Para crecer juntos...

¿Cómo triunfar para vivir normal? 

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

Las zorras, las águilas y las liebres.

“Cierto día las águilas se declararon en guerra  contra las liebres.

Fueron entonces éstas a pedirle ayuda a las zorras. Pero ellas les contestaron:

Las hubiéramos ayudado si no supiéramos quienes son ustedes y si tampoco supiéramos contra quienes luchan”

(Fábulas de Esopo)

 

      Muchos son los que recomiendan que la suerte viene una sola vez en la vida y hay que aprovecharla porque nunca volverá. Muchos por estar esperando la hora de la suerte se han quedado sin tren, sin maleta y como novia de pueblo a la espera eterna. Aquí no es cuestión de suerte o de perfección numérica. Aquí es asunto de verdad o mentira. De realidad o ficción. De posible e imposible. Aquí no es que soñé con alicate y debo jugar tal número, para que al jugarlo no salga y lo que me sala es alicate que corta la luz que no pagué por estar jugando. En este mundo como en la guerra y el amor de todo se vale se hace necesario que pongamos las cartas sobre la mesa y despejemos muchas dudas que se están haciendo “verdades” en nuestro ambiente.

 

      No todo lo que brilla es oro. No todo es una suerte por agarrar o una oportunidad para hacernos y cambiar de pobres a ricos, de gordos a flacos, de feos a bellos. Esa es una mala praxis de ver y hacer las cosas. Aquí se mezcla la facilidad con el deseo reprimido de ser otros en forma egoísta para ganar puntos  ala apariencia o para entrar en el mundo del engaño viviendo falsificado.

 

      No todo entra en el mundo de la suerte o de la casualidad donde uno gana o pierde o que uno se lo puede jugar en un par de dados y si está escrito (destino) ganarlo lo gana y si está escrito perderlo se pierde.

 

      Nuestra vida no está lanzada a una lucha por el tener, aparentar o conquistar. Nuestra vida es una realización de amor para el amor. De esfuerzo para continuarlo y lograr triunfar en las cosas que humanamente estamos llamados a lograr. Nadie da lo que no tienen o lo que no conoce o mejor, lo que no ama. Por eso vemos  diario tanta gente frustrada, maldiciendo, aterrado por el mañana, encerrado en su cascarón vacío y con la cabeza adentro de la tierra y todo el cuerpo por fuera como el avestruz.

      No podemos seguir comparándonos con los demás en forma envidiosa y triste donde la inseguridad y la rabia nos comen y no dejan actuar libremente con sentido crítico y valorativo.

 

      No es la competencia las que nos hace descubrirnos, son los valores que percibimos en el mundo que nos hace buscar valías para incorporarlas a nosotros  mismos. Nadie tiene la piedra única y total que nos hace ver la verdad de las cosas. Es la vida la piedra más valiosa que nos hace descubrir el gran valor que representamos. Hasta que no lo hagamos y nos esforcemos por encontrarlo dentro de nosotros, jamás, saldremos de la mentira y el embuste. Muchos son los que han rogado un hijo abogado y cuando ejerce con trampa se avergüenzan de la carrera que escogieron, olvidando que a la carrera le da vida o la degenera quien la ejerce.

 

      Siempre habrá posibilidades. ”Cuando una puerta se cierra mil se abren” y “Camarón que se duerme arroz con camarones” Hay un abanico de eventos en cada ser humano y todos distintos y con diferentes caminos. Por eso es muy importante valorar todo y colocarlo en su justo peso y medida a la hora de tomarlo como equipaje de viaje.

 

      Es mentira aquello que se dice: “Nació enmantado” o que “lleva la suerte en su sangre” Tampoco, que todo es relativo o depende del cristal con que se mire, pues dentro de esta oferta y demanda por vivir bien o mal lo que sirve se utiliza y lo que no se deja a un lado. Volvemos a decir que nadie da lo que no tiene, muchos menos un espino da fresas o un tunar sabrosas frambuesas. “Al pan pan y al vino vino” Tendremos que llamar a todo por su verdadero nombre y darle a todo su correcto uso.

 

      Todos debemos encaminarnos a la verdad para que nos haga descubrir nuestra propia verdad y así ver la verdad en los otros. Si no tenemos capacidad para vernos no se podrá ver a los demás con objetividad. Nadie enfrenta  aun enemigo sin medir primero sus fuerzas y ver si puede ganarle. Quien quiere triunfo debe prepararse, capacitarse y saber hacia donde va y como mantenerse. Los triunfos no consisten en llegar sino en conservarse. Cuantos son los que creyeron haber llegado y nunca habían partido y seguían anclados en sus temores y decepciones.

 

      Señor, me diste capacidad de pensar y actuar, permite que a esta edad, con miedo y temores, sepa decidir frente al bien para descubrir el mal que me aleja de ti. Amén.

 

 

 

Antes de decidir unirte a una campaña,

mide primero la capacidad de los posibles  adversarios.