Marcos 12, 18-27 

"No es un Dios de muertos sino de vivos"

Autor: Padre Juan José Palomino del Alamo

 

 

JESUS ROMPE CON LOS SADUCEOS (terratenientes) Y COMERCIANTES, 
(que no creen en la resurrección)
- Unos dicen que Jesús resucitó a la hija de Jairo, a Lazaro, etc, cuando sólo les concedió por un
tiempo "volver a la vida", que antes tenían.
- Otros "creen" que algo de nosotros, el alma, sobrevive.
- Y unos terceros "creen" en la resurrección, como continuación natural de esta vida: con nuestras 
funciones biológicas naturales, en estado de solteros o casados, etc. 
El problema sobre "la resurrección de los muertos" se lo plantea hoy a Jesús un grupo de
saduceos, que integran la familia sacerdotal. Quieren poner, ante Jesús, lo ridículo de la creencia de
la resurrección de los muertos.
Para poner a prueba a Jesús hablan de un caso extremo, la ley del levirato, tal como nos lo explica
con detalles el evangelio. No es sólo un problema antropológico sino más bien teológico. Para Jesús,
la resurrección de los muertos tiene su base en el poder de un Dios, que es vida y amor. Por eso, no
nos abandona a la muerte sino que nos conduce a una vida sin fin.
Jesús hace descubrir a todos que los saduceos, que han planteado la cuestión de la resurrección de 
los muertos, están muy equivocados, pues conciben la resurrección de los muertos como si fuera un
regreso a esta vida y a sus condiciones actuales. Son incapaces de descubrir que el poder de Dios
alcanza para mucho más.
Y les muestra su equivocación: en la vida otra no habrá matrimonio ni procreación. Todos, les dice, 
serán como ángeles de Dios, de Quien reciben la vida inmortal.
¿Qué decimos los creyentes hoy y ahora?
Tendríamos más bien que fijarnos en la transformación ya aquí, que se produce en nosotros en 
nuestro seguimiento a Jesús. Asi va creciendo en nosotros "el hombre nuevo", del que nos habla
San Pablo. Por obra del Espíritu Santo vamos construyendo una nueva persona propia, una manera
diferente y mejor de ser y de existir.
Y es ésta, la que resucita después de la muerte, y ya no muere.
Formaremos así en la vida otra la COMUNIDAD SALVADA. Todos nos conoceremos, todos
gozaremos de Dios, todos permaneceremos unidos en el amor.
"Porque nuestro Dios no es un Dios de muertos sino de vivos".
Tendremos, por tanto, que iniciar esta vida nueva aquí y ahora, porque la fe en la resurrección
debe traducirse en compromiso en nuestra vida y en una encarnación profunda en la historia.