Solemnidad. Santa María, Madre de Dios

Autor: José Portillo Pérez 

 

 

Estimados hermanos y amigos:

   Os deseo un feliz año nuevo en el Señor en el que le pido a nuestro Padre común que os enriquezca tanto en el campo espiritual como en el terreno material.

balance de fin de año e inicio de una vida nueva en Cristo Jesús.

   En cada ocasión que concluimos un año y empezamos a vivir un nuevo periodo de 365 días, decimos la frase: Año nuevo, vida nueva, pero, ¿hasta qué punto son veraces esas palabras? No nos dejemos engañar por la supersticiosa frase que hemos recordado, pues el fin de un año y el comienzo de otro no suponen para nosotros un cambio de vida real, pues estamos demasiado acostumbrados a hacer muchas promesas en el tiempo de Navidad que no cumplimos, ora por pereza, porque creemos que no tenemos tiempo para ello, o porque nos sentimos débiles para realizar nuestros sanos propósitos. San Pablo les escribió a los Efesios: "Dad lugar a la renovación espiritual de vuestra mente y vestíos del hombre nuevo, creado por Dios para una vida verdaderamente recta y santa" (EF. 4, 23:24). El comienzo de la vida nueva está marcado por el hecho de encaminarnos por la senda correcta, pues los buenos deseos que no se cumplen sólo son la mera ilusión de un acto teatral que vivimos todos los años, rayos de esperanza que mueren cuando, al concluir las fiestas navideñas olvidamos al incorporarnos a nuestras actividades ordinarias. Recordemos que el hecho de caminar en la dirección correcta, si bien puede hacernos sufrir, puede aportarnos ilusión y felicidad verdaderas, si somos perseverantes para proponernos objetivos que sabemos que podemos alcanzar. Si no somos perseverantes para proponernos metas altas, empezaremos por hacer cosas que no nos supongan un gran esfuerzo y, a medida que nos vayamos superando, nos propondremos metas más difíciles de alcanzar. Si nos decidimos a cambiar de vida, no serán las doce campanadas del reloj las que marcarán el antes y el después en nuestra vida, pues la conciencia y el corazón de cada uno de nosotros han de indicarnos que hemos empezado a cambiar, quizá fracasando muchas veces al intentar alcanzar nuestros objetivos, pero sin rendirnos, ya sea al no desesperarnos en la difícil búsqueda de trabajo, al intentar dejar el tabaco, al no desesperarnos al desear estar con los familiares que tenemos en otros países de los que sabemos que están enfermos y necesitan que estemos con ellos manifestándoles nuestro amor, etcétera.

   El inicio de este nuevo año que estamos comenzando a vivir, no estará marcado únicamente por los abrazos que vamos a dar y a recibir, pues, aunque el mundo no cambie, nosotros le vamos a dar a cada uno lo que le pertenece por justicia. Tengámosles paciencia a los niños inquietos, y, cuando nuestros mayores nos cuenten las mismas historias muchas veces, actuemos como si nos las contaran por primera vez, pues sus recuerdos les ayudarán a olvidar su debilidad, al recordar que en el pasado fueron útiles para sus familiares y amigos, y que gozaron intensamente cuando se sintieron amados. Jesús dijo en cierta ocasión: "DE igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado. decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer" (LC. 17, 6). Jesús no pretende hacer que nos sintamos desanimados y que dejemos de hacer el bien por causa de nuestro desaliento, sino hacernos entender que no debemos conformarnos al hacer una pequeña buena obra, cuando podemos llevar a cabo otras muchas buenas acciones, al realizar un pequeño sacrificio de tiempo que puede suponernos ser más amados por quienes favorezcamos. A este respecto, recordando el mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz de este año, os pido que oremos para que comprendamos que necesitamos ser más solidarios, para poder conseguir que el mundo en que vivimos sea más justo.

   Miremos a las personas y a los acontecimientos con los ojos de la fe que hemos recibido de Dios. No todas las cosas pueden hacerse en el mundo como a nosotros nos gustaría que se hicieran, ni todas las personas pueden compartir nuestros gustos ni someterse al cumplimiento de nuestra voluntad, pero la diversidad tiene un valor enriquecedor que no podemos desaprovechar, pues el mismo puede hacernos más hombres y mujeres abiertos a la comprensión y aceptación de nuestros prójimos. Abrámonos al mundo, para que el mundo, al ver que no debe cuidarse de nuestras malas intenciones, se arriesgue a abrirse a nosotros.

