Para crecer juntos...

Cuidado con los nombres y los padrinos

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez 

Web del Padre

 

 

 

“Estaba el templo repleto. Eran como 22 bautizos.

Ese día tenía que hacer las charlas bautismales.

Ya les había hablado del valor del sacramento y ahora les explicaría

el significado exacto del bautismo.

Se me ocurrió preguntarle a una madre el por qué del nombre de su hija.

Ella con mucho orgullo me dijo:

Mire padre, yo me llamo Lucy y mi esposo Fernando.

Y le hemos colocado al niño el bello nombre de Lucifer.

Inmediatamente al explicarle el significado cayó para atrás

y se puso a llorar”

 

 

            Después de la solemnidad de la Epifanía estaremos celebrando el Bautismo de Jesús y para aprovechar una sana catequesis sería interesante que conversáramos:

 

  1. ¿Por qué bautizas? Unos porque tienen miedo a los duendes; otros porque el niño no duerme; algunos por la cadena de oro que el padrino tiene que buscar a como de lugar; distintos porque no quieren que su hijo sea un hereje…

 

  1. ¿Por qué esos padrinos? Porque trabajan con mi esposo. Porque hay que buscar a algunos y basta. Porque pueden ayudarnos para la fiesta. Porque mañana me pueden arrimar el hombro…

 

  1. ¿Qué significa bautizar? Un acto necesario para que el niño no se condene. Porque si no bautizamos la gente que viene a la fiesta no trae regalos. Algo que obligan los curas para obtener ganancias comerciales. Paso necesario para que nuestros hijos sean hijos de Dios…

 

            Aquí, con esta fiesta del Bautismo del Señor, terminamos el ciclo de la Navidad y finaliza las manifestaciones que habíamos iniciado con la Epifanía. Allá los Reyes ahora con el bautismo lo dan a conocer ante el pueblo judíos como el hijo de Dios en la carne mortal. Me voy  a valer de esta fiesta para poder explicar lo esencial al bautismo y su significado.

 

 

 

 

            Celebrar  hoy el bautismo de Jesús es reconocer la presencia del Espíritu Santo en un mundo de ruido y materialismo. Y es registrar a un Dios que nos enseña que Jesús, su hijo primogénito, es el Mesías que viene  a salvar y a mostrarnos el verdadero camino en una historia de la salvación donde Dios se involucra en un sacramento que da vida.

 

            El mismo san Pablo nos pide que no dejemos apagar el Espíritu. Con las respuestas de los que llevan a sus niños a bautizar encontramos razones para afirmar que, en estos momentos, están apagando o acallando al Espíritu. Por tanto, necesitamos despertar, valorar y recuperar nuestra propia identidad cristiana que comenzó con aquel bautismo que hoy queremos repetir en nuestros hijos pero no le damos el justo precio que siempre ha tenido.

 

            Aquí lo importante no es la ropa o cosa externa que le quite relevancia al Sacramento o lo falsifique o lo deje como mero acto contra los duendes. Así como Jesús quedó marcado para ese pueblo como el Mesías, nuestros hijos quedan marcados, para siempre, como miembros vivos de una Iglesia que necesita de todos para continuar y llevar la misión.

 

            Los nombres deben construirse sobre el dictado de los santos para que la fuerza de su protección los acompañe. Se tiene en la actualidad la costumbre de colocar nombres combinados, los cuales corren el peligro de equivocarnos o que tengan el sonido a medicamentos  u objetos que no se entiendan o dificulten su pronunciación.