El domingo, un da para Cristo

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Es urgente rescatar el domingo, dar a ese da su sentido autnticamente humano y cristiano 

Qu celebramos el domingo? Celebramos el da del Seor, recordamos la accin creadora de Dios. Existimos porque nos ama, vivimos para amarle. Por eso le damos gracias con todo el corazn, con cnticos e himnos, con el trabajo y el servicio a los dems. 

Celebramos el “da de Cristo”. El Hijo de Dios vino a salvarnos, muri en una cruz por nosotros, resucit un domingo, envi su Espritu, est presente en los Sacramentos, nos acompaa a lo largo del camino de la historia. 

Celebramos el “da de la Iglesia”. Es el momento para reunirnos, como hermanos en la misma fe, unidos bajo la misma esperanza, encendidos de la misma caridad. 

Celebramos el da del hombre, en la alegra que nace cuando descubrimos el amor que Dios nos tiene, en el compromiso para vivir el mandamiento de la caridad y de la entrega al prjimo sin medida. 

Celebramos el “da de los das”, en el que miramos a Cristo como Seor del tiempo y de la historia, como plenitud y cumplimiento de las mximas aspiraciones que Dios mismo ha sembrado en el corazn humano. 

Es un da maravillo que necesitamos vivir en toda su riqueza. Es un da “que constituye el centro mismo de la vida cristiana”, como explicaba el Papa Juan Pablo II en la carta apostlica “Dies Domini”, sobre la santificacin del domingo (31 de mayo de 1998). 

Esa carta, escrita hace ya 10 aos, conserva toda su actualidad y toda su riqueza. Es una invitacin, desde el corazn del Papa, para rescatar el domingo de presiones que quieren ahogar a los hombres en lo inmediato e intranscendente. Con un domingo vivido “como Dios quiere” ser posible abrir el corazn a lo ms genuino de nuestra vocacin humana y cristiana. 

Vale la pela releer la carta “Dies Domini”. Vale la pena escuchar de nuevo, en nuestros corazones, la invitacin de Juan Pablo II: “quisiera hoy invitar a todos con fuerza a descubrir de nuevo el domingo: No tengis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! S, abramos nuestro tiempo a Cristo para que l lo pueda iluminar y dirigir. l es quien conoce el secreto del tiempo y el secreto de la eternidad, y nos entrega su da como un don siempre nuevo de su amor. El descubrimiento de este da es una gracia que se ha de pedir, no slo para vivir en plenitud las exigencias propias de la fe, sino tambin para dar una respuesta concreta a los anhelos ntimos y autnticos de cada ser humano” (“Dies Domini” n. 8). 

(La carta “Dies Domini” se encuentra en:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_05071998_dies-domini_sp.html)