Para crecer juntos...

Estrategias para Cuaresma

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

Hemos oído hablar demasiado y hasta suficiente de la Cuaresma , pero en la experiencia no sabemos qué atender o qué seguir. Veamos algunas indicaciones importantes para meditarlas y ponerlas en práctica:

 

  1. Conversión real: conversión es arrepentirse de la situación mala por la cual estamos pasando. Reconocer que estamos lejanos de la casa del Padre, como el caso del Hijo Pródigo en Lucas 15, 11-32. No todos tenemos la dicha de apartarnos del pecado como a aquel joven rico que le dice que se aparte de las riquezas, o a Saqueo para que cambie       de trabajo y comparta con los semejantes. Estamos como acostumbrados  a reconocer. Por ejemplo, alguien deja la bebida y el tiempo que le dedicaba, a eso que creía que era bueno, no lo llena con nada y entonces viene la recaída que es peor. Todo porque al quedarse vacío sobreviene la crisis. Entonces, se peca porque amamos al pecado, si no fuera así no pecaríamos. Es necesario apartarse y se logrará cuando regresemos a la casa del Padre con la confianza del hijo pródigo. No es la fiesta o la comida que se hartan los cochinos, sino la figura del Padre que no lo rechaza, sino que lo recibe con amor. Esa conversión real nos hace volver a la gracia de Dios donde el cambio se experimenta. Veamos a la Samaritana con los siete ídolos, se queda con Dios o en Saqueo que acepta la visita de Jesús y con ella el cambio total e inmediato.
  2. Aceptar a Jesús: para nadie un secreto que estamos fabricando la religión sin esfuerzo, sin desgaste de calorías. Jesús, en cambio, se da a fondo y centra su vida en la obediencia y la instauración del Reino de Dios. En Jonás 3,1-10 observamos a un pueblo arrepentido que obtiene el perdón porque oye a los profetas y meten en su vida la conversión. Frente al pecado Dios actúa para perdonar y animar. Salmo 50 “Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias Señor” Si pedimos una señal, solamente se nos dará la señal de Jonás, quien predica en tierra extranjera y es aceptado. Jesús debe ser aceptado y seguido por todos. El mensaje de salvación es para todos y en Jesús encuentra su mejor exponente. Jesús hace visible al Dios invisible. El pecado no es sólo hacer el mal, sino dejar de hacer el bien. Jesús es el bien que nos marca el camino para llegar a Dios. No conocerlo es negarnos el mapa por donde debemos caminar para llegar al lugar de la salvación.
  3. A Dios rogando y con el mazo dando: recordemos a la reina Esther quien se encontraba deprimida y agobiada y como acude con  esperanza para que Dios la ayude (14,1-3). No podemos separar la oración de la vida, y lo digo, porque es muy fácil, por este tiempo, alargar, facilitar e incluso hacer talleres de oración y métodos. Pero si dejamos a un lado la vivencia real de la vida y propiamente, la de la familia, estaremos cayendo en una trampa. DE nada servirá una oración si no tiene repunte para la vida. La oración nos debe llevar a Dios con confianza y a la gente con mayor amor. Es lo que dice San Mateo 7,7-12 “quien pide recibe, quien busca encuentra y quien toca se le abre” Es una oración destinada y dirigida para hacer positivamente.
  4. Perdonando al hermano: es al prójimo no al próximo. No es al que yo decida, sino que es un perdón y punto. Incluso olvidando. Aquí se deja a un lado aquello de ojo por ojo, diente por diente. Y no ponemos la otra mejilla cuando nos golpean (Mateo 5,39) Lo esencial de nuestra vida es el trato armonioso con los demás. Hay que sanar viejas heridas y de inmediato. “Vete a reconciliarte con tu hermano” (Mateo 5,20-26) Si hablamos de culto a Dios tendremos que ser sinceros frente al hermano y si con él no podemos vivir, menos con la presencia de Dios. Qué haríamos si Dios llevará cuenta de nuestros delitos (Salmo 129) ¿Quién podrá resistir? La verdadera misericordia tiene tres caminos: el dolor, el perdón y la generosidad.
  5. Buscar la perfección: la piedad cristiana mediante prácticas devocionales y actos como largas privaciones y ayunos nos señalan una vía en ofrecimiento a Dios por el perdón y las ganas de ser mejores. Esos actos ayudan, pero no agotan la búsqueda de la perfección que Dios quiere de cada uno de nosotros. En el libro del Deuteronomio 26,16-19 el Señor nos invita a un compromiso para que seamos su pueblo en verdad y guardemos sus mandamientos y en Mateo 5,43-48 se nos hace un llamado a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. El cristiano tiene que tender a la santidad, es decir, a la perfección en sus actos y en toda su vida. Es, por lo tanto, el amor, la condición indispensable para alcanzar esta perfección. No queremos tiendas aparte, necesitamos saber escuchar a Dios como aquella voz que gritó: “Este es mi hijo elegido escúchenlo” (Lucas 9,35) Se hace necesario volver a leer el salmo 115 “Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida”
  6. Muy fácil enseñar. Practicar lo difícil: a todos se nos dicen que hay que obrar bien y que lo contrario es estar a favor del mal, por lo tanto, fuera de la salvación. Ante las prácticas cuaresmales habrá que detenerse y reflexionar. No nos podemos quedar en fórmulas de ceniza y actos piadosos donde los cantos cambien de ritmo pero no la vida. Es el ejemplo que arrastra y mueve a las personas. Recordemos que Cristo criticó muy fuerte a los de su tiempo “Ellos no hacen lo que dicen” (Mateo 23,1-12) Aquí lo que importa y sale al traste es el obrar bien donde la justicia es lo primero. No son las oraciones dichas con palabrotas, ni la limosna precedida de fanfarrias, ni mucho menos los sacrificios artificialmente impuestos para producir lástima. Aquí es la verdad de lo que el salmo 49 nos refiere: “Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios”