Para crecer juntos...

Ayer fui a la ajena muerte. Hoy me tocó a mí 

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

Viajaban por esta tierra juntos una zorra y un mono,

disputando a la vez cada uno sobre su nobleza.

Mientras cada cual detallaba ampliamente sus títulos,

llegaron a cierto lugar.

Volvió el mono su mirada hacia un cementerio y rompió a llorar.

Preguntó la zorra que le ocurría, y el mono,

mostrándoles unas tumbas le dijo:

Oh, cómo no voy a llorar cuando veo

las lápidas funerarias de esos grandes héroes,

mis antepasados.

Puedes mentir cuanto quieras,

contestó la zorra;

pues ninguno de ellos se levantará para contradecirte”

(Esopo, La zorra y el mono disputando sobre su nobleza)

 

 

            Como Sacerdote, dentro del ministerio, he realizado muchos entierros donde he tenido que compartir con la gente el dolor y la tristeza al despedir un ser querido. Pero cuando me tocó vivir en carne propia la muerte de mis padres y de un hermano mayor, comprendí, de una vez para siempre, ese sentimiento de dolor y a la vez de rabia frente a la muerte. Ese día se me hizo nudo la garganta, se me quitó el hambre y me provocaba gritar, llorar y hasta maldecir, que Dios me perdone. Ese día fue muy duro y cuando me corresponde asistir a un moribundo o celebrar los ritos funerarios a uno que ha partido trato de meterme en el dolor de cada una de las personas que allí están para decirle adiós al familiar.

 

            El drama de la muerte sigue siendo un gran misterio para todos y cada uno de nosotros. Pero permítanme unas reflexiones después de lo que he vivido:

·        La muerte no será comprendida si no la vemos desde el silencio. Silencio que nos va a revelar su significado y su lección. Significa dejar todo. No volverlos a ver. Irse para siempre. Es un silencio que nos señala que Dios no colecciona cadáveres o mata  a la gente cuando están descuidadas

·        Jamás será bien interpretada si no hacemos oración. Oración que nos imprime que Dios en aquel el desierto de las tentaciones o Huerto de los Olivos frente a la muerte se agarra a la oración para entender y comprenderla. Es una oración en la confianza de un Dios que nos ayudará a vivir con ese dolor. Porque una cosa es cierta, jamás se nos olvida la voz, las palabras o las acciones de quienes partieron.

·        Se hace necesario un tiempo. Tiempo que entre silencio y oración nos irá curando, más no quitando el dolor porque seguirá en menos intensidad, pero seguirá. Es un tiempo que nos abrirá los sentidos para descubrir, lamentablemente, el valor de la persona que partió; la necesidad de unir  a la familia; de encaminar la vida; de entablar nueva amistad con Dios y de poder ver la vida diferente. Una muerte bien sentida produce un buen tiempo para reflexionar y tomar decisiones muy útiles para la vida que comienza.

·        Es una oportunidad para valorarse, pues, por lo general, nunca tenemos tiempo para hacer silencio, para orar y para preguntarnos sobre nosotros mismos. Es como un regresar de un largo viaje y comenzar a recordar lo positivo, lo mejorable y hasta lo negativo de todo el recorrido. Es volver sobre uno mismo y descubrirse. Es detener la fabrica de los pensamientos y repreguntarse una y otra vez el por qué y para qué.

·        Es ver en cada muerte un milagro. Que Dios concede a quien lo pide y lo busca para que en medio de ese dolor lo descubra. Milagro que nos da a conocer la verdad en la ausencia de quien en vida fue y ya no será. Milagro que nos abre el alma y los ojos. El alma para sentir con mayor amor la voz de Dios en la verdad del momento. Y los ojos para ver con claridad el acontecimiento que pasa por nuestra vida y que no podemos evitar, ni jamás evitaremos.

 

                Debemos, pues, con todo respeto, decirle a la muerte ¡Te quiero¡ y al hacerlo no la retamos, ni mucho menos la llamamos, todo lo contrario, hacemos nacer en nosotros la anhelada esperanza del encuentro con Dios y con los seres queridos que se han adelantado. Esto nos lleva no a no hacer de nuestro cristianismo un culto exagerado a los muertos donde la tristeza, el escándalo y hasta los gritos desesperados toman vida en una vida que más adelante seguirá corriendo, saltando, comiendo, bailando y hasta disfrutando con el dinero del que partió nos dejó como herencia.

 

    Esa tragedia se podrá, entonces, convertir en una gracia que fortalece y da vida a quien no había valorado la vida, la familia, los hijos y tanta gente que hoy recordamos con gratitud y amor. Cada uno está llamado a dejar invadir su vida de silencio, de oración, de tiempo para valorarse y ver en la muerte la oportunidad para el milagro y la nueva vida que está naciendo en medio del dolor que está viviendo. Lamentablemente lo descubrimos tarde, pero bendita tarde donde descubrí esa gran verdad para bien de todos mis lectores.

Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.