Cultivar la fe en familia

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Cada familia cristiana es una “comunidad de vida y de amor” que recibe la misin “de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participacin real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Seor por la Iglesia su esposa” (Juan Pablo II, “Familiaris Consortio” n. 17). Es una comunidad que busca vivir segn el Evangelio, que vibra con la Iglesia, que reza, que ama.

 

Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como catlicos.

 

En estas lneas queremos reflexionar especialmente sobre la responsabilidad que tienen los padres en el cultivo de la fe en la propia familia. No slo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse cada da a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la esperanza.

 

Los hijos tambin, conforme crecen, se convierten en protagonistas: pueden ayudar y motivar a los padres y a los hermanos para ser cada da ms fieles a sus compromisos bautismales.

 

Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en familia, nos fijamos ahora en tres: la oracin en familia, el estudio de la doctrina catlica, y la vida segn las enseanzas de Cristo.

 

Muchas de las ideas que siguen son simplemente sugerencias o pistas de trabajo. La actitud de fondo que debe acompaarlas, el amor verdaderamente cristiano, da el sentido adecuado a cada una de las acciones que se lleven a la prctica. Un gesto realizado sin profundidad puede secar el alma, puede perder su eficacia. Es posible, sin embargo, iniciar algunos actos sin comprenderlos del todo, pero con el deseo de que nos conduzcan a una actitud profundamente evanglica, a un modo de pensar y de vivir que corresponda plenamente con lo propio de nuestra vocacin cristiana.

 

1. La oracin en familia

 

La oracin es para cualquier bautizado lo que es el aire para los seres humanos: algo imprescindible.

 

Aprender a rezar toca a todos: a los padres, en las distintas etapas de su maduracin interior; a los hijos, desde pequeos y cuando poco a poco entran en el mundo de los adultos.

 

La oracin en la vida familiar tiene diversas formas. El da inicia con breves oraciones por la maana. Por ejemplo, los padres pueden levantar a sus hijos con una pequea jaculatoria; o, despus de asearse o antes del desayuno,  todos rezan juntos una pequea oracin (el Padrenuestro, el Ave Mara, parte de un Salmo o del Magnificat, etc.).

 

Otras plegarias surgen de modo espontneo, segn las necesidades de cada da. La familia reza por el examen de selectividad, por la situacin de la fbrica donde trabaja pap o mam, por las lluvias, por el eterno descanso del abuelo...

 

Son muy hermosas aquellas oraciones que recogen la gratitud de todos y de cada uno. Esas oraciones pueden fijarse en los hechos ms sencillos: ya funciona el frigorfero, tenemos pasteles para la merienda, se acercan las vacaciones. O pueden dar gracias por hechos ms importantes: el amor entre pap y mam ha sido bendecido con un nuevo embarazo, acaba de nacer un nuevo sobrino, el abuelo ha superado la pulmona, un amigo ha ido a encontrarse con Dios...

 

El clima de oracin se prolonga a lo largo del da. Para ello, ayuda mucho crear un hbito de “jaculatorias”, pequeas oraciones espontneas que dan un toque religioso a la jornada. “Seor, confo en Ti”. “Creo, Seor, aydame a creer”. “Te alabamos, Seor, porque eres bueno”. “Gracias, Seor, por esto y por esto”. “Jess, manso y humilde de corazn, haz mi corazn semejante al tuyo”...

 

La hora de comer permite un momento de gratitud y de unin en la familia. Qu hermoso es ver que todos, junto a la mesa, rezan! Algunos hogares recitan el Padrenuestro; en otros, los padres y los hijos se turnan para dirigir una oracin espontnea antes de tomar los alimentos.

 

Otro momento de oracin consiste en el rezo del ngelus (se puede rezar hasta tres veces en la jornada, o si se prefiere al menos a medio da) y del Rosario.

