El naufragio del relativismo

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Imaginemos una escena surrealista. Los pasajeros entran en el avin y ocupan sus asientos. El piloto toma el telfono de cabina y empieza a hablar:

 

“Seores pasajeros, les pido un momento de atencin. Este vuelo seguir un sistema democrtico de decisiones. La primera se refiere al despegue. A qu velocidad vamos a despegar, desde qu pista y con qu direccin?”

 

Los pasajeros se miran perplejos. Todos estn convencidos de que esas decisiones dependen del piloto y de los sistemas de control del aeropuerto. Alguno alza la voz: “Usted nos toma por tontos o qu? La respuesta usted la conoce, no tiene que someter a votacin algo de lo que dependen nuestras vidas”.

 

El piloto no se inmuta y responde. “Hablo en serio. Vivimos en un mundo democrtico donde todo puede ser puesto en discusin. Nadie tiene el monopolio de la verdad, nadie debe imponer su punto de vista a los dems. Aunque yo tengo estudios de aviacin civil, prefiero vivir en el respeto de las opiniones de ustedes. Por lo mismo, vamos a someter a votacin nuestro despegue”.

 

Seguramente los pasajeros, uno por uno, se levantaran y saldran del avin, sorprendidos e indignados ante las palabras incomprensibles del piloto.

 

La escena seguramente no habr ocurrido nunca. Si llegase a ocurrir alguna vez, suponemos que el piloto ira directamente a un sanatorio psiquitrico o a la estacin de polica.

 

En muchos mbitos “vitales”, sin embargo, impera la idea relativista, como si cualquier opinin pudiera ser discutida libremente. Por eso se aplica el sistema de votaciones para decidir sobre la bondad o maldad de un proyecto, sobre la conveniencia o no de una decisin. A veces sobre temas importantes, de los que pueden depender la vida de miles de personas. El naufragio en esos temas es seguro...

 

No hemos asistido a reuniones donde se pide quin est a favor o en contra del aborto, de la eutanasia, de la pena de muerte? No vemos casi con normalidad el que se publiquen encuestas sobre qu piensa la gente sobre el cielo, el infierno, sobre la existencia de Dios y de vida fuera del planeta tierra?

 

La verdad, sin embargo, no depende de los votos ni de las opiniones. La justicia y el respeto de los derechos humanos fundamentales, tampoco.

 

No tiene ningn sentido ver cmo algunos discuten sobre religin como si fuese un tema que depende de los votos, de las tendencias sociolgicas, de las impresiones subjetivas. Raya en el ridculo pretender que el parlamento de un estado discuta cmo definir el matrimonio segn ideologas apoyadas simplemente en gustos personales o en estadsticas ms o menos fidedignas.

 

La verdad puede ser negada, puede ser marginada, puede ser olvidada por individuos o por grupos sociales por periodos de tiempo ms o menos prolongados. Pero no deja de existir Dios porque lo diga la mayora de la gente. Ni deja de existir el infierno porque muchos piensen que es incompatible con sus opiniones. Ni el aborto, un crimen contra un hijo indefenso, se convierte en “derecho” despus de una votacin en el parlamento o en las Naciones Unidas.

 

Sobre los temas ms decisivos, sobre los asuntos que afectan la vida, la justicia, la familia, no podemos sentarnos para votar sobre lo que “nos parece” verdadero. Hay que reflexionar y descubrir, en serio, la verdad respecto de los asuntos fundamentales de la vida humana.

 

En el avin de la existencia humana buscamos y queremos una gua segura que nos permita despegar, volar y llegar, con la mxima seguridad posible, a una meta maravillosa.

 

Los cristianos sabemos dnde encontrar esa gua, una luz para comprender los temas decisivos. Existe un Dios que vino al mundo y habl, sencilla pero claramente, sobre el mejor modo de emprender el vuelo. Su mensaje, despus de 2000 aos, brilla para millones de corazones que desean construir un mundo ms justo y ms humano, que esperan llegar un da a la Patria eterna.

 

Basta con abrir el Evangelio y volver a leer, llenos de esperanza, las palabras del Maestro. Basta con escuchar la voz del Papa y de los obispos para conocer una hoja de ruta maravillosa, que nos llega desde el Corazn de Dios, un Padre enamorado de sus hijos.