Para crecer juntos...

Con temor no habra compromiso cristiano

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

La zorra que nunca había visto un león.

“Había una zorra que nunca había visto un león.

La puso el destino un día delante de la real fiera.

Y como era la primera vez que le veía,

sintió un miedo espantoso y se alejó tan rápido como pudo.

Al encontrar al león por segunda vez, aún sintió miedo,

pero menos que antes, y lo observó con calma por un rato.

En fin, al verlo por tercera vez,

se envalentonó lo suficiente hasta llegar a acercarse

a él para entablar conversación”

(Fábulas de Esopo)  

     

            Todos conocemos el miedo o por lo menos lo hemos sentido. Aunque debo aclarar que ninguno de nosotros nace con miedo, pues el miedo es infundado. Yo recuerdo que mi abuela me decía: “Si ni te tomas la sopa te viene a buscar el coco o el viejo Seferino” Y yo por no ver a ese tal coco o viejo Seferino me comía toda la sopa e incluso pedía más. Estos y todos los miedos son metidos a la fuerza en nuestras vidas y al dejarlos crecer vivimos con demasiados temores.

 

            Del miedo precisamente es que no quiero hablar, pero si dejar claro que estamos llenos de muchos temores que incluso actuamos en el influjo del miedo. Muchos afirman: No voy para tal parte porque en ese sitio se mató fulano de  tal. También se dice que pasar por X lugar a determinada hora sucede algo desagradable y así por estilo en decires, cuentos e historias.

 

            Temores que son unos verdaderos tumores difícilmente de extirpar, pues sin ellos serían incapaces de vivir o de aparentar la vida sujeta al temor. Una persona con temores vacila y miente. Vacila porque no tiene valor en su persona y duda hasta de su propia sombra. Miente, porque al no saber dar respuesta exacta a sus acciones tiene que utilizar la mentira como armamento que arrastra para evadir, impedir y no enfrentar la verdad.

 

            Cuando nos introducimos en el quehacer cristiano y comienza la proposición en el compromiso con Cristo “Camino, verdad y vida” empezamos a sentir temores y una sensación de desconfianza en lo que creemos y hacemos dentro del culto puro y limpio como agradecimiento a Dios. Al bautizar al infante, inmediatamente del año, se hace un compromiso en la educación cristiana, humana y moral por parte de los padres y padrinos. En la actualidad pareciera que el compromiso se centra en la ropa, la cadena y la fiesta que es la marca la distinción.

 

            Esa falta al compromiso depende del temor a ese “qué dirán” o la desquiciada falta de tiempo en un mundo tan rápido y exigente que no hay lugar para esos compromisos tan anticuados. Toda la pastoral que se organice a favor del encargo cristiano quedará relegada si no se organiza “seriamente” una catequesis de adultos donde volvamos a leer, meditar y comprender los principios del cristianismo.

 

            La Iglesia, en su organización, presenta en los actuales momentos iniciativas que van desde charlas bautismales, itinerarios catequísticos de niños, adolescentes y adultos donde padres y padrinos deben tomar posturas y comprender el papel que les corresponde. Es capital para todos entender que el temor impide el compromiso y aleja toda posibilidad de entendimiento en la necesidad de tomar conciencia frente al fantasma de vivir un falso cristianismo.

 

            Los temores han azotado a la Iglesia y la han castigado duramente y ha sido consecuencia de no haber entendido el mensaje del Reino de Dios donde lo importante no es la bebida ni la comida, sino el cumplimiento de la voluntad de Dios, que no es otra cosa que la vivencia del amor en la renuncia de todos los días.

 

            A través del tiempo, nosotros los cristianos y aquí nos incluimos todos, hemos saltado principios, lineamientos, preceptos para vivir al estilo de las “ganas” donde Dios no importa y si atañe es para su complacencia donde nada importa la obligación.  Es un cristianismo fácil donde el temor se adueña de las vidas para no dejarles responder conforme a la verdad.

 

            No dudo de la presencia de Dios, y de la eficacia de las autoridades eclesiásticas con el apoyo de laicos debidamente preparados para continuar la obra, pero es una mayoría inmensa la que en nombre del temor no se comprometen y por eso buscan tres salidas:

  1. Al tener contacto caemos en pánico y huimos por desconocer las razones y los principios más elementales.
  2. Al volver reconocemos que esas enseñanzas se pueden saltar y nos adaptamos a una vida soñolienta y pasajera.
  3. Luego caemos en la cuenta que vivir en el pecado y la desobediencia es lo mejor y entonces, decimos no para hundirse en el encierro.