III Domingo de Cuaresma, Ciclo A

Juan 4, 5-42: Los conversos

Autor: Padre José Manuel Otaolaurruchi, L.C.

 

 

El encuentro de Jesús con la samaritana revela con claridad la metodología que Dios usa con las almas que no le conocen o que viven alejadas de Él, para que lo descubran, lo amen y lo sigan. Dios sale al encuentro del hombre, de todo hombre. Ciertamente son muy variadas las formas como lo hace e incluso los momentos, pero siempre se cruza por nuestro camino.

Podríamos distinguir tres modos. En primer lugar están los que nacen en el seno de una familia cristiana y reciben la fe juntamente con el biberón. Es el nutrido universo de fieles que conforme van creciendo se santifican con los sacramentos de iniciación (bautismo, confirmación y comunión), de curación (confesión y unción de enfermos) o los así llamados sacramentos de servicio a la comunión (matrimonio y orden sacerdotal). Para estos el creer es algo tan natural como el respirar o el sonreír.  

Los que buscan la verdad

Luego están los buscadores de la verdad, los san agustines de todos los tiempos.  Los que quieren saber si en Cristo pueden obtener una respuesta a la pregunta sobre el sentido del ser. Son los modernos Zaqueos que suben al sicómoro para ver pasar a Jesús y luego quedan prendados de tal forma, que nunca más se vuelven a separar de Él. Conocemos el nombre de muchos de ellos: Gilbert Chesterton; La duquesa de Kent: Katherine Lucy Mary; el gran rabino de Roma, Israel Zolli, que luego adoptó el nombre de Eugenio en renocimiento al Papa Pio XII, Eugenio Pacelli; Edith Stein, André Frossard; Vittorio Messori; Leonardo Mondadori y recientemente Tony Blair, ex primer ministro británico. Estos llegaron a la fe por el correcto sendero de la razón.  

Los que no creen

Finalmente están los que se identifican con la samaritana, almas que se ocultan, escapan, le sacan la vuelta a Dios y con las cuales es preciso luchar, sin imponer; seducir sin violentar. Estas almas se asemejan a la cebolla, que tienen muchas capas que Dios tiene que ir quitando para llegar al fondo del corazón. Jesucristo fue abriendo camino hasta lograr la conversión de la Samaritana. Y así es como actúa en los que viven alejados de él. Sabe esperar y se vale de un momento de crisis, un aparente fracaso, la muerte de un ser querido para encontrarse cara a cara con ellos. Estos encuentros son misteriosos, pero reales. Dios no se da por vencido y sabe cuándo es el momento de dejar a las 99 ovejas para ir por la descarriada. El buen pastor tiene otras ovejas que no están en el redil, también a éstas las sale a buscar para formar un solo rebaño.