Domingo XXIX del Tiempo del Ordinario, Ciclo B

Autor: José Portillo Pérez   

 

 

El 25 de junio del año 2002, con motivo de la celebración del Apóstol Santiago el Mayor, publiqué un texto en la red, que puede ayudarnos a comenzar nuestra meditación de las lecturas correspondientes a este Domingo Mundial de la Propagación de la Fe.

"1. El pasado día 30 de junio, durante la tarde, decidí apagar el ordenador, y vivir mi fe fuera del mundo virtual, así pues, sabiendo de la gran cantidad de personas mayores que están muriendo todas las semanas en un pequeño pueblo llamado Cajiz (Málaga, España), me dirigí a ese pueblo, a expresarles mis condolencias, a los familiares de los difuntos. ¡Qué gran alegría sentí al volver al pueblo en el que se encuentra la parroquia en la que empecé a cimentar mi fe! Ese día me encontré con gente enferma, marcada por el cansancio de haber vivido incontables días vigilando las asechanzas de la muerte sobre sus familiares queridos.

2. ¿Qué relación existe entre lo expresado en el párrafo anterior y el Evangelio de hoy? Los Zebedeos deseaban permanecer junto a Cristo en el Reino de Dios, para destacar así entre los mayores santos de la historia de la salvación.

Los cristianos no han de destacar en el mundo por causa de sus riquezas materiales, sino por la vivencia de la riqueza que representan sus virtudes.

Los cristianos no han de ser estimados por causa de la posición social que ocupan, sino según la actitud que toman ante los problemas y carencias de sus hermanos los hombres.

Los cristianos no han de destacar en el medio religioso por causa de sus ricas y bellas vestiduras, sino por la gracia divina que les antecede y precede.

Los cristianos no han de destacar en su medio por su estatura, sino por su forma desmedida de amar a quienes conocen y a quienes no conocen.

Los cristianos no han de destacar por su poder, pues han de ser conocidos por su loable humildad.

Los cristianos no han de ser conocidos por la sobreabundancia de bienes materiales, pues ellos han de ser amados por su dignificadora pobreza espiritual...".

Hace varios años, cuando ejercía mi trabajo un día de invierno (soy vendedor del cupón de la ONCE), vi a una mujer que estaba muy triste, así pues, decía que sufría mucho, y que no sabía cuál era la causa por la que Dios no la ayudaba a superar su tristeza, pues ella ignoraba lo que nuestro Padre común quería de ella. Aquél recuerdo me impactó tanto, que oré pidiéndole a nuestro Criador que me diera una respuesta satisfactoria para responder la pregunta que la mujer que encontré una fría mañana le planteó a una psicóloga, la cuál, hábilmente, desvió la conversación, diciéndole que acudiera a sus reuniones catequéticas. Por la gracia de Dios y por mi incesante deseo de examinar la Biblia diariamente, encontré en el Evangelio de San Juan las siguientes palabras de nuestro Señor, con las cuales puedo responder la citada pregunta: "-Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en su enviado" (JN. 6, 29). En este Domingo en que nos admiramos al recordar la incesante labor que los misioneros están realizando en muchos países, tenemos una gran oportunidad de demostrarle a nuestro Santo Padre que creemos en él, sirviéndolo en nuestros prójimos los hombres. En el libro de los Salmos leemos: "No te reprocho por tus sacrificios, pues a diario me presentas tus holocaustos. Pero no aceptaré un novillo de tu casa ni un macho cabrío de tu rebaño, pues todas las fieras agrestes son mías y hay miles de bestias en mis montes;... Sea tu sacrificio a Dios confesar tu pecado. Cumple tus votos al Altísimo" (SAL. 50, 8-10. 14). Nosotros no podemos hacer nada por nuestro Padre celestial, pues él es todopoderoso, pero sí podemos servirlo en nuestros prójimos los hombres. San Pablo les escribió a los Corintios: "El amor es comprensivo y servicial: el amor nada sabe de envidias, de jactancias, ni de orgullos" (1 COR. 13, 4). El Apóstol de las gentes les escribió unas palabras muy bellas a los esclavos de éfeso que creían en nuestro Señor que contienen una gran lección para nosotros: "Prestad vuestros servicios de buen grado, teniendo como punto de mira al Señor y no a los hombres. Y recordad que el Señor recompensará a cada uno según el bien que haya hecho, sin distinguir entre amo y esclavo" (EF. 6, 7-8). No debemos servir a nuestros prójimos con la intención de que ellos sepan que somos excelentes personas, así pues, es necesario que les ayudemos a solventar sus carencias, con la doble intención de alabar a Dios agradeciéndole el bien que nos ha hecho, y de solventar sus problemas.

Al definir la palabra amor, podemos constatar que el servicio recíproco es una necesidad que ha de caracterizar la vida de los cristianos. El amor es un sentimiento intenso que, partiendo de nuestra insuficiencia, necesita y busca el encuentro y la unión con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, e incluso desconocidos que nuestro Criador pone en nuestro camino. Al procurar la reciprocidad a la hora de servirnos unos a otros, comprobamos que el amor nos engrandece, nos completa, nos llena, nos colma el corazón de la alegría que necesitamos para vivir.

