Para crecer juntos...

Advertencia: ¡El engaño del gato!

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

La zorra y el león anciano.

“Un anciano león, incapaz ya de obtener por su  propia fuerza la comida,

decidió hacerlo usando la astucia.

Para ello se dirigió a una cueva y se tendió en el suelo,

gimiendo y fingiendo que estaba enfermo.

De este modo, cuando los otros animales pasaban para visitarle,

los atrapaba inmediatamente para su comida.

Habían llegado y perecido ya bastantes animales,

cuando la zorra, adivinando cuál era su ardid,

se presentó también, y deteniéndose a prudente distancia de la caverna,

preguntó al león cómo le iba con su salud.

-- Mal -- contestó el león, invitándole amablemente a entrar.

-- Claro que hubiera entrado -- le dijo la zorra –

si no viera que todas las huellas entran,

pero no hay ninguna  que llegara a salir”

(Fábulas de Esopo)

 

            Desde que el mundo es mundo siempre el factor sorpresa ha estado de ida y de venida. Nos sorprende el hijo que ha crecido demasiado y con él las mentiras y los engaños. Una mañana despertamos y nos salta la mala noticia: unos ladrones entraron mientras dormíamos y se llevaron esto y lo otro, para que de inmediato a poner rejas, soldar y colocar candados y hasta alarmas. Llegados del trabajo descubrimos a la esposa al esposo con otro, otra y enseguida el sufrimiento y las preguntas: ¿Por qué a mí? ¿Dónde estaba Dios? Y así una lista de sorpresas que nos atribulan y nos producen profunda tristeza.

 

            Ayer, en esas homilías actualizadas donde el evangelio nos hablaba de “mansos como palomas y astutos como serpientes” me tocaba decirles a los asistentes que existen personas “Vivas pero tontas”, es decir, que utilizan la fuerza de estas palabras por el lado negativo y se olvidan de la construcción. Entonces les contaba, que el carro no encendía y llamé a un mecánico de “confianza”, de esos que uno con los ojos cerrados les entrega las llaves y aprueba todo lo que ellos digan acerca del daño y precio. Cuando me trajo el carro me dijo que era el arranque y que lo había cambiado inmediatamente y que le debía tanto. Le pague y el agradecí el servicio. Por la tarde el carro no arrancó y uno de esos feligreses, mandados por Dios, e apareció y me dijo que era el arranque. Ante esto le dije que lo habían cambiado esta mañana. A lo que él me respondió que ahí no había ningún arranque nuevo, sino uno usado y bien desgastado. Comprendí el engaño y después de un largo tiempo se pudo comprar otro arranque y hacer encender el carro. De inmediato me trasladé hasta el taller del dicho mecánico de confianza para reclamarle. Éste se quedó completamente mudo y no me quedó otra cosa que decirle: usted comió por un solo día. A partir de hoy, de mí, jamás comerá. Ese Señor se equivocó. Prefirió perder un cliente antes de ser honrado.

 

            Lo anterior nos está demostrando esa viveza “disque criolla” que de criolla no tiene nada y de engaño mucho. Aquí cabe la siguiente reflexión: No puede ser verdad que todos los días se levanta un vivo y amanece un tonto. Que la honradez es para los tontos y aquí quienes mandan son los vivos. Nadie está exento de no caer en la argucia que pretende alimentarnos o mantenernos para que más temprano que tarde, caigamos como piedras que a mayor altura más fuerte es el golpe. Desde este momento la artimaña, ardid, treta, falsedad, engaño, picardía… no es una manera fácil para subsistir, sino que es todo lo contrario, es un disparador para no poder vivir en comunidad y rodeado de principios y buenos ejemplos.

 

            Aquel león que quería comer sin esfuerzo y a expensas de una falsa enfermedad no podía triunfar. Pudo ser que algunos incautos por andar dormidos, abobados y sin ser precavidos cayeron en su trampa. Pero, el tiempo, que es el más sabio de los sabios, demostró que la verdad prevalece por encima de todo. Y que nada ni nadie derribarán los valores que tan generosamente Dios ha clocado en cada vida humana.

 

            Pienso que ha llegado la hora de sincerarnos y aprender que vivir en el engaño es estar uno mismo engañado. A Dios hay que pedirle sabiduría y mucha fuerza para no caer en esta abominable práctica.

 

            Una persona de oficio timador, embaucador o estafador no puede mirar a los ojos  a nadie, porque ya los clavó con la flecha envenenada de la mentira. Dios permite que seamos humildes para reconocer que necesitamos de tu ayuda para salir adelante.

 

            Si obramos con artimaña y ficción nuestro mirar estará siempre empañado porque cada uno, de los engañados, nos mirará con desconfianza y temor. Dios danos el valor para entender que más pronto de lo pensemos seremos descubiertos.

 

            Nosotros no fuimos hechos para la maledicencia, mucho menos para causar tristezas con trampas. Dios guárdanos de todo mal y que nuestras vidas estén al servicio de la verdad y nada más que de la verdad.

 

            Que todos se guarden y se cuiden de la mentira y el engaño, pues solamente en Ti encontramos la fuente de la exactitud

           

 

 

Siempre advierte a tiempo los indicios del peligro, y así evitarás que te dañe.