   No nos empeñemos en empezar a vivir de nuevo como si nunca hubiéramos existido, porque somos la resultante del pasado, el presente y el futuro. Si, por ejemplo, fumas y no puedes dejar el tabaco fácilmente porque tienes el hábito de consumirlo muy arraigado, puedes buscar la forma de lograr el objetivo de dejar de fumar en el futuro. Los problemas del pasado que arrastramos no pueden ser olvidados al mentalizarnos de que vamos a empezar a vivir una vida nueva, pues nuestra falsa ilusión será un disfraz de noche vieja que nos hará olvidar nuestras inquietudes por un rato, pero esas causas que nos hacen sufrir serán recordadas una vez que concluyan las celebraciones.

   Si empezamos a caminar por el camino correcto hace años, no nos desearemos un feliz año en esta ocasión porque vamos a cambiar de vida, sino un buen año, mejor o peor, pero distinto del anterior. Obviamente no nos deseamos ningún sufrimiento, pero en el caso de tener que afrontar algún hecho que nos haga padecer, nos deseamos fortaleza para que el mismo no nos debilite, sino que nos fortalezca la experiencia que la vivencia del mismo nos pueda aportar.

   Si los acontecimientos que hemos vivido nos han marcado de una manera positiva, no debemos considerar que nuestra experiencia es mediocre, así pues, unos cuantos acontecimientos extraordinarios y un sinfín de sucesos cotidianos, han hecho de nosotros las personas que hemos llegado a ser, gente con defectos característicos de nuestro género, pero con ganas de vivir y de afrontar nuevos retos.

   No pretendamos dejar recuerdos que creemos adversos en el olvido, pues ello no es posible, porque esas experiencias nos han ayudado, ora debilitándonos para que posteriormente pudiéramos fortalecernos, ora fortaleciéndonos para que podamos afrontar circunstancias más dolorosas.

   Aunque todos tenemos un valor intrínseco que nadie nos puede quitar simplemente porque somos personas, éste año nuevo para uno y distinto para otros que acabamos de empezar, puede hacer de nosotros mejores o peores hombres y mujeres, pero ello no depende del paso del tiempo, sino de la aptitud y de la actitud con que afrontemos las circunstancias que vamos a vivir durante los próximos 365 días.

   A pesar de la crisis económica que vive el mundo todo, gracias a la llegada de las celebraciones características de este tiempo, muchos comerciantes se han percatado de que sus ventas han aumentado. ¿Debemos celebrar los cristianos la Navidad social? Si examinamos la Biblia, nos damos cuenta de que Dios no es un Juez que nos exige que seamos una especie de hombres infalibles porque nos ha creado imperfectos, ni un espía que busca desesperadamente defectos en nosotros para aplicarnos su justicia implacable, así pues, El quiere que nosotros celebremos fiestas en las que se cumplan una serie de condiciones, como lo son el aumento del conocimiento de su Palabra en beneficio del crecimiento de nuestra fe, la mejora de nuestras relaciones con nuestros prójimos, y el hecho de impulsarnos a ser mejores personas cristianas. Si las fiestas que celebramos dejan de cumplir uno solo de los requisitos citados, hemos de impedir la celebración de la misma, porque ello es un deber de conciencia. Siguiendo las instrucciones bíblicas, la Iglesia nos insta a que celebremos fiestas, siempre que no descuidemos el culto a Dios, y que atendamos las carencias de nuestros familiares y de quienes son pobres, y están enfermos o desamparados. De nada me aprovecha el hecho de poner el nacimiento de Jesús en mi casa si no estoy pendiente de las necesidades de mi mujer ni me responsabilizo de paliar el sufrimiento del mundo según las escasas posibilidades que están a mi alcance para ello. Sucede en este tiempo que muchos conocedores de la Palabra de Dios se dedican a celebrar la Navidad de una forma que Dios desaprueba, comiendo y bebiendo sin control, negándose a crecer espiritualmente, imposibilitando el crecimiento de sus relaciones personales, y atentando contra su propia salud. Naturalmente todos somos libres de hacer lo que queramos con nuestra vida, pero, a parte de que no podemos hacer nada que perjudique a nuestros prójimos, como beber sin control para conducir después y tener un accidente que acabe con la vida de nuestros familiares o amigos, merecemos ser felices actuando de una forma adecuada para lograr aquello por lo que se esfuerzan quienes creen que se merecen vivir un futuro mejor. de la misma manera que Dios nos amó hasta el extremo de dejar que su Hijo muriera por nosotros, no hemos de olvidar que la ejecución de su justicia no se puede interrumpir. No pretendo decir que quienes no cumplan las normas de Dios irán al infierno, sino que todos recogeremos aquello que sembremos, así pues, del tabaco y el alcohol son consecuentes enfermedades muy graves, pero, del esfuerzo por fomentar las relaciones con nuestros prójimos, son consecuentes muchos frutos que no merece la pena perder (Vé. EF. 4, 17:22).