XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A
Mateo 25,14-30: La pobreza, la oración y el servicio a Dios.
Autor: José Portillo Pérez
Estimados hermanos y amigos:
En el Evangelio de hoy hemos recordado la parábola de los diez talentos, un relato de Jesús en el que se nos demuestra que todos nosotros, independientemente de nuestra posición social y de nuestras enfermedades podemos servir a Dios. Es imposible que todos seamos grandes predicadores de justicia tal como lo fueron Jesús y sus Apóstoles, pero, si lo deseamos, podemos servir a nuestro Padre común, porque El no valora nuestras obras basándose en criterios meramente humanos, así pues, dado que nuestro Padre común es más perfecto que nosotros y sabe que por causa de nuestra imperfección cometemos muchos errores, valora mucho la intención con la que lo servimos en nuestros prójimos los hombres. Comprendemos que Dios perdona los errores que nosotros cometemos al servirlo, así pues, además de perdonar nuestros pecados, comprende que en ciertas ocasiones nuestros errores no se deben al deseo de desobedecerlo.La semana pasada concluí la meditación que os envié pidiéndoos disculpas por no enviaros mis reflexiones ininterrumpidamente todas las semanas, y, dado que os dije que estoy pasando por una situación económica difícil, he recibido cientos de correos de muchos de mis queridos hermanos lectores que están sufriendo situaciones semejantes a la mía. Es esta la razón por la que he tomado la decisión de meditar junto a vosotros en esta ocasión sobre los siguientes puntos: la pobreza, la oración y el servicio a Dios.
1. La pobreza.
En mi última meditación os recordé que, cuando el Reino de Dios sea plenamente establecido entre los hombres, nuestro Padre común exterminará todas las situaciones dolorosas características de nuestra vida, pero, a pesar de las promesas bíblicas que recordamos juntos, actualmente son muchas las personas las que desean suicidarse porque no soportan sus enfermedades, son muchos los niños que mueren cada hora de hambre, etcétera. Una hermana de Argentina me ha preguntado: "¿De qué manera se beneficia Dios de la pobreza de mi familia?". Si tenemos en cuenta que todas las situaciones que vivimos a lo largo de nuestra vida constituyen una experiencia positiva para nosotros, podemos responder la pregunta de nuestra hermana sudamericana utilizando para ello el libro de Isaías, pues en el mismo encontramos las siguientes palabras: "Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir" (IS. 48, 17). La enseñanza que recibimos de Dios es provechosa para nosotros, así pues, nuestro Padre común ha hecho que su Palabra escrita en la Biblia llegue a nosotros a través del paso de muchos siglos, y ha capacitado convenientemente a muchas personas para que sientan un vivo deseo de transmitir su conocimiento de la verdad de nuestro Padre común con el fin de que las mismas nos interpreten las Sagradas Escrituras. Dios es perfecto, así pues, dado que El sabe todo lo que nos enseña, comprendemos que El no se beneficia en absoluto de las situaciones que vivimos, pues somos nosotros los que nos beneficiamos de todas las cosas que aprendemos de El, según hemos visto en la Profecía del primero de los Profetas mayores.Hace algún tiempo, intenté predicarle el Evangelio a uno de mis amigos ciegos que, después de perder su trabajo, se ha visto forzado a mendigar, hasta que ha encontrado a uno de sus familiares, el cuál lo ha socorrido. Mi amigo me dijo: "Te propongo que hagas una prueba. Enciérrate en tu casa, siéntete impotente porque no puedes ganar dinero para vivir, pasa tres días sin comer ni beber agua como he pasado yo, y lee la Biblia, intentando que el conocimiento de Dios te solucione el problema de llenarte el estómago". Los cristianos, a diferencia de quienes carecen de fe, tenemos una ventaja a la hora de sufrir por cualquier causa, así pues, aunque desconocemos las razones por las que padecemos, tenemos la certeza de que Dios está con nosotros. En el libro de los Salmos encontramos las siguientes palabras inspiradas por Dios: "Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano. Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan" (SAL. 37, 23:25). Si el Salmista escribió que jamás había visto a ningún hombre justo mendigando, ¿significa este hecho que quienes no tenemos un buen futuro asegurado en términos económicos no somos dignos de ser tenidos en cuenta por Dios? El autor del Salmo 37 vivió una experiencia muy difícil, así pues, cuando su hijo Absalón se reveló contra él, cayó gravemente enfermo, lo traicionó uno de sus hombres de confianza el cuál se unió a Absalón, y sus enemigos esperaban impacientemente su muerte. David escribió: "Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo (el día del dolor) lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad" (SAL. 41, 1:3). Dios no libró a David milagrosamente de su enfermedad, pero le dio fuerza a su ungido para que pudiera soportar aquella situación tan difícil. Recordemos juntos el sufrimiento del sucesor de Saúl.!... teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David... Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella. Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete... Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho... Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo; Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes. Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón les había mandado... Y Absalón huyó. Y el rey David deseaba ver a Absalón; pues ya estaba consolado acerca de Amnón, que había muerto... Vino, pues, Joab al rey, y se lo hizo saber (que Absalón deseaba verlo). Entonces llamó a Absalón, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey; y el rey besó a Absalón... (2 SAM. 13, 1. 14:15. 28:29. 34. 39; 14, 33). Una vez que Absalón entró en Jerusalén como rey después de que David su padre huyera con todos sus seguidores, aconteció un suceso que nos enseña a soportar nuestras situaciones difíciles: "Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y salía maldiciendo, y arrojando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David; y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda... Y dijo David...: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida; ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho. Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy" (2 SAM. 16, 5:6. 11:12). Aunque Dios le devolvió el reinado de Israel a David después de que aconteciera la muerte del traidor Absalón lo cuál entristeció mortalmente a su padre, podemos constatar que Dios no acabó de golpe con los problemas de David, así pues, antes de devolverle el reinado, le dio una gran sabiduría práctica para que pudiera soportar su sufrimiento.Hay un último aspecto del relato bíblico que estamos meditando que deseo destacar antes de instaros a reflexionar sobre la oración. Si abrís el segundo libro de Samuel por el capítulo 27, versículos 27:29, veréis cómo David y sus hombres, vencieron su cansancio siendo servidos con adecuación a sus carencias. ¿Sabemos quién nos ha favorecido más de lo que lo pueda hacer nadie jamás en los años que hemos vivido? Si el Dios que es rechazado por nosotros ha sido misericordioso con sus hijos, ¿qué se espera que hagamos los cristianos con quienes tienen carencias materiales y /o espirituales? Quizá pensamos: ¿Tenemos los medios necesarios para paliar la pobreza de la humanidad? Veamos el ejemplo de la viuda del Evangelio: "Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: DE cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento" (MC. 12, 41:44). Si somos conscientes de que el hecho de tener ropas excesivamente caras no va a mejorar nuestra posición social ante Dios, y de que cuando tengamos hambre lo mismo vamos a disfrutar de un plato de lentejas que de una ración de langostinos, lo único que tenemos que hacer es gastar el dinero estrictamente necesario, con el fin de no quedar totalmente sumidos en la pobreza. Por otra parte, no hemos de olvidar la veracidad de los proverbios bíblicos: "Todos los días del afligido son difíciles; mas el de corazón contento tiene un banquete continuo. Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio" (PR. 15, 15:17).Consideremos el caso de Job. Este creyente en nuestro Padre común perdió a sus hijos y todas sus riquezas. Antes de herirlo de lepra, Satanás le dijo a Dios: "Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida" (JOB. 2, 4). ¿Recordáis cómo reaccionó Job ante el sufrimiento que vivió? Job "dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dió, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job (desconfiando de Dios), ni atribuyó a Dios despropósito alguno" (JOB. 1, 21:22). A pesar de todo lo que os he dicho, si los ejemplos de David y de Job no os bastan para creer que nuestro Padre común os ayudará aunque no sepáis de qué forma os socorrerá, prestad atención a lo que nos dice nuestro Criador a través del Salmista, con respecto a lo que hemos de hacer, mientras esperamos que nuestro Padre común nos ayude: "Mas yo andaré en mi integridad; redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová? (SAL. 26, 11:12). "Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron" (SAL. 9, 9:10).
