Para crecer juntos...

En busca de la verdadera esperanza

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

La zorra y el cuervo hambriento.

“Un flaco y  hambriento cuervo se posó en una higuera,

y viendo que los higos aún estaban verdes,

se quedó en el sitio a esperar a que maduraran.

Vio una zorra al hambriento cuervo eternizado en la higuera,

y le preguntó qué hacía. Una vez que lo supo, le dijo:

Haces muy mal perdiendo el tiempo confiado a una lejana esperanza;

la esperanza se llena de bellas ilusiones, mas no de comida”

(Fábulas de Esopo)

 

            Todos hemos sentido hambre y hasta la sentencia bíblica afirma “No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Hay hambre y bastante en el mundo entero. Ayer se me acercó un señor, en capacidad de trabajar, y me pidió que lo dejara contar las ramas de los árboles y que yo le diera el plato de comida. Esto me habla de hambre y un hambre que a la final se puede solucionar. Una mano lava la otra y las dos manos el cuerpo entero. Hoy nos toca dialogar de esa hambre que siempre existirá la esperanza en la verdad”

 

            Que grave problema el del hambre de la verdad. Es un grave y crecido problema que se nos está metiendo hasta por los poros. Todos, pero todos somos encantados, como a serpientes por el toque de la flauta, por la escurridiza mentira que nos hace soñar y crear falsos anhelos. Somos muchos los que hemos caído en sus garras y por estar a la espera de ella nos hemos quedado varados a la orilla del camino. Caso concreto la del cuervo con hambre. Hambre de verdad pues, me imagino, que estaría cuidando su futuro alimento.

 

            Hoy en día las grandes cadenas de la distribución y venta de alimentos nos presentan ese engaño y nosotros caemos en su trampa. Ellos nos presentan miles y miles de artículos, claro innecesarios, tan bien presentados que los hacemos muy necesarios, indispensables. Por ejemplo, lleve dos y pague tres. Hundidos en su mentira no somos capaces de notar que el artículo no tiene la cantidad ni la calidad debida. Aquí se cumple aquello: “Lo barato sale caro” Y lo que es infame que seguimos cayendo, pues a cada instante nos siguen vendiendo lo que no tiene control de calidad para hacerlo parte de la vida.

 

            Me he dado cuenta como nosotros inventamos necesidades a tal punto que papá habla como los informadores matutinos “no aceptan interrupciones”; mamá habla como las comedias “llora que al final hay un despedida linda”; mis hermanos en la adolescencia se visten como los hit musicales “aunque se tenga que romper la ropa para aparentar la moda” y los más pequeños en una constante simulación a las comiquitas “donde para lograr vencer se vale de todo”.

 

            Esto nos habla de una falsa esperanza, de una mentirosa expectativa donde cada uno de nosotros está envuelto y no puede escaparse. Telarañas de mentiras arropan a la humanidad que se ha acostumbrado a vivir así para afirmar “Genio y figura hasta la sepultura”. Ese falso concepto me hace recordar a aquel niño que iba con sus padres de paseo y fueron detenidos por unos falsos policías quienes los asaltaron. El niño al ver que los ladrones le quitaban las pertenencias empezó a gritar ¡Superman ayúdanos! Esta es una demostración de una falsa esperanza que en ese niño se había sembrado en el poder de la imagen que enseña más que cien palabras.

 

            Todos estamos necesitados y esto es inexcusable, pues somos débiles y en medio de las vicisitudes de la vida somos los más limitados. Basta con mirar a una cría de jirafa. Llegado el tiempo del nacimiento es lanzada de casi un metro de altura y en cuestión de minutos aprende a caminar y busca con afán la leche de la madre para alimentarse. Nosotros somos dependientes cien por ciento, de ahí el peligro de la corrupción con los aparentes aguardos.

 

            Nos venden cualquier cosa y nosotros la compramos como una gran cosa. ¿Y sabes por qué? Porque tenemos una falsa esperanza y está centrada en un materialismo exagerado y metido entre los tuétanos que nos hace ver tan natural lo que hacemos. Muchos nos medimos por el tipo de carro. Otros, por el peinado y el tinte que se usa.  Terceros se miden por la moda y tratan de imitar una trasculturización que raya en lo ridículo y hace caer y arrastrar por el suelo lo propio y original de la herencia cultural.

 

            Por lo tanto habrá que despertar y buscar la verdadera esperanza. Que no es otra cosa que eliminar de nuestra mente y vida esa concepción absurda de las ilusiones inventadas por otros, para “ganar en río revuelto, que es ganancia de pescadores”.  Postura que tiende a dejarnos en “estocada”, es decir, clavados, inmovilizados y hasta mecanizados de tal forma que somos incapaces de sacudirnos. Bien lo diría en esa canción romántica Rocío Durcal “más la costumbre que el amor”. Sí, una costumbre repetitiva y hasta serena donde lo material es el distintivo y no la persona.

            Necesitamos centrarnos en lo que es importante. La familia centro y fundadora de la sociedad. El Matrimonio unión de amor para el valor de los hijos. El Trabajo esfuerzo y respuesta a Dios en la dignidad de cada persona. La Amistad caridad y enlace para aprender a vivir como hermanos. Solidaridad donde el otro es importante y todos formamos una familia… Eso y mucho más son y serán las realidades esperanzadoras que no permitirán que nos quedemos mirando al árbol madurar mientras el hambre propia y la ajena se mueren por falta de ideas y bondades.

Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá pensar satisfacerla con cosas inalcanzables.