Marcos 1, 21-28 

"Jesús enseñaba con autoridad"

Autor: Padre Juan José Palomino del Alamo

 

 

Según Marcos, después de llamar Jesús, para que le sigan, a dos parejas de hermanos (Simón y
Andrés, Santiago y Juan), comienza su actividad pública y oficial. Tiene lugar en la sinagoga de
Cafarnaún. Como todos sus compatriotas, Jesús acude el sábado a la sinagoga.


Para los judíos, la Sinagoga es casa de oración, lugar en donde se encontraban los sábados para
cantar almos, leer la Biblia, hacer comentarios de la Palabra de Dios leída, rezar, etc. El responsable
predica y también invita al que quiera participar del mismo modo. En esta ocasión, Jesús toma la
palabra y "se da a conocer". Así comienza la misión de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún y
después se extiende a la comarca.


El primer acto de Jesús, después del anuncio, consiste en un exorcismo (liberación del espíritu del
mal a un hombre allí presente). Habla con autoridad y con la misma autoridad expulsa al espíritu
inmundo, que esclaviza a un hombre. ¡Sorprendete!, ¿verdad?...


-No se dice nada del contenido de la predicación de Jesús.
-En cambio, aparece en la sinagoga (lugar de los puros) un hombre poseído por un espíritu inmundo.
Resulta paradójico que en el lugar donde se comentan y se estudian las Sagradas Escrituras (la
sinagoga), se dé al mismo tiempo tal inmundicia. Y, en cuanto aparece Jesús, el hombre con el
espíritu inmundo comienza a gritarle y en plural (como representando al resto): "¿Qué quieres de
nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros?
Confiesa el hombre -como parte del pueblo sencillo- que ellos siguen las enseñanzas de los letrados,
aunque les lleven al fanatismo y a afirmar la superioridad de Israel y el desprecio de los otros 
pueblos.


Y va creciendo el conflicto con los dirigentes en la medida que crece su reconocimiento por el
pueblo sencillo, al que habla, no con palabras grandilocuentes, sino con comparaciones sencillas,
entresacadas de la vida del pueblo.


Para expulsar al demonio de nuestra vida no es suficiente una "declaración de principios" firmada
con oposición y lucha. Tiene que ir acompañada de acciones de servicio y entrega, del compromiso 
de sacrificar nuestros propios intereses y colocar en el centro de nuestra vida las preocupaciones 
sobre las necesidades de los hermanos. Sólo así el espíritu inmundo saldrá del ser humano y será
vencido. Sólo entonces nos sentiremos liberados y, con la gracia del Señor Jesús, podremos liberar
a otros.