2. La oración.
En el Salmo 145, 16, leemos: "Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente". ¿DE qué maneras nos está bendiciendo Dios a quienes vivimos tiempos difíciles? En primer lugar, con el fin de que creamos en El, y con la intención de que no perdamos la fe ante nuestras tribulaciones, nuestro Padre común, nos hace conocer su Palabra. Ciertamente el conocimiento de la Biblia no sacia nuestra hambre, pero el mismo reduce considerablemente la carga de nuestras dificultades. Una hermana lectora de mis meditaciones me ha escrito un correo indicándome que quizá Dios no escucha sus oraciones, probablemente, porque ella no sabe orar como es debido. Para comprender la situación de los afligidos por cualquier causa tenemos que ver las situaciones dolorosas desde el punto de vista del Dios que no permite que nuestro sufrimiento sea inútil, así pues, recordemos el proverbio bíblico: "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia" (PR. 3: 5). La forma más apropiada de orar desde nuestra situación requiere de mucha fe, pues no nos comunicamos con Dios como quienes recurren a la meditación para olvidar su estrés, dado que nosotros creemos en nuestro Padre común. Tenemos que ser humildes y hablar con Dios como si El se sentara junto a nosotros en un lugar en el que sólo nuestro Padre común pudiera hablarnos, examinar nuestros corazones y curar nuestras heridas. Dios responderá a nuestras oraciones a través del texto de la Biblia y la instrucción de los buenos conocedores de la Palabra de Dios, y nos dará el aguante que necesitamos para sufrir el tiempo que tengamos que padecer nuestras situaciones difíciles. No es descartable el hecho de que Dios se valga del medio que menos esperemos para solventar nuestros problemas.¿Qué ocurre cuando le rogamos a Dios que venga en nuestra ayuda y El no se nos manifiesta, y nosotros creemos que El no escucha nuestras oraciones? Mientras que nosotros vivimos un reducido número de años, nuestro Padre celestial dispone de tiempo indefinido para llevar a cabo su propósito de salvarnos. Dios no hace las cosas cuando nosotros le pedimos que actúe, pues El sabe en qué momento tiene que actuar, de manera que nos beneficiemos de ello. Meditemos las palabras del Salmista: "¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío" (SAL. 45, 5). DE la misma manera que sabemos cuál es la causa por la que se abate nuestra alma, hemos de saber que Dios vendrá en nuestra ayuda a su debido tiempo, y que hemos de desear servirlo. ¿Creemos que Dios nos ha abandonado? "Yo Jehová no cambio..." (MAL. 3, 6). Convirtamos el silencio de Dios en gritos de júbilo de alabanza a nuestro Padre celestial, pues nuestro aguante será un fiel ejemplo para que los creyentes en Dios no pierdan la fe.
3. El servicio a Dios.
Si yo le predico el Evangelio a una persona que tiene problemas económicos y no le ayudo en conformidad con mis posibilidades a vencer sus dificultades, mis palabras carecerán de sentido, porque los cristianos no hemos de conformarnos con predicar, como si Dios no nos hubiera enviado a ayudar a quienes tienen necesidades materiales y espirituales. Todo lo que tengo en las manos no es mío, pues es Dios quien me lo ha dado. Si tus manos están vacías, tengo que compartir lo que tengo contigo, por amor a Dios y a ti, y para no demostrar que Dios es un mentiroso. ¿Habéis pensado que cuando pecamos dejamos a Dios tan mal ante quienes herimos por causa de nuestra iniquidad como quedamos nosotros?Si no sabemos lo que hacer para solucionar nuestros problemas, en vez de quedarnos en nuestros hogares entristeciéndonos y haciendo sufrir a nuestros familiares, vamos a buscar a los necesitados que se dejen ayudar y consolar, porque ayudando seremos ayudados, según la medida en que seamos misericordiosos. Yo consolé hace varios meses a un hombre que vio fallecer a un familiar a quien amaba mucho. Posteriormente ayudé al citado hombre a resistir la presión que sus hermanos ejercían contra él. Mi hermano -no lo puedo llamar de otra manera-, me ayudó a cerrar un negocio sin que perdiera mucho dinero, y me ha dado dinero para que pueda esperar a recibir ayuda del Estado. Esto no significa que tengo dinero para vivir hasta la primavera, pero, hasta hoy, no me faltan ni ropa, ni comida ni un techo bajo el que resguardarme. Puede darse el caso de que ayudemos a alguna persona la cuál pueda ser desagradecida con nosotros, hasta el punto de no ayudarnos cuando tengamos problemas, pero, aparte de que no debemos ser rencorosos, no hemos de hacer el bien