Para crecer juntos...

La misericordia antes que todo 

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

 

 

 

La zorra y el hombre labrador.

Había un hombre que odiaba a una zorra porque le ocasionaba

algunos daños ocasionalmente.

Después de mucho intentarlo, pudo al fin cogerla,

y buscando vengarse de ella,

le ató a la cola una mecha empapada en aceite y le prendió fuego.

Pero un dios llevó a la zorra a los campos que cultivaba aquel hombre.

Era la época en que ya se estaba listo para la recolección del producto

y el labrador siguiendo a la raposa, contempló llorando,

cómo al pasar ella por sus campos, se quemaba toda su producción.

(Fábulas de Esopo)

 

 

            Nosotros debemos estar concientes del vivir en comunidad y jamás en una isla donde cada quien hace lo que le viene en gana. Nunca pensar que somos imprescindibles o el último vaso con agua en medio del desierto, pues nos necesitamos mutuamente. El cartero que alegremente imagina lo escrito y lo deja en las manos de la ansiada novia que espera contesta del lejano enamorado. El ruidoso heladero que en campanas anuncia  los niños los diferentes sabores sin gritarlos o nombrarlos. El recolector de la mugre que no se inmuta frente a la materia descompuesta. El ejecutivo de paltó y corbata que le toca subir al autobús con el vaporón del medio día. A la ama de casa que con su débiles manos arrastra la bolsa del mercado teniendo cuatro hijos bien alimentados y crecidos. El médico de guardia en el centro de salud que recibe al niño asmático y al malandro herido en aquel atraco…

 

            Todo lo anterior es una muestra de que no estamos solos. Que no habitamos un planeta de exclusivos, sino un planeta de realidades de intercambio, de amistades, de miserias y sobre todo, de entender que “El otro” no es un alejado, resentido, innecesario o producto de la casualidad. El otro es un ser humano, una persona que tiene derechos, deberes y una dignidad del tamaño de la tuya y la mía. Es en este momento donde debemos apreciar el valor de las personas para poder valorarlas y no estar viendo la paja en el ojo ajeno a manera de crítica destructiva y condenación. No recuerdo donde lo leí pero decía así: “Con fuerza se ataca al pecado, con amor y misericordia al pecador”

 

            Todos somos lugar para la equivocación y la pregunta de Pedro: “¿Cuántas veces debo perdonar en el día?”  Jesús le responde: “No siete veces, sino setenta veces siete” Número infinito, de siempre y perpetuamente. Que no mira distinciones, ni hace halagos, mucho menos justifica. Es un perdón total donde se perdona y se olvida.

            La misericordia fue vivida y enseñada por Cristo Jesús a sus discípulos y siempre aprovecho los mejores momentos para afirmarla. Dios es amor y en nombre del amor se entrega a la muerte y una muerte de cruz.. En nombre del amor de Papá Dios se construye el reino donde los últimos serán primeros, el servicio es la distinción y dar la vida por los amigos es el sello que identifica a quien ha puesto la mano en el arado y ya no puede mirar atrás.

 

            Vivimos fuertes tensiones entre el perdón y el odio. Somos muchos los que vivimos en la venganza. Quizás no lo ejecutamos, pero lo pensamos, lo deseamos y hasta lo vamos insinuando con nuestras palabras y ofensas. Condenamos a diario haciendo de lo pequeño y pasajero al de mayores proporciones. Para odiar exageramos. Para amar minimizamos. Para hacer daño planificamos las estrategias a seguir. Para ayudar lo pensamos, nos regresamos, lo miramos con recelo y hasta buscamos testigos para no llegar a ninguna realización.

 

            Dios nos invita a ser tardos para condenar y rápidos para perdonar. Cuestión que la hacemos pero a la inversa y cuando no la aplican pegamos un grito al cielo. Allí se cumple aquello de la ley del embudo: “lo ancho para uno y lo angosto para los otros” Habrá que entender que la medida que usemos para otros será usada en nosotros y que nadie es tan justo que tenga en sus manos el juicio de todos.

 

            Esta práctica se ha popularizado en demasía en los niños. Se les castiga en extremo con la falta cometida. No hacer la tarea con tres golpes con la regla en la palma de la mano es dejar al niño por un tiempo sin poder hacerla, pues se le hincha la mano, entonces, cómo escribe. Ante un niño de  mala conducta se le expulsa de la escuela y él feliz porque no le gusta y seguirá, cada vez que no quiera escuela, haciendo travesuras para que lo expulsen. U obligar a punta de correazos a tomar la sopa llenando de moratones y golpes el apetito ya decaído y sin ganas.

 

            El ser bondadoso no significa ser alcahuete. El ser magnánimo no figura ser sometido y arrinconado.  El ser compasivo no retrata a una persona tímida y retraída, todo lo contrario donde hay bondad hay dulzura, donde hay magnanimidad hay tolerancia, donde hay compasión hay amor.

 

 

 

Procura ser comprensivo e indulgente, pues siempre sucede que el mal que generamos, tarde o temprano se regresa en contra nuestra.