Dios y el Padre Marcelo en su cocina

III Domingo de Cuaresma, Ciclo C

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

Donde comer y compartir es una bendición.

Domingo 14 de marzo 2004

Santas Perpetua y Felicidad.

Evangelio según San Lucas 13,1-9
LA HIGUERA QUE NO DA FRUTO
En ese momento algunos le contaron a Jesús una matanza de galileos. Pilato los había hecho matar en el Templo, mezclando su sangre con la sangre de sus sacrificios.

Jesús les replicó: "¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás porque corrieron semejante suerte? 

Yo les digo que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo. 

Y aquellas dieciocho personas que quedaron aplastadas cuando la torre de Siloé se derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 

Yo les aseguro que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, todos perecerán de igual modo." 

Jesús continuó con esta comparación: "Un hombre tenía una higuera que crecía en medio de su viña. Fue a buscar higos, pero no los halló. 

Dijo entonces al viñador: "Mira, hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. 

Córtala. ¿Para qué está consumiendo la tierra inútilmente?" 

El viñador contestó: "Señor, déjala un año más y mientras tanto cavaré alrededor y le echaré abono. 

Puede ser que así dé fruto en adelante y, si no, la cortas"."

Palabra del Señor



Reflexión: 

¿Quién puede ser tan bueno, qué se atreva a condenar a otro? La condenación la asumió Dios y en la cruz quedó sellada para convertirla en amor. Bien podía Jesús buscar ayuda celestial y guardó silencio. Un silencio que estaba revelando su cometido amoroso con el temor propio por la magnitud pero… “no se haga mi voluntad sino la tuya” Es un Dios, que nos sale en la Cuaresma, para decirnos: que hay que cambiar para no morir condenando a los otros que no piensan, no hablan y no hacen lo que nosotros pensamos, hablamos y hacemos a favor del pecado. Convertirse comienza por reconocer lo malo que está dentro de cada uno. La Confesión es un sacramento muy necesario para que, en humildad, reconozcamos la necesidad de pedir perdón para poder perdonar.

Anécdota: 
Una historia sobre la importancia del sacerdote como medio del perdón de Dios en la confesión

Cierto día, en Misa un amigo dirigiéndose a otro le comentaba: 

- Me alegra que por fin te hayas decidido a confesarte... y a comulgar. 

- ¿Confesar yo?, decía el interpelado. No, no soy tan tonto. Los curas no son necesarios; son hombres como tú y como yo y lo que hago es confesarme con Dios: le cuento lo que me pasa, le pido perdón y listo. 

- Es asombroso, respondió su amigo, lo inteligente que eres. La verdad es posible que tengas razón, y que todos los demás seamos unos imbéciles, pero lo que no me cabe en la cabeza es como un hombre de tu inteligencia se queda en la mitad.

- ¿La mitad?. No te entiendo, preguntó a la vez el otro. 

- Sí hombre, contestó. Tú has comulgado y te has arrodillado ante el Sagrario.

Pues bien dada tu mente inteligente y abierta lo más logico sería que fueses al mercado comprases un poco de pan, lo consagrases tú, comulgases, y te guardases el resto en una urna, ¿no? Pero a quedarte a medias.... 

- Yo no puedo consagrar; ese poder Dios se lo dió solo a los sacerdotes, y... gracias amigo, me has hecho ver claro. Tengo suerte, aún hay un confesionario. 



Consejo: 

Para muchos, es un sacrificio comer pescado: las espinas, el olor que dejan en las manos y en toda la cocina… Cuando hablamos de pescado debemos recordar a aquellos pescadores escogidos por Jesucristo para iniciar la misión salvadora. Además, aquel hermoso milagro donde comieron hasta saciarse tantas personas. También, que el pescado en aquellos primeros cristianos era el signo escrito en la arena para decirse cristianos en tiempos de persecución. 

CHISTE: 

Que hacen dos pescados cuando se chocan?
¡Atttttttttún! 

FILETE DE ATUN

Para cuatro personas. Se pican seis filetes y se pasan rápidamente por agua hirviendo (para blanquearlos). En un recipiente se mezcla mantequilla, pimienta, sal, y perejil bien picado. Esta mezcla se unta o baña bien cada uno de los filetes. En un molde mojado en aceite se colocan los filetes y se dejan allí por espacio de 20 minutos a fuego medio. Se acompañan con papas al vapor y una buena ensalada verde. 

“Vivir en pecado es dormir con la muerte.
Vivir sin perdonar es dormir atormentado para despertar asustado” Padre Marcelo