Para crecer juntos...

Da pena pero es verdad

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

“Erase una vez un hombre que vivía

muy cerca de un importante cruce de caminos. 

Todos los días, a primera hora de la mañana,

llegaba hasta allí donde instalaba un puesto rodante

 en el cual vendía bocadillos que él mismo horneaba.

Era sordo, por lo tanto no escuchaba la radio.

No veía bien, entonces ni un solo día leía los diarios. 

Meses después alquiló un terreno, levantó un gran letrero de colores y personalmente pregonaba su mercancía gritando a todo pulmón:

"Compre deliciosos bocadillos calientes", y la gente compraba cada día más.

Aumentó la compra de insumos, alquiló un terreno más grande

y mejor ubicado y sus ventas se incrementaron día a día.

Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió buscar a su hijo,

un hombre de negocios de una gran ciudad, para que lo ayudara.

A la carta del padre, su hijo respondió:

¡Pero papá! ¿No escuchas la radio ni lees los periódicos, ni ves televisión?

 Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala...

No podría ser peor. El padre pensó: "Mi hijo trabaja en una gran ciudad,

lee los periódicos y escucha la radio, tiene contactos importantes...

Debe saber de qué habla...". Así que revisó sus costos, compró menos pan,

disminuyó la compra de cada uno de los ingredientes y dejó

de promocionar su producto. Su fama y sus ventas disminuyeron día a día.

Tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno.

Aquella mañana escribió a su hijo y le dijo:

“Tenías mucha razón: verdaderamente estamos atravesando una gran crisis”

(El hombre del Cruce de Caminos)

 

            Mirar a la patria es mirar a los hijos de nuestros hijos. Es mirar lo que ellos van heredar como tierra y como lugar para su desarrollo. Se nos abren los ojos y nos quedamos casi sin aliento: ¡Eso le dejaremos! Pues sí, eso y nada más. Ríos secos, cerros quemados, extensiones de bosques reforestados y talados, los árboles destruidos, los sembradíos repletos de plagas e infecciones, calles llenas de charcos, avenidas demolidas, los caminos rurales inservibles, los valores aplastados por el modernismo corrupto y enfrentado, los hogares concomidos por la indiferencia y la violencia, las escuelas portadoras de irresponsabilidades y falta de vocación…

 

            Vivimos momentos tan difíciles y tan duros que casi es imposible creerlo. Tan pocos habitantes, tantas riquezas y vivimos tan mal que da pena contarlo. Pareciera una historia que se le cuenta a un niño para dormirlo y al despertar solo era un inventado cuento de una lejana y olvidada patria que nunca debió existir.

 

            Nos fueron vendiendo la idea de “Venezuela un gran país”, luego “Venezuela petrolera” y que con fulano o aquel se viviría mejor. Pamplinadas desgastadas que de tanto repetirlas las hicimos lemas y equipaje de tantos años. Hoy nos toca despertar con una tremenda pesadilla en la realidad de que estamos mal y vamos por mal camino.

 

            Todos los pueblos se han levantado de un gran brío y de una unidad valiente donde todos son importantes y donde cada uno tiene que hacer su mejor esfuerzo. La diferencia entre triunfar o sucumbir está en cada uno de sus habitantes. Nosotros tenemos esta opción. Vivir para morir o vivir para bien vivir.

 

            El sufrimiento es natural en todos, es decir, que está unido a la humanidad. No habrá que pensar que sufrimos porque somos merecedores de un castigo por la mala administración o por la violencia generada. No, todo lo contrario, la humanidad se ha levantado después de grandes acontecimientos desfavorables y que han reducido la población. La historia de la humanidad demuestra que sólo triunfan aquellos que creen poder hacerlo. Los indecisos, los derrotados y los que se cruzan de brazos para ver mirar pasar los días ya están conquistados. Que no hay crisis o profecía alguna que pueda con un hombre que tiene la determinación de triunfar.

 

            Esto que queda de Venezuela y es el lugar donde vivimos y moriremos, no es otra que nuestra patria y a ella la defenderemos incluso con la vida. Porque quien enfrenta la noche pensando en el frío del amanecer ya está entumecido por el hielo del fracaso. El secreto de todo triunfo es creer en uno mismo, respetar nuestra intuición, saber escuchar, estudiar en profundidad cada situación, discernir, actuar con confianza, certeza y seguridad.

 

            No se donde fue, pero lo leí: “Se vende Venezuela” Como venezolano la compraría y la haría parte de mi lucha y de mi mejor esfuerzo. Tenemos que ser conscientes de que si logramos vencer las dificultades que se nos presentaron ayer con las miles de equivocaciones, venceremos sin duda las de hoy, y de seguro, contaríamos con Dios, con nuestra familia, con los mejores y los demás empujaríamos para sacarla del barro y del atolladero. Necesitamos, pues, salir y al empezarlo se necesitan sumar todas las voluntades donde el criterio positivo, progresista y luchador nos anime a luchar.

 

            Es triste como el señor del negocio de los bocadillos “Tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno. Aquella mañana escribió a su hijo y le dijo: “Tenías mucha razón: verdaderamente estamos atravesando una gran crisis”. Había entendido que todo esfuerzo era perdido y que lo que se dice es cierto. No supo esperar, no tuvo tiempo para valorar lo realizado hasta ahora y seguir con mayor impulso.