por egoísmo, según las palabras de Jesús: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (MT. 6, 33). Recuerdo un lejano día de mi niñez en el que me disponía a subir varios escalones y una niña pequeña se lanzó desde el último escalón a mis brazos, sin pensar que podía caerse. Esa niña era mi prima. A imitación de la confianza de la citada niña, antes de preocuparnos por nuestra situación actual, ocupémonos de glorificar el nombre de Dios debidamente, pues nuestro Padre común se ocupará de resolver nuestros problemas algún día utilizando algún medio apropiado para ello.Intentemos memorizar versículos de la Biblia que podamos recordar cuando necesitemos ser consolados por Dios. Si podemos memorizar los nombres, apellidos y apodos de los futbolistas de nuestro equipo deportivo favorito, ¿por qué no aprendemos versículos bíblicos cuya meditación nos ayude a constatar que nuestros problemas no son tan graves como pensamos y que los mismos tienen solución? Examinemos MT. 7, 7: "Pedid -nos dice Jesús-, y se os dará". ¿Qué debemos pedirle a Dios? Si anteponemos el Reino de Dios y su justicia a nuestros afanes cotidianos, nos serán muy útiles las palabras proféticas: "Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra" (IS. 62, 6:7). Que no os preocupe el hecho de pedirle a Dios miles de veces las mismas cosas, pues ello significa que tenéis interés en conseguir lo que deseáis. No es lo mismo orar por la unidad de los cristianos entre los días dieciocho y veinticinco de enero (la semana de oración por la unidad de los cristianos) que hacerlo todos los días del año. Por otra parte, si creemos que ayudando a nuestros prójimos seremos ayudados, también nos serán útiles las siguientes palabras del Salmista: "Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría" (SAL. 137, 5:6). Cuando empecé a predicar a través de Internet el pasado año 2002, me escribió un lector, preguntándome: "¿Cómo podré transmitirles a quienes les anuncio el Evangelio la alegría que me falta a mí?". Yo le contesté: "Anuncia el Evangelio, y confía en que Dios no te abandonará en tu empeño". Mi joven lector me escribió por segunda vez, y me dijo: "Yo creía que mis problemas eran los más graves del mundo, y he comprobado que soy egoísta, que muchas personas están en una situación peor que la mía, y que Dios nos ayuda a todos a superarnos, como tú me has enseñado".Una lectora me ha pedido que haga una campaña de oración con el fin de obtener de Dios el alivio de los pobres, pero no me será posible llevar esta campaña a cabo, porque no voy a poder pasar mucho tiempo con vosotros, así pues, tengo previsto irme del pueblo en que vivo durante diciembre, y un evento de este tipo necesita mucho tiempo y mucha publicidad sólo para obtener un nivel de participación de cinco personas. No obstante, si Dios desea que permanezca aquí y que encuentre algún trabajo, contemplaré la posibilidad de hacer algo con respecto a este tema durante la Navidad.Sigamos examinando MT. 7, 7: "buscad, y hallaréis". ¿Qué encontraremos al permanecer en la presencia de Dios? Pablo responde esta pregunta con unas palabras que no han de entristecernos, sino que han de llenarnos de gozo por haber sido elegidos como hijos fuertes de Dios capaces de demostrar que nuestro Padre no nos ha abandonado a pesar de nuestro dolor con nuestra predicación y nuestro ejemplo de fe viva, pues, aunque no somos apóstoles, dichas palabras están relacionadas con nosotros de alguna manera: "Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres" (1 COR. 4, 9). Pablo, sabiendo de sus tribulaciones, les escribió a los Filipenses: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (FLP. 4, 13). ¿Pensamos que Pablo no sufrió porque tenía fe y Dios lo protegió milagrosamente para facilitar su labor apostólica? Mirad lo que le sucedió a Pablo en Listra: "Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto" (HCH. 14, 19)."Llamad, y se os abrirá". ¿Dónde tenemos que llamar para que se nos abra? Necesitamos vías para escapar de nuestros problemas, no evitándolos, sino solucionándolos. Si se nos cierran puertas y ventanas, abriremos respiraderos en las prisiones en las que se nos ha encerrado, porque vamos a seguir viviendo, no sabemos cómo, pero, por nuestra fe, sabemos que Dios no nos ha desamparado.No quiero alargar esta meditación para no haceros perder mucho tiempo, así pues, os pido que cobréis ánimo. "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó (a la muerte) por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (ROM. 8, 32).