Dios y el Padre Marcelo en su cocina

Domingo de Ramos, Ciclo C

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

Donde comer y compartir es una bendición.

Domingo 04 de abril 2004

Hoy la Iglesia celebra: Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén.

Domingo de Ramos.

Evangelio según San Lucas 19,28-40
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba camino de Jerusalén.

Al llegar cerca de Betfagé y de Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: «Vayan al poblado de enfrente. 

Al entrar, encontrarán atado un burrito, sobre el que nadie ha montado aún; desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta por qué lo desatan, le dirán que el Señor lo necesita».

Fueron los enviados y lo encontraron como Jesús les había dicho. Cuando estaban desatando el burrito, sus dueños les preguntaron: 

«¿Por qué lo desatan?» 

Ellos contestaron: 

«El Señor lo necesita». 

Ellos se lo llevaron a Jesús. Pusieron sus mantos sobre el burrito y ayudaron a Jesús para que se montara en él. Según iba avanzando, extendían sus mantos en el camino. Cuando ya se iba acercando a la bajada del monte de los Olivos, los discípulos de Jesús, que eran eran muchos, llenos de alegría, gritaban alabanzas a Dios por todos los milagros que habían visto. 

Decían: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!» 

Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». 
Pero Jesús respondió: 

«Les aseguro que si éstos callaran, empezarían a gritar las piedras».

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Palabra del Señor


Reflexión: 

Se unen en este día la risa y la lágrima, el triunfo y el dolor. Entra en Jerusalén con una lluvia de aplausos por parte de gente agradecida y discípulos que habían visto sus milagros, pero a medida que avancen los acontecimientos muchos callarán y otros dirán crucifícale. Es un ambiente “raro” pero profundamente real. Quien ha vivido en la verdad en un ambiente de mentiras no cabe y por tanto debe morir. Por eso esta entrada y este comienzo de la pasión de Cristo nos piden una decisión: entender que todo dolor no es la sensación de final, tortura o desprecio en el olvido de Dios. Veamos objetivamente, que Jesús se libró de todo triunfo en el plano del poder y frente al dolor lo aceptó con providencia porque entiende que ha venido a servir y ese servicio pasa por el sacrificio. Es, por tanto, muy importante, no solamente ayudar a llevar la cruz a Cristo, sino aprender a llevarla con dignidad de cristiano de saber que hay otros que llevan otras más pesadas y de mayor dolor. La consigna es morir al pecado porque tapa la belleza de un sacrificio donde el amor se hace presente en su mejor esplendor.

Anécdota: 
Se encontraron dos señoras. Una venía del mercado (María) y la otra salía del barrio (Juana). María le dijo: ¿Para dónde vas Juana? Juana, que había perdido a su hijo en una balacera de pandillas, le respondió: Voy para la Iglesia. 

Juana con mucha seguridad le replica: ¿Vas a anotar la misa por tu hijo difunto? María, levantado y abriendo los ojos, le respondió. No, voy a anotar a mi hijo para la misa, voy ha buscar fuerza en el crucifijo.

¿En el crucifijo? Casi gritando afirmó María y agregó: Vecina usted si tiene fe. De esa cruz lo que muestra es muerte y no vida. 

Juana, sacando fuerzas y tranquilidad, replicó: Mire, María, no hay mayor enseñanza para mí, en este momento, que quedarme frente al crucifijo de la Iglesia, pues allí veo a un Jesús inocente pagando la cuenta y también veo a mi hijo que, un poco travieso, probó parte de esa cruz que a todos nos va ir tocando para purificar nuestros pecados.

Juana, se pasó la mano por la cabeza, y en silencio siguió su camino.

Consejo: 

No nos quejemos tanto de la cruz que nos ha tocado. Porque hay otros que tienen mayores cruces y no tienen las posibilidades espirituales, ni materiales para llevarla. Por eso acéptala, cárgala y levanta la cabeza, con sentido cristiano, para que nazca la obra del Cirineo que ayudó a Cristo.

CHISTE: 

Nuestra cruz de todos los días. Esa cruz que nos hace levantarnos, iniciar el día y sin ella no tendríamos fuerzas para proseguir. El que la vea como un chiste tendrá el humor de la gracia de reír para salir adelante.



ENSALADA DE DOMINGO

Dos lechugas repolladas y dos lechugas criollas. Se deshojan y se meten en agua con un poquito de vinagre. Aparte en un recipiente se agrega dos huevos y se mueve vigorosamente con un tenedor y lentamente se le agrega aceite de oliva. Al crearse la emulsión se exprime un limón, un punto de vinagre, sal y pimienta. Más o menos se hace una mezcla y allí se agregan las lechugas recortadas con la mano y un puñado de galletas de soda. Se mueve delicadamente y se sirve en platos pequeños.


“Ninguna cruz, ni la de Cristo, tendría valor,  si quien la sume no la convierte en redención y perdón. Redención para salvar a todos y perdón a todos hasta olvidar”

Padre Marcelo