Discípulos y Misioneros

Autor: Judith Araújo de Paniza

 

 

Le dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: quien cree en mí aunque hubiere muerto vivirá; y todo aquel que vive, y cree en mí no morirá para siempre”    (San Juan 11,25) 

Con ardor en el corazón por la felicidad al celebrar la Resurrección triunfante de Nuestro Señor sobre la muerte y el pecado que esclavizaban al ser humano, meditemos sobre el llamado de Nuestra Iglesia a convertirnos en discípulos y misioneros activos para transformarnos y transformar a la sociedad de acuerdo al querer de Dios. 

Desde el 13 al 31 de mayo se celebrará en Aparecida (Brasil) la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe reunión que estará presidida por el Santo Padre Benedicto XVI quien ha convocado para que el “Continente de la Esperanza” se deje inspirar por Jesucristo:”camino verdad y vida”, para que nuestros pueblos en él tengan vida. 

Teniendo como base la realidad que aún queda mucho por superar para que seamos una comunidad de naciones equitativa, justa y solidaria, que integre la misericordia y la justicia, es importante que nos sintamos interpelados a vivir coherentemente nuestros valores cristianos en la familia y en la sociedad y actuemos como ciudadanos conscientes de nuestras obligaciones y derechos con honestidad en el trabajo y  compromiso con el bien común. 

Que nuestra fe se vea reflejada en nuestra familia, trabajo, barrio, educación, estructuras sociales y económicas, política, arte, cultura y en los medios de comunicación. Que tengamos valor para defender los valores, la dignidad de la vida humana, el valor de la familia, la atención con amor a los diferentes tipos de pobreza, el compromiso solidario, el diálogo respetuoso con quienes piensan diferente y el cuidado del medio ambiente. 

Es importante analizar los efectos que distintas corrientes ideológicas que se están presentando cada vez con mayor fuerza en la sociedad que están debilitando y menoscabando la vida familiar. Muchas de estas influencias ya se ven reflejadas en modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, de la familia y de la vida humana. 

Que las situaciones y realidades de nuestro tiempo, sean aprovechadas positivamente para la labor evangelizadora, para que cada día la opción por Jesucristo se realice de manera más consciente, libre, razonable, madura y plena y así sea más sólida la identidad del discípulo de Cristo. 

María es la primera discípula y misionera; en cada rincón de Nuestro Continente y en el mundo entero se ha manifestado su intercesión para inspirarnos en el amor a su hijo y animarnos en el trabajo misionero por la Construcción de su Reino. 

Acompañemos con nuestra oración los preparativos y deliberaciones de tan importante Conferencia, para que Nuestra Iglesia sea renovada en el Espíritu y cada uno de sus miembros nos sintamos cada vez más dispuestos a entregarnos como discípulos y misioneros con nuestros pies en la tierra pero los ojos puestos en el cielo. 

Felices Pascuas de Resurrección!