Carta a María en una semana especialmente santa

Autor: Padre Juan García Inza 

 

Querido amigo: Me encontré unas bellas palabras dirigidas a mi Madre María por nuestra hermana Emma Margarita. Pienso que lo mejor es dejar que hable ella. Yo hago mías sus palabras, y ofrezco con todo el cariño estas palabras dirigidas a mi madre desde el corazón, en unos días especialmente significativos. 

Mi madre y Yo sabemos bien lo que fue la Semana Santa. 

Nadie como ella, junto a Mí la pudo vivir. Yo sufría por ver sufrir a una mujer que una obra maestra de la Santísima Trinidad. Ella dijo SI a toda Nuestra Obra de la Redención. Y la Cruz la vivió desde el principio. Por eso me alegran estas palabras que ponen la nota delicada a la Semana Grande que empezamos, y que tantos recuerdos me traen de dolor y alegría. Lee despacio y medita. Contempla y ama. Quiero que me acompañes estos días con mi Madre y mis buenos amigos. No me dejes sólo. Yo también necesito tu amistad y tu consuelo. 




SU MARTIRIO ES PALABRA DE DIOS 




Arriba a ti la voz de sus discípulos 
rogando por Jesús, que les revela 
su muerte, su cercano sacrificio 
para acatar la ley de las estrellas. 

Les da su abecedario de cariño, 
les habla de una verde primavera, 
de la puerta que cierra el paraíso, 
del trascendente fin de la tragedia. 

No entienden su elevado veredicto, 
no consiguen unir letra con letra, 
y, porque en el misterio son novicios, 
detestan que le humillen, que padezca. 

Mas tú piensas, María, su martirio 
es palabra de Dios por los profetas. 


Y Pedro, el elegido, pide a gritos 
que el Padre le libere de la afrenta, 
el Rey omnipotente, el Infinito, 
le exima de la muerte y la condena. 

Pero Jesús le acusa de egoísmo, 
de preferir tenerle en su apariencia, 
de ser un ignorante y un mezquino, 
no ver que sin semilla no hay cosecha, 
si fructifica el grano desprendido 
fue el invierno el que abrió la sementera, 
sin la lluvia, la nieve y el rocío, 
no florece el jazmín, la madreselva, 
no brota la aceituna en el olivo 
y se muere la vida en nuestra tierra. 


Tú sabes, virgen-madre, que tu hijo 
es carne de tu carne, arcilla vieja, 
y aunque es Poder supremo, aunque es divino, 
la tentación de Pedro le espolea 
a abandonar el mundo a su albedrío, 
a renunciar a su misión benéfica, 
a dejarse llevar por lo terrígeno 
y a gozar de una vida que le espera, 
se alza el grito del hombre, y el suplicio 
estremece el pilar de su materia, 
y desea sumirse en un olvido 
que silencie el clamor de su conciencia. 
Mas, por ser hombre, entiende los desvíos 
y concede el perdón a las tinieblas. 


Emma-Margarita R. A.-Valdés 





Un saludo de corazón de tu amigo Jesús. 


Jesús