Las siguientes citas de San Pablo que he extraído del libro Trigo de Dios, pan de vida (de esta obra tomó el nombre mi asociación de whsytes), nos servirán para comprender mejor las lecturas de hoy:

"Si alguna fuerza tiene una advertencia hecha en nombre de Cristo, si de algo sirve una exhortación nacida del amor, si nos une el mismo Espíritu (Santo), si alienta en vosotros un corazón afectuoso y compasivo, llenadme de alegría teniendo el mismo pensar, alimentando el mismo amor, compartiendo los mismos sentimientos, buscando la común armonía.

No hagáis nada por egoísmo o vanagloria, sed humildes y considerad que los demás son mejores que vosotros.

No busquéis el provecho propio, sino el de los demás.

Portaos, en fin, como lo hizo Jesucristo.

A pesar de su condición divina, Cristo Jesús no quiso hacer de ello ostentación.

Se despojó de su grandeza, tomó la condición de siervo y se hizo semejante a los humanos. Más aún, hombre entre hombres, se rebajó a sí mismo hasta morir por obediencia y morir en una cruz. Por eso, Dios le exaltó sobre todo lo que existe y le otorgó el más excelso de los nombres, para que todos los seres, en el cielo, en la tierra y en los abismos (el infierno), caigan de rodillas ante el nombre de Jesús, y todos proclamen que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre"

(FLP. 2, 1-11).

"Cada vez que os recuerdo, doy gracias a mi Dios, y cuando ruego por vosotros, lo hago siempre lleno de alegría. No en vano os habéis afanado conmigo en la difusión del mensaje de salvación desde el primer día hasta hoy.

Y estoy seguro de que Dios, que ha comenzado entre vosotros una labor tan excelente irá dándole cima en espera del día de Cristo Jesús. ¿Acaso no está justificado esto que siento por vosotros? Os llevo muy dentro del corazón, ya que compartís conmigo este privilegio mío de estar preso y de poder defender y consolidar el mensaje de salvación. Testigo de Dios de que el amor a Jesucristo me hace suspirar ardientemente por vosotros. Y esta es mi oración: que vuestro amor crezca más y más y se traduzca en un mayor conocimiento y sensibilidad espiritual. Así podréis discernir lo que mejor convenga, se os encontrará limpios e irreprochables el día de Cristo y estaréis cargados de los frutos de salvación que otorga Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios"

(FLP. 1, 3-11).

"Sois hijos amados de Dios. Procurad pareceros a él y haced del amor norma de vuestra vida, pues también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio que Dios recibe con agrado.

Y en cuanto a lalujuria, a cualquier clase de impureza o a la avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros. así deben comportarse los creyentes"

(EF. 5 1-3).

"Tú, hijo mío, procura que la gracia de Cristo Jesús te fortalezca. Y lo que me oíste proclamar en presencia de tantos testigos, confíalo a personas fieles, capaces a su vez de enseñarlo a otras personas. Como fiel soldado de Cristo Jesús, no te eches atrás a la hora de las penalidades. Ningún soldado en activo senreda en asuntos civiles, a fin de estar a entera disposición de quien le alistó. Lo mismo sucede con los atletas: sólo si se ajustan a las reglas del juego pueden ser declarados vencedores. Y con el labrador: el que se afana en su trabajo tendrá derecho antes que nadie a recoger los frutos.

Supongo que entenderás lo que quiero decirte. En cualquier caso, el Señor hará que lo comprendas plenamente.

Ten siempre presente a Jesucristo resucitado, que nació de la estirpe de David; éste es el mensaje de salvación que yo anuncio, y por el que he venido a dar en la cárcel como si fuera un malhechor. Pero nadie puede encarcelar el mensaje de Dios. Por eso lo soporto todo para bien de los elegidos, a fin de que también ellos alcancen la salvación y la gloria eterna lograda por Cristo Jesús.

Doctrina de fe es ésta: Si morimos con Cristo, viviremos con él; si nos mantenemos firmes, reinaremos con él; si le negamos, también él nos negará; si le somos infieles él permanece fiel, pues no es posible que falte a su palabra.

No eches en saco roto lo que te digo y en nombre de Dios ordena que nadie se enzarce en disputas vanas que no sirven para nada, sino únicamente para ruina de los que asisten a ellas.

Esfuérzate por merecer la aprobación de Dios, como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse, como un fiel pregonero del mensaje de la verdad.

Evita la estéril verborrea: los que la fomentan se precipitan en una vida cada vez más impía, y su enseñanza es como un cáncer que todo lo devora"

(2 TIM., 2, 1-17).

(Trigo de Dios, pan de vida).

Concluyamos esta breve meditación, pidiéndole a nuestra Madre celestial, que, a imitación de ella, nos sintamos llamados a servir a nuestro Padre común en nuestros prójimos por amor, de la misma forma que ella sirvió a su parienta Elisabeth, cuando la mujer de Zacarías estaba embarazada de su hijo San Juan Bautista.