Mi poema es la vida

Autor: Padre Juan Manuel del Río C.Ss.R. 

Correo: delriolerga@yahoo.es

 

 

Mi poema es la vida, amasada de tierra, 
geografía labrada por el tiempo y los días
donde nadie jamás podrá suplantarme.
Me siento ser yo, con mi indigencia a cuestas, 
viajando hacia la luz, en la infinita claridad del Ser.

Admiro del árbol su cósmica canción 
en el verde pentagrama embrujado de paisaje 
que recrea mi ser; 
y acaricio, en estrofa de frescura, el agua
que mana en recóndita fuente cautiva, 
yo soy río, nacida lo mismo en la selva 
que en medio del desierto, 
agreste y soberbio de sol.

Solidario me siento de todas las estrellas
que navegan por el mar sin fondo 
de infinitas galaxias, cual ecuménicas viajeras, 
cuya existencia no tiene final.
Siento la armonía sublime de la flor, 
el gorjeo alborozado y solidario 
de los pájaros a la puesta del sol, 
y su alegre algarabía al nacer de cada día.

Hombre me sé, de divina hechura revestido, 
calzado con sandalias ligeras de fe,
que sediento de felicidad otea el horizonte
en irrenunciable tarea de búsqueda continua.

A la par de mi poema, del cosmos, o del fuego, 
las raíces de mi ser vibran en la inteligencia de la luz. 
Llevo del árbol genésico plantado en tierra firme
la savia.

Tengo la libertad de las gaviotas, 
planeando en el ancho y azul horizonte 
del mar, universo y sonrisa de sal; 
y en este valle de lágrimas he plantado mi tienda 
con techo de estrellas para adentrarme en el cosmos, 
sin complejo de sueños, 
y seguir siendo el soñador, más allá de los trigales, 
que al despertar juega naipes de magia
con luz embrujada de sol.

Póker de ases son mis cartas, 
aunque a veces, guarde un as entre la manga 
por si alguien quiere columpiar su fantasía 
en los cuernos de la luna 
mientras juego mi partida. 
Por lo demás, siempre apuesto a ganador, 
en la multicolor cancha de la vida.

Orientada tengo mi brújula a las estrellas, 
donde imagino ondear mi bandera 
en un mástil firme de esperanza.

Prefiero jugar con sol el juego necesario de la vida
mientras lentamente se escora la tarde al ocaso,
deslizándose igual que un poema
al punto final.

Y cuando llegue la noche, que llegará, 
un carrusel de luz las estrellas todas 
formarán, 
para alumbrar de azul celeste mi muerte.
Porque caída que sea la tarde, 
yo, bajo protesta de hombre formal
que ama la vida, 
verticalmente morir moriré.

Una túnica de luz me envolverá 
para seguir enhebrando, sin fin, mi poema 
como un canto eterno a la vida, 
más allá o más acá de las estrellas.

Guardaré en el carcaj tangencial del tiempo 
una flecha 
que en el corazón de la eternidad clavada
quedará vibrando a caballo del relente,
del trigal, del río, del árbol, de la estrella, 
y del viento, 
como una música que tendrá el sabor 
del agua fresca en la fuente 
donde abrevan su sed la oveja y la alondra, 
y cuantos, como yo, 
van hilvanando metafísicos sueños de luz,
hasta quedar varados como un barco
en la inmensidad de Dios.