V Domingo de Cuaresma, Ciclo A

Juan 11, 1-45: La resurrección

Autor: Padre José Manuel Otaolaurruchi, L.C.

 

 

La resurrección de Lázaro es uno de los milagros más sorprendentes del evangelio. Llevaba cuatro días sepultado y las mismas hermanas Martha y María le advierten a Jesús que no se le ocurra abrir la tumba porque ya olía mal el cadáver. Curar enfermos y multiplicar los panes hasta cierto punto resulta inteligible, ¡pero resucitar muertos!  Lo interesante es que no fue un hecho aislado, sino que resucitó también a una niña de 12 años, la hija del jefe de la sinagoga y al hijo de la viuda de Naím. En las tres ocasiones Jesús les despierta con la misma frase: “Niña, a ti te hablo, levántate! Lázaro, ¡sal fuera!

La resurrección de Lázaro nos incumbe por dos motivos: el primero porque tarde o temprano nos vamos a morir y el segundo, porque no es un morir absoluto, aniquilación total de nuestro ser como sucede con los animales, sino que el alma pervive después de la muerte. Nos interesa saber cómo será esto porque a ese momento se llega solo, no habrá nadie que nos acompañe. No existen guías turísticas ni estará Caronte para atravesarnos con su barca por el módico precio de un óbolo.

En el cielo no hay comunismo

“Está decretado que los hombres mueran una sola vez y después de lo cual vendrá el juicio” (Heb 9,27) Y en ese juicio cada uno rendirá cuenta a Dios de sus propios actos” (Rom. 14,12) San Pablo zanja de un plomazo cualquier vestigio de metempsicosis o teoría reencarnacionista. Nada de andar incursionando en otros cuerpos según nos hayamos portado en esta vida. La vida es una y se vive una sola vez. Por eso hay que aprovechar cada instante porque el minuto que pasa, no vuelve. Cada instante es una oportunidad para merecer. Es un talento que invertir. El Papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi no. 44 nos deja claro que en el cielo no hay comunismo y que cada uno recibirá según sus propios méritos. “El juicio no es una imagen terrorífica, sino una imagen llena de esperanza porque nos asegura el triunfo de la justicia. Dios es justicia y crea justicia”.

Recibiré según los méritos

Jesús resucita a Lázaro para mostrarnos que tiene el poder para resucitarnos también a nosotros. En el último día nos llamará por nuestro nombre y nos mandará salir del sepulcro. Lo confirma con su propia resurrección: “Tengo poder para entregarla y poder para recobrarla de nuevo”. (Jn 10,18) Esta realidad nos hace vivir con responsabilidad, con sentido de eternidad, conscientes de que mis actos no son indiferentes ante Dios. Seré premiado de acuerdo a los méritos adquiridos por el amor, la justicia y la verdad.