En tu última Tarde

-a Bonifacio Presa-

Autor: Padre Juan Manuel del Río C.Ss.R. 

Correo: delriolerga@yahoo.es

 

 

En la suave ladera 
asentada al pie de la montaña
vestida aún de fiesta
por las penúltimas nieves 
del invierno
ha quedado tu cuerpo 
hasta ayer tan fuerte
y hoy obligadamente inerte.

Ya descansas en la paz callada 
del camposanto que guarda 
tus restos mortales
custodiados por el ventalle 
de los robles en el monte,
y el rumor constante del agua
río abajo en la quebrada,
la sonrisa humilde de las flores,
y el cariño de tu gente,
hasta que suene la hora 
de florecer resucitado
y subir cuando te llamen
al cielo
más alto que las montañas
y la nieve.

Hoy tu universo humano, 
de hombre, 
de proyectos y de sueños,
derrumbado, 
yace hasta parecer pequeño, 
minúsculo, hecho tierra, 
en la tierra que te vio nacer.

El haz y el envés,
de tu cuerpo y de tu alma, 
hechura de tu ser,
se han mirado sorprendidos
desde arriba y desde abajo,
hasta encontrarse 
en el punto más alto
del espejo diáfano 
del firmamento.

Guardo agradecido
en mi recuerdo
tu sonrisa placentera 
que quedó deslizándose 
en tu rostro 
como el adiós del amigo 
que se va sereno 
a cumplir su misión obligada 
de tener que morir. 

También guardo tu alegría, 
tu canto matinal, 
tan jovial, 
asomado al balcón azul 
de la primavera
envuelto en el relente 
diáfano de la sierra.

Al despedirme hoy de ti, 
un beso y una flor 
he dejado, temblando, 
como una oración, 
sobre tu tumba,
y al Dios bueno 
del cielo y la tierra,
le he rezado en mi plegaria 
con fervor 
al caer de tu última tarde, 
que te acoja 
con su amor de Padre.

Que la montaña y la nieve
velen tu sueño
arrullado por el susurro
cristalino y suave del Alberche.