Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario, Ciclo C
Solemnidad de Cristo, Rey del Universo
Autor: José Portillo Pérez
San Lucas 23, 35-43.
Homilía:
El Rey crucificado.
Estimados hermanos y amigos:
En el Evangelio de hoy, leemos: “En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: -”A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido” (LC. 23, 35). Si Jesús sació a los hambrientos, calmó la sed de los sedientos, sanó a los enfermos y resucitó a varias personas de entre los muertos, ¿por qué no se salvó a Sí mismo cuando llegó el tiempo en que fue maltratado y crucificado? Esta cuestión que en su tiempo fue utilizada por los enemigos de nuestro Señor para burlarse de la humillación del Hijo de María, sigue siendo utilizada en nuestro tiempo por muchos que desprecian nuestra fe con los mismos fines que lo hicieron las autoridades de Palestina el primer viernes Santo, y sirve para debilitar la fe de algunos de nuestros hermanos que no conocen bien ni a Dios ni a la Iglesia que fue fundada por nuestro Señor. Estoy convencido de que vivimos en un tiempo en el que nuestras convicciones religiosas están siendo puestas a prueba diariamente. Corremos un gran peligro de actuar contra la voluntad de Dios en cualquier momento de nuestra vida. Según avanza el tiempo, los adolescentes cada ciertos años van teniendo relaciones sexuales siendo más jóvenes, el aborto se sigue legalizando en algunos países, la eutanasia es vista como muerte digna en vez de ser contemplada como huida del cumplimiento de la voluntad de Dios de la misma forma que el predicador de los ninivitas intentó escapar de la presencia de Yahveh, en algunas ocasiones salen al mercado películas, libros o canciones que suscitan dudas con respecto a nuestra fe en quienes desconocen la misma e incluso en algunos de nuestros hermanos, etcétera.
Parece lógico el hecho de que Jesús no se salvara a Sí mismo porque, al verse malherido y desangrándose, reconoció su derrota como Mesías. Los romanos tenían la costumbre de mantener encerrados varios días a los que iban a ser crucificados para que los mismos meditaran con respecto a las causas por las que se les privaba de la existencia y para que se lamentaran por causa de las pérdidas que ello supondría para ellos, pero Jesús fue un juguete manipulado por los romanos y por los judíos, así pues, Pilato le mandó azotar y posteriormente le condenó a morir para contentar a los sanedritas que deseaban su muerte, y los fariseos y los saduceos se esforzaron en conseguir que nuestro Señor fuera crucificado, con el fin de seguir manteniendo su status social.
Aprovechándose de mi ceguera, muchos adultos e incluso niños me han preguntado: ¿Cómo explicas el hecho de que Dios abandone a alguien que trabaja para él? En un principio, yo les decía a esas personas que no les quería instruir en el conocimiento de Dios para ser recompensado de ninguna forma, pero ellos me decían que, si Dios existe, no es posible que me dejara caminar tropezando con muchos obstáculos. Esas personas aún no saben que para mí esperar lo que aún no tengo significa que tengo lo que aún espero, aunque aún no vivo como si Jesús hubiera venido a nuestro encuentro en su Parusía.
¿Por qué no aceptó Jesús el desafío que las autoridades de Palestina le hicieron para que bajara de la Cruz? ¿No hubiera significado ese hecho que su poder es ilimitado, y por ello nuestro Señor hubiera sido creído por sus adversarios y por ello los mismos también le hubieran venerado como al Mesías de Dios? Si nuestro señor hubiera bajado de la cruz, no sería la esperanza de los que sufren, porque no hubiera sido capaz de redimir a los que sufren con la esperanza de vivir en la presencia de nuestro Padre común. Si Jesús no se hubiera dejado crucificar, sus adversarios le habrían acogido, pero no por amor como lo hemos hecho los enfermos, sino por causa de su poder. Muchos padres han sufrido cuando sus hijos han estado enfermos y, cuando sus descendientes han crecido, y los mismos se han alejado de ellos, siguen pensando que no les importaría sufrir nuevamente con tal de estar junto a sus hijos en el caso de que ellos contraigan una nueva enfermedad. El mundo nos tiende muchas trampas y nosotros tenemos que estar preparados para vencerlas con la ayuda del Espíritu Santo. ¿SE ven en los cines películas que debilitan la fe de nuestros hermanos los que tienen un escaso conocimiento del Evangelio? Tenemos que “ponernos las pilas” como decíamos en los años de mi adolescencia en mi tierra y contra argumentar las ideas de quienes quieren acabar con nuestra fe.
Los soldados y uno de los ladrones crucificados junto a nuestro señor insistían en que Jesús descendiera de la cruz, unos burlándose de Jesús, y Gestas, diciendo: Tu prestigio ha durado poco tiempo. “La postura de Gestas es muy frecuente en nuestro mundo, así pues, mientras que muchos de nuestros hermanos carecen de la fuerza que necesitan para sobrevivir a las vicisitudes que les son comunes, no faltan quienes, animados por su deseo de alcanzar sus propósitos a costa de lo que sea y de quien sea preciso aplastar, carecen de moral y de principios éticos. Jesús fue clavado entre malhechores en cumplimiento de una antigua profecía, así pues, sus enemigos concibieron esa forma de burlarse de El. Por su parte, gestas se burlaba de Jesús como si, al iniciar ese trance agónico, quisiera hacer que el Hijo del carpintero desechara el rastro de la fe que le caracterizaba cuando le faltaban escasas horas para entregarle su espíritu al Padre eterno. Dimas, el otro malhechor, hizo un examen de conciencia muy preciso, reconociéndose digno del castigo que acabaría con su vida para purgar sus acciones ilícitas, y temiendo la llegada de su hora final, pues duro había de ser el castigo que Dios eligió para que le fuera aplicado a su Hijo, el cuál había de compensar la culpabilidad divina en su empeño de no coartar el dolor de los hombres, si ello significa reducir el uso de la libertad de ellos mismos o el derecho de decidir sobre sus enfermos letales de los familiares de ellos que les cuidan temiéndose lo peor” (Padre nuestro, Ed. N.o 27, viernes Santo, ciclo a).
Al comienzo de la Historia de la Salvación, un hombre, Adán, introdujo el pecado en el mundo y, al final del ciclo c de la Liturgia Católica, Jesús le abre las puertas del cielo al buen Dimas, el ladrón arrepentido, así pues, de la misma manera que los milagros que nuestro señor hizo en su primera venida significan la abundancia de dones con que nuestro Padre común premiará a sus hijos después de haberlos salvado, la salvación de Dimas, significa que nosotros también viviremos en la presencia de nuestro Padre común.
El próximo Domingo iniciaremos el principio, no sólo del año litúrgico, sino de otros tres ciclos litúrgicos (a, b y c), durante los cuales intentaremos seguir fortaleciendo nuestra fe. Llegados a este punto, os doy las gracias a quienes me habéis leído todas las semanas o de vez en cuando, y os pido que oréis para que yo pueda seguir con vosotros todas las semanas.