En la Asuncin de la Virgen

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Profesor de filosofa y biotica en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

La solemnidad de la Asuncin nos alegra de un modo muy ntimo: una de nosotros, hija de Adn y de Eva, est ya, para siempre, con Dios. Desde el cielo, nos acompaa con su cario de Madre, nos cuida como a hijos pequeos y necesitados.

 

Por qu ha triunfado la Virgen? Porque puso en Dios toda su fe y su esperanza. Porque toda su vida fue un acoger la bendicin de Dios, como vemos en el canto del “Magnificat”.

 

Por qu Mara es grande? Su grandeza est en su humildad: se ha hecho la “esclava del Seor”. Dios la ha predestinado, la ha elegido, la ha hecho un instrumento dcil y alegre para que pueda iniciar la gran obra de nuestra salvacin: la Encarnacin de Cristo.

 

La Solemnidad de hoy nos permite mirar al cielo con un cario especial. All estn Cristo y su Madre. Todos los hombres somos conocidos, somos esperados, somos ayudados en el camino de la vida.

 

No es fcil vivir sin el amparo de una madre. Mara nos precede y nos acompaa. Nos indica el sendero, el modo de dar un s a Dios sin lmites, sin temores, sin tacaeras. Dios lo merece todo, y quien se da a Dios recibe el ciento por uno.

 

Mara est ahora en los cielos porque reconoci y acept la accin de Dios sobre su vida. Nos toca a nosotros seguir su ejemplo. Si lo hacemos, el mundo ser un poco mejor y un poco ms feliz, y cada uno de nuestros pasos nos acercar hacia la meta eterna.

 

Mara, concdeme la gracia de sentir una esperanza profunda, a dirigir siempre la mirada hacia la Patria verdadera. Aydame a vivir como cristiano, a poner mi existencia en las manos de Dios, a dejarme llevar por l y a entregar mis energas al servicio de la Iglesia, en el lugar donde Dios me ponga, en el camino que ahora me toca seguir. Concdeme estar siempre bajo tu manto de Madre para poder, un da, cantar junto a Ti el Amor eterno de nuestro Padre de los cielos.