IV Domingo de Cuaresma, Ciclo A
Mateo 5, 1-12a: Reino de luz y tinieblas
Autor: Padre José Manuel Otaolaurruchi, L.C.
En el pasaje del ciego de nacimiento que san Juan narra en el capítulo 9, nos introduce al mundo de las realidades que se representan con los símbolos de la luz y las tinieblas.
Las tinieblas evocan el mal y la mentira, el desorden, el reino de Satanás. “El mundo era un caos lleno de desorden y oscuridad” (Gen, 7,2) hasta que Dios crea la luz y ordena el día y la noche. La magia negra es atribuida al poder del demonio. “Los malos hacen todo a escondidas, para que sus obras no sean expuestas y queden al descubierto” (Jn 3, 20) Los malvados detestan a los buenos, porque la bondad de éstos es un reclamo para los otros.
Juan Pablo II denunciaba el predominio de la cultura de la muerte, significando el oscurecimiento del sentido de la vida, ya sea en sus inicios (aborto) como en su fase terminal (eutanasia). Este oscurecimiento abarca también el sentido de Dios, pues si bien ahora no se debate sobre el ateísmo como en el siglo XIX, sí prevalece un mundo que no quiere saber nada de Dios y por eso se lo quiere excluir del ámbito social, nacional e internacional.
La retahíla de tinieblas es asombrosa: vemos el pecado como negación de Dios; las guerras como ofuscación de la razón; el tráfico de drogas, como pérdida del sentido de la persona; la pobreza y las miserias sociales como oscurecimiento de la justicia; la mentira como contraria a la verdad.
La luz simboliza el bien y la verdad. Jesucristo es anunciado por una estrella brillante que resplandecía en la oscuridad de la noche. La estrella tenía un mensaje: “Os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. En el prólogo de San Juan, Jesús es presentado como la luz que trae la vida al mundo. “En la Palabra estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron”. (1,5) La pureza del alma se ve reflejada en la mira. “Lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! (Mt. 6,22) En el ciego de nacimiento estamos representados todos nosotros, pues por la fe y el amor estamos llamados a ser luz de las naciones. No podemos sofocar la gracia de Dios que es amor, comprensión, perdón, donación. “Brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo”. (Mt 5, 16)