II Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A
Juan 1, 29-34: El Cordero de Dios
Autor: Padre José Manuel Otaolaurruchi, L.C.
“Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. (Jn. 1,29) Después de haber celebrado el bautismo de Jesús en el río Jordán por su primo Juan el bautista, ahora vemos que lo señala entre la gente como el Cordero de Dios. ¿Por qué se le ocurrió designarlo con este nombre? ¿Quién significado tiene el cordero? Si hacemos una lectura trasversal por toda la biblia podemos destacar tres momentos importantes donde aparece el cordero: el primero se halla en el génesis capítulo 22 cuando Dios le pide a Abraham sacrificar a su hijo Isaac. Se trata del primer instante en que Dios irrumpe en la historia del hombre para establecer una alianza con el pueblo que él elige para darse a conocer. Abraham sube al monte Moria para ofrecer a su hijo Isaac en holocausto y Dios le da un cordero para que lo ofrezca en lugar de su hijo. La segunda escena la encontramos enmarcada en las plagas que Egipto sufrió por causa de la esclavitud del pueblo de Israel. Antes de mandar la décima plaga, la muerte de los primogénitos, Dios mandó inmolar un cordero por familia y rociar las puertas de la casa con su sangre, de modo que el ángel exterminador pase de largo sin causar la muerte. (Ex. 12,21) Finamente en el apocalipsis, en el capítulo 5, aparece el cordero en pie con señales de haber sido degollado, como el único digno de romper los siete sellos del libro de la vida, porque con su sangre ha adquirido para Dios hombres de toda raza, lengua y nación. Por eso es digno de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Este puede ser un resumen estupendo de toda la Biblia, pues la única historia ínsita es esta, la historia de la salvación, la de un Dios que irrumpe en el tiempo para darse a conocer tal cual es, como Padre, Amigo y Hermano con el fin de establecer un pacto de salvación a precio de la sangre de su único Hijo Jesucristo. La misa dominical se prefigura desde el primer instante de la revelación en el altar del monte Moria donde Abraham ofrecería un holocausto con un cordero dado por Dios. En el Calvario, se ofrece al verdadero Cordero Pascual que se ofrece a sí mismo por la remisión de los pecados. ¡Y pensar que en cada misa se conmemora, se actualiza el sacrificio del Gólgota, la promesa hecha a Abraham y el feliz reencuentro con Dios en el cielo! San Juan, pues, cuando lo señala como el Cordero de Dios, lo que viene a decir a los suyos es lo siguiente: este es el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado.