Dios y el Padre Marcelo en su cocina

Domingo III de Pascua, Ciclo C

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 


Donde comer y compartir es una bendición.

Domingo 25 de abril 2004

Evangelista san Marcos, Beato Pedro Betancour 

y beata Anastasia Guadalupe

Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-19
Gloria a ti, Señor.

Después de esto, Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. 

Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".

El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. 

El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón

Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. 

Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. 

Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. 

Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". 

Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. 

Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor. 

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. 

Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo:

"Apacienta mis corderos". 

Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".

Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. 

Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". 

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. 

Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión: 

Jesús le pregunta a Pedro “Si lo amaba” Una pregunta que se hace desde la óptica de la Resurrección. Debemos recordar que la cruz había dejado muy impactados a los discípulos y se habían escondido por miedo a las persecuciones de los romanos. Estaban encerrados y les aterrorizaba esa clase de muerte. La pregunta no es de un amor de cupido, sino un amor para dar testimonio, incluso con la vida. Por eso la pregunta se hace en tres oportunidades. Este domingo debemos, nosotros, también responder a Jesús. Nuestra respuesta será a nivel Familiar: Padres, hermanos… A nivel de amistades, de compañeros de trabajo y de forma especial teniendo como base el amor en el trato cotidiano. Es de todos los días. De ahí la figura de partir el pan para indicar que hay que darse y darse de verdad.



Anécdota: 
Las Espigas 

Enviado al campo para ver si estaba ya a punto para ser segado, el muchacho volvió a su padre y le dijo: 

- Me parece que la cosecha será muy pobre, padre mío. 

- ¿Por qué? - le preguntó éste. 

- Porque he notado que la mayor parte de las espigas están dobladas hacia abajo, como desmayadas, seguramente que no valen nada.

- ¡Qué ignorante eres, mi hijo pequeño!- le dijo su padre. - Has de saber que las espigas que viste dobladas, lo están por el peso del grano, en tanto que las que están levantadas, rectas hacia el cielo, pueden hacerlo porque están medio vacías.

Así en la vida de los hombres. Cuando alguno levanta la frente orgullosamente, es porque en su interior tienen bien poco peso de juicio. 

El hombre sabio, cuanto más sabe, más siente la humillación de lo que le falta saber. 

El hombre de veras noble de corazón, no puede enorgullecerse de ello, porque conoce cuánto más noble debería ser. 

Autor Desconocido

Consejo: 

Los padres de familia no deben dejar de aprovechar el momento d el almuerzo. Una comida sin televisores, sin computadoras y sin ninguna distracción que la voz que enseña y conversa de los padres. Esta costumbre se viene perdiendo por lo apurado y ocupados que decimos estar. Es el momento de retomarla y hacerla sentir entre los hijos. Partir así el pan tiene sentido muy cristiano y de mucha ayuda para ir depurando algunos enojos y problemas familiares.

CHISTE: 

Terminó la misa y los monaguillos siempre se quedaban a esperar el regalo del padre. Claro, era monetario. Pasados algunos minutos la mamá de uno de ellos, le dice: Apúrate fulano. Este le grita: Ya va mamá, ¡No han pagado! Aguanta, aguanta.



Arroz Bendito (Claro con agua bendita)

Ponga la pailita a calentar. Allí agregue aceite. Cuando esté bien caliente agregue pimentón y ajo bien picadito. De inmediato el pollo (pechuga) en pedazos no muy grandes y deje todo que se sofría. Cuando tenga un color dorado agregue el arroz y deje que también tome color. Recuerde que por dos tazas de arroz serán cuatro de agua. Pero como yo quiero que tenga sabor y color al Apio España, entonces. Una taza de agua la debo licuar con suficiente apio España. Regresando. Al estar todo dorado agrego: las tres tazas de agua, más la taza del licuado con apio España, además, sal y pimienta y al hervir se tapa el caldero y se le baja la llama y se espera que esté completamente seco. Tendrá un color verde de esperanza y unos olores de santidad que al comerse provocará ir a misa inmediatamente.


“No solo de pan vive el hombre, pero sin pan ya no habrá vida, lo que habrá es hambre.
De esa hambre Dios se aprovecha para manifestar su poder y amor”
Padre Marcelo