Aquellas cartas

Autor: Padre Juan Manuel del Río C.Ss.R. 

Correo: delriolerga@yahoo.es

 

 

Eran aquellas, 
tus cartas, que llegaban 
aunque de tarde en tarde, puntuales,
escritas a plumín de estilográfica recargable.
Yo las leía con fruición, despacio,
adivinando más allá de la grafía 
y las faltas de ortografía,
no el mensaje, que era claro,
sino lo que pasaba por tu mente,
de niña, todo la mar de interesante.

Decías cosas íntimas, tan sinceras,
que sólo se dicen cuando se tienen, 
apenas incipientes, quince
primaverales años
y comienza a brotar en el corazón la flor
de aquello que sin saber resulta ser, 
y es, amor.

Intimista, sencilla, necesitabas decir
el gozo de sentir
aquello que sin querer resultaba ser amor,
pensando que tales cosas
solamente podían pasarte a ti
y escribírmelas a mí.

Si yo por dentro me reía, lo hacía
viendo caer la lluvia
golpeando suavemente los cristales
mientras el fuego chisporroteaba
haciendo saltar de vez en cuando 
chispas que animaban la lumbre.

Pensaba en tu amor ingenuo,
de niña, adivinando en tus ojos 
unos cielos tan profundos
que de pronto me olvidaba 
que estaba leyendo tu carta
y mi mente se marchaba 
a otros tiempos, a otros días,
cuando a mí también me daba
por escribir una carta sin remite 
y sin destino, porque sólo se trataba 
de un amor sincero, único, profundo,
imposible de entender por nadie
aun dando la vuelta al mundo.

Hoy al revolver entre papeles,
de otros tiempos, de otros días,
tan cercanos a la infancia,
he visto aparecer tus cartas,
de inconfundible personal grafía
y las consabidas faltas
de irredenta ortografía.

No es invierno, ni llueve tras los cristales,
ni hay fuego ardiendo, ni troncos
que animen en el hogar la lumbre.

Qué fue de ti, dónde estás, me pregunto
oyendo al viento ulular,
y como si me quisiera hablar, decir:
lee en silencio las cartas que nunca, 
por viejas, han de volverse a escribir,
ni nadie ha de volver a leer.