Para el dolor

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

”Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio desolado

que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.

Mi padre dijo: "Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto.

Había perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida.

Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco".

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: "Nunca olvides esta importante lección.

Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá". "La vida es demasiado corta para dar satisfacción al rencor".

(INVIERNO) 

 

            Todos estamos sometidos por la pruebas, por el dolor que taladra y arruga la vida, y aún así, son muchos los que en medio de ese sufrir sienten la presencia del Señor. Ellos, los que saben sufrir ven la mano de Dios, pero no una mano agujereada o taladrada por el clavo del gólgota, sino una mano que invita a la seguridad y al sostén de cada día. Esas personas están por todas partes y si no las vemos es porque estamos enfrascados en nuestro simple dolor que comparado con otros dolores no pasa de molestia o simple sarpullido.

 

            Esa realidad es vivida a diario por muchos y nos salta a los ojos como reclamo, sincero, de nuestra cobardía y lloriqueo frente a pequeños problemas. Nos ahogamos en un vaso de agua mientras que otros están nadando en océanos de dolor e incomprensión. Recordemos que el mismo Jesús vivió terribles padecimientos. La misma Virgen María, desde un principio, estuvo rodeada de tribulaciones y sufrimientos. Nosotros, por ningún motivo, dejaremos de estar rodeados también de padecimientos los cuales habrá que enfrentar con decisión y fortaleza. Por eso hay que prepararse para llevar la cruz.

 

            Mañana, pasado, luego el dolor te visitará y debemos entender que no podemos huir, menos asustarnos donde la tentación de la desesperación entra a enredar su mejor jugada. No importa lo que venga a tu vida y cuando llegue, que de seguro llegará, mírala con ojos de realidad la cual trae dolor y descubre allí  a Jesús. No hay porque desesperarse. Permitirle entrar es saber que somos humanos y que el sufrimiento es parte de esa vida. Aquí lo importante es no pensar que esa congoja es causa de que Dios ya no nos quiere y nos ha abandonado. Parémosle y pensemos: aquí debemos echar el resto y con perseverancia en la fe aceptar la prueba para que cuando pase haber comprendido y entendido que Dios sufría a nuestro lado.

 

            Son muchos los que el dolor no los ha soltado y los tiene azotados por todas partes. Ellos pueden estar viviendo en una amargura terrible producto del abandono humano, de la mano familiar o amiga solidaria que se ha cerrado o de la indiferencia de quienes pueden calmar su dolor y no les da la gana.

 

            Aquí nos preguntamos: ¿Vale la pena tanto sufrir para mañana morir? ¿Es que acaso he venido al mundo a sufrir y sufrir? Las respuestas pueden ser muchas pero me centro en la siguiente: El Señor ha dicho que vengan a él los que están cansados y agobiados que él los aliviará. Esta es una máxima que Dios cumple y no olvida. La cumple en su propio cuerpo porque él también sufrió. Y no olvida porque nos enseña a soportarla con paciencia y nos brinda la oportunidad de sanar cuando nadie lo espera. Además, Dios nos dará la fuerza para que mi dolor sirva de aliento en la conversión de mis familiares y amigos.

 

            El dolor ha acompañado siempre a la humanidad. Un malestar que en nuestros días se acentúa con mayor fuerza. Pareciera que la humanidad fuera explotar a causa del intenso padecimiento: niños muriendo de hambre, carros bombas explotando y arrasando, enfermedades extrañas engullendo la vida en sus comienzos, hombres jugando  a la guerra… Existe todo un escenario donde la vida no vale nada y vivir es tan igual que morir. Pueblos enteros tragando la amargura de ver a viejos enterrando a jóvenes y jóvenes matando a viejos por una miseria de dinero…

 

            Por todos los que sufren debemos recordar siempre aquello del invierno: “Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá". "La vida es demasiado corta para dar satisfacción al rencor". Por eso no puedo decir adiós, sin antes decirle al  Señor:

 

Aunque hoy tenga dolor, se que tú me sanarás.

Aunque todo se vea cuesta arriba, tu mano me impulsa.

Aunque mis proyectos se derrumben, tu edificarás de nuevo mi vida .

Aunque haya fracasado, me muestras que eso solamente me hace ser mejor.

Aunque no sienta deseos de agradecerte lo hago, pues no importa el lugar o  la situación, el dolor o la contrariedad. Si en tí confío todo será mejor,  y cada día será bello pues estaré en Tu voluntad.

Por eso, aunque muchos no lo entiendan y aunque a veces no lo quiera hoy te doy gracias Señor por todo lo que me has dado, bendición o prueba, alegría o tristeza, salud o enfermedad. 

Gracias Señor y en tus manos me encomiendo ahora y en todo momento.