Bautismo del Señor, Ciclo A

Mateo 3, 13-17: El bautismo de Jesús

Autor: Padre José Manuel Otaolaurruchi, L.C.

 

 

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán, y le pidió a Juan que lo bautizara”. (Mt. 3,13)  Desde la introducción misma de la escena, nos podemos preguntar ¿Por qué Jesús, siendo el Mesías, el Hijo de Dios, pide ser bautizado por san Juan?  Antiguamente tan pronto como nacían los niños se les bautizaba de inmediato, cosa que ahora por desgracia se toma con más calma y hasta descuido.  ¿Para qué sirve el bautismo? El bautismo explicado en términos modernos, es el sistema operativo que te configura el alma. Así como la computadora sale en blanco y necesita ir cargando unos programas o de lo contrario sale sobrando el procesador, la memoria RAM y las mejores tarjetas de vídeo y audio, del mismo modo nuestra alma por el sacramento del bautismo queda ontológicamente configurada con Dios.  Por eso es al mismo tiempo la puerta de los otros sacramentos, de modo que no se puede recibir ni la confesión, ni la comunión sin haber recibido antes el bautismo.    Siguiendo con la analogía, digamos que nacemos con un virus que todos conocemos con el nombre de “pecado original” y que con el bautismo queda limpiecita el alma.  Hoy en día el modernismo de ríe del pecado original, pero como las evidencias no necesitan ser demostradas, lo mismo sucede con el pecado original, cuyos efectos todos los días los sufrimos y los experimentamos en carne propia. ¿O acaso existe alguno que no sienta los efectos de la pereza, de la ira, de la gula o de la sensualidad?  A no ser que sea de palo o que esté a más de dos metros bajo tierra.   Volviendo nuevamente a la escena, nos damos cuenta de que Juan bautizaba en el río Jordán y que a pesar del paso de los siglos el bautismo se sigue realizando con agua. ¿Por qué? Porque el agua simboliza el acto de sepultar al hombre viejo, para que renazca el hombre nuevo, nacido en gracia de Dios.  Este gesto simboliza también nuestra muerte real, cuando nos llegue el final de nuestra vida y por el bautismo y la fe en Cristo, resucitaremos para la vida eterna, pues no hemos de morir para siempre, como sucede con los animales. Es por esto que Jesús, siendo Él mismo la fuente de la gracia, quiso acercarse a su primo para pedir ser bautizado. Para enseñarnos con su ejemplo la importancia y la grandeza de este sacramento.  Desde ese momento podemos llamar a Dios en sentido propio, Abbá,  Padre nuestro, Padre querido, porque hemos venido a ser hijos verdaderos de Dios.  Por eso a mitad de escena surge entre las nubes del cielo la voz del Padre que dice: “Este es mi Hijo muy amado”.