Solemnidad de la Ascensión del Señor, Ciclo A
Mateo 28, 16-20
Autor: Sr. Cardenal Julio Terrazas Sandoval, CSsR
Arquidiócesis de Santa Cruz, Bolivia
Domingo 4 de mayo: Jornada de las Comunicaciones Sociales
Estimados, hermanas y hermanos. La palabra del Señor, dirigida a nosotros hoy, expresa el deseo del Señor de darnos esa misión, dada a los Apóstoles, también a nosotros: “Vayan y hagan discípulos, vayan y personifiquen a cada hermano, vayan a levantar la dignidad de todo ser humano, vayan a repetir en ellos el gesto de liberar de cualquier cosa que nos pueda estar atascando en el caminar de la vida. Esa es la misión! Todo lo que sea un reflejo de ese deseo del Señor tiene que ser un paso que nos lleve a asumir nuestra responsabilidad al estilo de Jesucristo que es el que nos ha salvado y es el que nos acompaña.
Este hecho así tan sucintamente narrado en el evangelio, en el libro de los Hechos está un poco más amplio. Dice Lucas: “En mi primer libro, Teófilo” (se refiere a aquel que ama a Dios, al Dios de la vida, el Dios de la verdad, no a los ídolos inventados por aquí y por allá), escribí todo lo que hizo y enseño Jesús, desde el primer día hasta que subió al cielo…” Allí nos dio las últimas instrucciones y no se pasó año y medio escribiendo una constitución, ni se pasó cuatro meses escribiendo un estatuto; en forma breve y clara: VAYAN POR TODO EL MUNDO. Su enseñanza es para que cada uno la capte, la viva, la practique; la haga realmente un signo de la presencia de Dios. LAS ULTIMAS INSTRUCCIONES Es lo que el evangelio nos acaba de recordar: IR POR TODO EL MUNDO, HACER DISCIPULOS EN TODOS LOS PUEBLOS Y RECORDAR LO QUE EL NOS HA ENSEÑADO. “Y no tengan miedo, porque será el Espíritu de vida que les va acompañar, El espíritu de la verdad que les voy a enviar, el espíritu que pronto va venir a seguir acampando con ustedes y a seguir caminando por estos caminos del mundo por donde tenemos que practicar y vivir nuestra fe y no esperar hacerlo más allá de las nubes. Y claro, los entusiasmos pasajeros y triunfalistas a veces también nos hacen preguntar, como lo hicieron los discípulos: “¿Señor, es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel? ¿Es ahora cuando vas a cambiar todo material o externamente? ¿Esta es la hora en que vas a comenzar a repartir los privilegios a quienes son tu pueblo o a quienes son tus seguidores? ¿Es la hora en que vas a empezar a deshacer todo lo que los otros han hecho? En esa pregunta va todo este bagaje humano que a veces acompaña nuestras búsquedas y que oscurece la finalidad por la cual nos proponemos hacer cosas grandes.
“No les corresponde a ustedes decidir el tiempo y el momento, es solamente el Padre que conoce, pero van a recibir la fuerza del Espíritu, ustedes tienen que ser mis testigos en toda Judea y Samaría, hasta los confines de la tierra”. Esa es una de las instrucciones y clarificaciones que hace el Señor, no quiere un grupo de discípulos que se siente a decir: “Qué lindo, qué bonito todo esto que hemos vivido”, El quiere un grupo de discípulos que cada día haga relucir la novedad de la Pascua, la Pascua que es el signo extraordinario que ha puesto Dios en medio de nosotros; la Pascua que ilumina todas las oscuridades, la Pascua que cura todas las heridas, la Pascua que es la única capaz de terminar con las injusticias, las maldades; la Pascua que tiene que sellar nuestra hermandad y nuestra vida en familia de Dios.
“Vayan hasta los confines de la tierra”. Si el Señor no llega a todas partes con su mensaje, es porque nosotros le vamos colocando límites. Te permitimos entrar aquí, no te permitimos allá, te permitimos hablar con éste, no te permitimos que hables con el otro; Te permitimos hablar sólo lo malo, te prohibimos hablar de cosas buenas”… Eso no es caminar hasta los confines de la tierra, con un mensaje de paz, con un mensaje de auténtica libertad, con un mensaje que nos va ayudar a vivir como hermanos.
Los Apóstoles ven que el Señor comienza a elevarse y se quedan mirando, estupefacto, admirados, no los sabemos, pero se quedan allí… Aparecen dos Angeles y les dicen: “Hombres de Galilea, qué hacen ahí mirando al cielo, este Jesús que ha sido llevado va volver, ustedes tienen que percibirlo”. Es lo mismo que podemos preguntarnos hoy, como fieles, cuando nuestro accionar no corresponde a la voluntad de Dios y todo lo esperamos de arriba, todo lo esperamos sin movernos mirando al cielo o a las nubes: ¿qué esperan ustedes, qué es lo que miran? No se queden obsesionados por las cosas fugaces, las cosas muy bonitas que pueden acontecer, lo importante es ir y cumplir el mandato del Señor.
Esta es la exigencia del evangelio para todos los que creemos y es también un mensaje que tiene que hacernos vivir esta jornada con altura, con alegría, con respeto, cosas que deseamos que se hagan en todos los rincones de Bolivia, que no haya focos de odios, que no se vayan creando espacios de confrontación; deseamos que las ideas solamente se puedan combatir con ideas, que los proyectos de grandeza que puedan tener algunos, puedan ser también cuestionados con otros proyectos de grandeza y no con aquellos instrumentos de muerte que el mundo ha creado para dejar de pensar por sí mismos.
Deseamos que esta paz se haga un signo que se lo repita todos los días, que sean todos los días de nuestra historia que los vivamos en paz, respetándonos, ayudándonos, captando plenamente la Palabra del Señor, que nos invita a ir por todos lados a llevar su mensaje, a ser discípulos y a ser anunciadores de buenas noticias y no de noticias que van destruyendo la dignidad de cada persona.
Esta mañana, El Papa se ha dirigido a nuestro país pidiendo para que esta jornada sea una jornada de paz, pidiendo para que sepamos tomar en serio lo que pueda acontecer hoy, con todas las características que tienen los proyectos humanos, de éxitos para unos y, a lo mejor, de derrotas para otros. El Santo Padre nos anima a saber administrar eso, administrar lo uno y lo otro, pensando en el bien del país, poniéndolo al servicio del país y no enarbolándolo como bandera que siga dividiéndonos más. Esa oración que ha pedido el Santo Padre está en la perspectiva del Evangelio de hoy: VAYAN LLEVANDO LA NOTICIA DE SALVACIÓN, PARA QUE LOS DISCÍPULOS, PARA QUE QUIENES CREEN… y Bolivia cree en un 80% en Jesucristo…TENGA QUE PREVALECER EL VALOR DE LA PAZ, DE LA JUSTICIA Y DE LA LIBERTAD, ANTES QUE OTROS VALORES QUE NO TIENEN NADA QUE VER CON EL PLAN Y EL PROYECTO DE NUESTRO DIOS.
“Hombres de Galilea, qué hacen ahí mirando al cielo” Quizá esta sea también la expresión que el Señor quiera repetir también hoy a Bolivia: “Qué hacen ahí mirando al cielo, sin preocuparse de los otros, sin mirar a los otros, sin trabajar por los otros…Bajen, en las montañas pueden haber grandes revelaciones, pero el trabajo es en el llano, allí donde está el que sufre, allí donde está el que está amenazado en su vida, allí donde está el que no tiene trabajo; allí donde está el amenazado en su propia libertad; vayamos, hay mucho qué hacer.
Aprovecho la presencia de las autoridades, el Señor Prefecto, tantos otros hermanos y hermanas que tienen responsabilidad, para pedirles que entre todos, le digamos hoy a Bolivia que deseamos con todo el corazón, seguir aportando para que Bolivia crezca armónicamente, para que Bolivia crezca en aquello que todos anhelamos: Paz, justicia, verdad, fraternidad; pero sobre todo, para que Bolivia mantenga ese regalo de Dios más grande: LA LIBERTAD, para que podamos sentirnos realmente humanos y gente que quiere humanizar en su alrededor. Ese es mi deseo y mi pedido. Amén