Vocaciones y oracin

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

El mircoles 16 de abril de 2008, el Papa Benedicto XVI dirigi un importante discurso a los obispos de Estados Unidos, en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepcin de Washington.

 

Al final de su discurso, el Papa afront tres preguntas formuladas por los obispos. La tercera tocaba un tema bsico en la vida de la Iglesia: la disminucin de vocaciones.

 

Benedicto XVI respondi con una actitud fraterna y confiada. Explic, al inicio, que “la capacidad de suscitar vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa es un signo seguro de la salud de una Iglesia local. A este respecto, no queda lugar para complacencia alguna. Dios sigue llamando a los jvenes, pero nos corresponde a nosotros animar una respuesta generosa y libre a esa llamada”.

 

Desde el texto de Mt 9,37-38, el Papa record la importancia de rezar al Dueo de la mies para que enve operarios a su mies. “Parecer extrao, pero yo pienso muchas veces que la oracin -el unum necessarium- es el nico aspecto de las vocaciones que resulta eficaz y que nosotros tendemos con frecuencia a olvidarlo o infravalorarlo”.

 

De qu oracin se trata? Benedicto XVI aclar en seguida de que no se trata slo de la oracin por las vocaciones, que tiene tanta importancia. Se trata, sobre todo, de la oracin cristiana, que se vive en familia, que se refuerza a travs de la formacin y de los Sacramentos, y que se convierte as en “el medio principal por el que llegamos a conocer la voluntad de Dios para nuestra vida”.

 

Cada bautizado necesita crear un clima de oracin, un dilogo personal con Dios, que abre el alma a descubrir y acoger la llamada divina. As resulta posible ese discernimiento vocacional que “es ante todo el fruto del dilogo ntimo entre el Seor y sus discpulos. Los jvenes, si saben rezar, pueden tener confianza de saber qu hacer ante la llamada de Dios”.

 

Las necesidades ms profundas de los hombres de hoy surgen a causa de la ausencia de Dios. Cmo ser posible que Dios “regrese” a nuestro mundo? A travs de muchos jvenes sacerdotes, de muchos jvenes consagrados en la vida religiosa, que se comprometan plenamente a anunciar el Evangelio del Amor de Dios, la presencia de Cristo en el mundo.

 

Eso ser posible si cada hogar, cada parroquia, cada dicesis, promueve ese clima profundo de oracin en el cual los corazones se abren sencillamente a Dios y rezan, desde el santuario de la conciencia: “Seor, qu quieres que yo haga? Habla, Seor, que tu siervo escucha” (cf. Hch 22,10; 1Sam 3,10).