Vigilia de Navidad, Ciclo A

Autor: José Portillo Pérez

 

 

Mt. 1, 18-25

 

Con el propósito de que podamos comprender lo importante que es para nosotros celebrar la Natividad de nuestro Hermano y Señor Jesús, la Iglesia, en la vigilia de Navidad, nos propone una serie de lecturas para aumentar en nosotros el deseo de que Cristo, además de manifestársenos individual y colectivamente dentro de escasas horas como un niño débil y humilde, nuestro Señor transforme nuestra vida a través de la conversión, con el objeto de que podamos gozar, al final de los tiempos, de una existencia perdurable, sin dolor, sin rencores, sin malos entendidos que dificulten nuestras relaciones, y sin enfermedades que conviertan nuestra vida en una carga pesada.

Muchos de vosotros habéis recorrido grandes distancias para reuniros con vuestros familiares y amigos para conmemorar en su compañía la Solemnidad de la Natividad. Mientras aguardamos la llegada de la primera manifestación de nuestro Señor, recordemos las hermosas palabras del Apóstol: "Os anuncio la palabra de la vida que existe desde siempre. Nosotros la hemos oído y la hemos visto con nuestros propios ojos; la hemos contemplado y la hemos tocado con nuestras propias manos. Porque la vida que estaba junto al Padre se ha hecho visible, y la hemos visto y oído y somos testigos de ella. Ahora os la anunciamos para que juntos participemos en la unión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1, 1-3). Fijaos, queridos hermanos y amigos, con qué sencillez nos da a conocer San Juan su testimonio de Jesús. Juan nos dice en el fragmento de su primera Carta lo que se contiene en estos otros versos de su Evangelio: "Cuando todas las cosas comenzaron, ya existía aquel que es la palabra. Y aquel que es la palabra vivía junto a Dios y era Dios. Junto a Dios vivía cuando todas las cosas comenzaron" (Jn. 1, 1-2). Juan nos dice que, junto a los demás Apóstoles, ha visto a Jesús, le ha oído, ha contemplado a Jesús obrando prodigios que significan la abundancia del Reino de Dios, y que sus manos palparon a aquel que es el Verbo o Palabra de Dios, el fundamento de nuestra vida, según consta en el Evangelio del más amado de los Apóstoles del Señor: "Todo fue hecho por medio de él y nada se hizo sin contar con él" (Jn. 1, 3). Juan vio la manifestación de la vida en Jesús, el cuál exclamó antes de resucitar a su íntimo amigo Lázaro: "-Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y ninguno de los que viven y tienen fe en mí morirán para siempre" (Jn. 11, 25-26). Juan también nos dice en su Evangelio con respecto a Jesús: "Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó junto a nosotros; y vimos su gloria, la que le corresponde como Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1, 14).

Concluyamos esta meditación pidiéndole a nuestro Padre y Dios que avive en nosotros el deseo de ser fieles testigos de Jesús.