Adiós a Occidente

Autor: Padre Juan Manuel del Río C.Ss.R. 

Correo: delriolerga@yahoo.es 

 

 

Por más alto que el águila vuele
a tierra tarde o pronto bajará
que si las torres altas y bajas se caen
también los imperios decaen,
es lo que sucedió al magnífico y gran Imperio
el Romano Imperio de Occidente.

Era el año del Señor
del cuatrocientos setenta y seis,
en crisis entró la eclesiástica ciencia
y otras cosas que no digo de la Iglesia,
adiós se dio a la literatura buena
adiós al áureo período de teológica sapiencia.

El Papa en líder se convirtió
de lo civil y administrativo
y si exceptuamos a Gregorio,
por sabio apodado
san Gregorio el Grande
apenas quedó escritor de renombre.

Si abrimos curiosos un mapa
y vemos de África el norte
pronto nos enteraremos
que empezando por los vándalos
y siguiendo por los árabes
no quedó resto cristiano
aunque, aún así y todo, destaca
el obispo san Fulgencio
seguidor ilustre del sabio genio
san Agustín de Tagaste.

En Italia sobresalieron
el filósofo Boecio
san Máximo de Turín
y además de san Gregorio
también Casiodoro el monje.

La Galia, que hoy llaman la Francia,
igualmente floreció
en torno al ilustre hermoso monasterio
de Lerins en Marsella
con san Vicente y Salviano
san Cesáreo de Arles
y san Gregorio de Tours.

¿Y qué decir de la España visigoda
y de la no menos visigoda su hermana Portugal?
Portugal a san Martín de Braga aportó,
san Ildefonso a Toledo honró
mientras a la andalusí Sevilla
san Isidoro bendecía
con quien, según dicen, se cerró
el periodo patrístico de Occidente.

Si san Agustín de Hipona
y otros de sus seguidores
contra el pelagianismo lucharon
hasta casi poner en riesgo
la libertad personal
de los hombres
en cuanto al importante tema
de su eterna salvación poder alcanzar,
ahora lo que importaba y así afloró
fue el teológico asunto de la Gracia.

Surgen y se configuran
distintos litúrgicos ritos
para todo el Occidente.
Aparte del consabido rito romano,
hay que recordar también el rito ambrosiano
por ser su inspirador san Ambrosio,
arzobispo que fue de Milán,
sin olvidar el visigodo rito
que mozárabe nombrarán
por ser propio y celebrativo
de España y de Portugal,
al que añadimos en Francia
el galicano rito
porque al de Inglaterra e Irlanda
rito celta lo llaman.

Pero entre rito y rito
adiós damos a Occidente
pues el gran Imperio Romano
había llegado a su ocaso.
Era el año del Señor
del cuatrocientos setenta y seis,
y esto es un dato de historia
que cada quien guardará en su mente.