ser católico y vivir dañando y condenando no es ser ni la “C” es querer apropiarse de algo que no se vive y no se practica. Esto viene a colación con Mateo 21,33 “se les quitará a ustedes el Reino de los Cielos y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”

 

            No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el Reino de los cielos, sino aquel que cumple mi voluntad. Expresión bien acuñada para este tema y donde los términos de salvación no son propiedades privadas de nadie y de ningún grupo en especial, a no ser que el amor y la justicia estén presentes. Por lo general nos agrada medir a los demás con una medida muy estrecha, y somos muy poco transigentes y comprensivos en nuestros juicios (Lucas 14.12) Por lo tanto miramos a los otros desde nuestra óptica, por eso nuestra mirada se convierte en desgracia y nos produce mucha perturbación cuando nos fijamos en la gente que nos rodea, olvidando que te toca a mí, en particular, y no al otro hacer y vivir en la justicia.

 

            Vivir en la injusticia es practicar una religión de mentiras y falsedades. Los principales injustos son los que cuelan el mosquito y se tragan el camello con todo y pelos (Mateo 23,24) o vemos y buscamos la paja en el ojo ajeno sin mirar la viga en el propio (Mateo 7,3) Pues, para muchos la justicia es la venida de Dios y arrase con todo lo malo y al no verlo entonces se apartan de Él y lo empujan fuera para despeñarlo (Lucas 4,24-30) La justicia que quiere Dios es la de la misericordia y para todos. Jamás para un grupo en especial. Debemos cambiar nuestra mentalidad cerrada y bloqueada para vivir como Dios manda y quiere conforme a la verdad y la justicia.

 

            Hoy, a pesar de las contradicciones entre fe y vida, debemos tomar iniciativas a favor de la justicia. Nuestra respuesta no puede quedarse en un decir ¡A mí no me importa! ¡Ese no es mi problema! Todo lo contrario, nuestra alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo entraremos a ver el rostro de Dios? (salmo 41) Dios siempre ha cumplido y sus promesas son respondidas a tiempo en el tiempo. Bien lo diría con mucha fe y seguridad la virgen María: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10,4-10) y en Lucas 1,26-38 se confirma esta realidad presencial de Dios en María “Hágase en mí según tu palabra”

 

            Lo que sucede es que nadie presta atención al movimiento de Dios. Nadie se da por enterado de las visitas que Dios hace a nosotros. Por eso seguimos llamando a Dios y le gritamos su presencia pero amanece y maldecimos porque tenemos más sueño; o vemos salir el sol y cerramos los ojos porque nos encandila o al observar la mariposa de mil colores que se posa en nuestro hombre y la matamos porque nos puede picar. “bendito sea Dios” Somos la contradicción de una justicia vestida de injusticia practicada y amada, pero muy reclamada cuando somos nosotros los afectados.  

 

Una vez leí: ¡Dios no es justo!

                        Hace salir el sol sobre buenos y malos.

                        Hace entrar en el cielo, en primer lugar,

                        a prostitutas y ladrones.

                        ¡Dios no es justo!

                        Perdona mis infidelidades

                        y se acuerda sólo del amor.

¡Dios no es justo!

Según nuestros criterios

y nuestras maneras de hacer.

¡Dios no es justo…

Afortunadamente.