 

Para los nios (y para algunos adultos tambin), a veces el Rosario resulta un poco aburrido. Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oracin, quiz ensendoles a rezar primero un solo misterio, luego dos, etc., y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

 

Cuando llega la noche, la familia busca un momento para dar gracias por el da transcurrido, para pedir perdn por las posibles faltas, para suplicar la ayuda que necesitan los de casa y los de fuera, los cercanos y los lejanos. Es muy hermoso, en ese sentido, aprender a rezar por las vctimas de las guerras, por las personas que pasan hambre, por los que viven sin esperanza y sin Dios.

 

La oracin constante ha permitido a la familia, chicos y grandes, descubrir que la jornada, desde que amanece hasta la hora de dormir, tiene sentido desde Dios y hacia Dios. Todo ello prepara a vivir a fondo los momentos ms importantes para todo catlico: los Sacramentos.

 

Si el Sacramento de la Eucarista es el centro de la vida cristiana, tambin debe serlo en el hogar. La familia necesita descubrir la belleza del domingo, la maravilla de la Misa, la importancia de la escucha de la Palabra, la participacin consciente y activa en los ritos.

 

Participar juntos, como familia, en la misa del domingo es una tradicin que vale la pena conservar. Tambin cuando los hijos son pequeos. Los padres pueden ensearles, poco a poco, el sentido de cada rito, las posturas que hay que adoptar, el respeto que merece la Casa de Dios. Son cosas que luego quedan grabadas en los corazones para toda la vida.

 

La semana se vive de un modo distinto si arranca del domingo y desemboca en el domingo. Durante la semana, la familia busca vivir aquello que ha escuchado, que ha vivido en la celebracin eucarstica dominical. A la vez, se prepara con el pasar de los das para el encuentro ntimo y personal con Cristo que tendr lugar, Dios mediante, el domingo siguiente.

 

Ayuda mucho, en este sentido, hacer “visitas” a Cristo eucarista durante la semana, de forma personal o en pequeos grupos (el padre o la madre con algunos hijos, varios hermanos juntos, etc.). Tambin es muy provechoso, entre semana, recordar en casa cul fue el evangelio del domingo anterior, o dar pistas para abrirse a los textos sagrados que sern ledos el domingo siguiente.

 

Adems de buscar maneras para vivir mejor la Eucarista, tambin es hermoso recordar el aniversario del bautismo de cada miembro de la familia. Si celebramos el nacimiento, por qu no celebrar tambin el da en que empezamos a ser hijos de Dios y miembros de la Iglesia? Algo parecido podra hacerse con la confirmacin, un sacramento que debemos valorar en toda su riqueza y que debemos tener muy presente en un mundo hostil al Evangelio.

 

En cuanto al matrimonio, el aniversario de bodas suele ser recordado por muchas familias catlicas, incluso con la ayuda de algn da de retiro espiritual. En ese da, los esposos pueden renovar sus promesas matrimoniales, o hacer un momento de oracin familiar con los hijos, quiz con la lectura en comn de algn texto bblico (por ejemplo, Tb 8,5-10, o Ef 5,21-33).

 

Un sacramento que merece ser vivido por todos los miembros de la familia es el de la Reconciliacin (la confesin). Los nios quedan muy impresionados cuando ven a sus padres pedir perdn, de rodillas, en un confesionario. No es correcto, desde luego, recurrir a presiones para que se confiesen. Pero s es hermoso ensearles lo que es el pecado, lo grande que es la misericordia divina, y cmo la Iglesia pide que nos confesemos con frecuencia.

 

Un mbito de la oracin familiar se construye con la ayuda de imgenes de devocin. No basta con colocar aqu o all un crucifijo, una imagen de la Virgen o el dibujo de algn santo. La imagen tiene sentido slo si evoca y eleva los corazones a la oracin y a la confianza en un Dios que est muy presente en la historia humana.

 

En algunos hogares existe un cuartito en el que se encuentra una especie de “altar de la familia”, donde todos se renen algn momento del da para rezar juntos, o donde cada uno puede dedicar un rato durante el da para meditar el Evangelio y dialogar de modo personal con Cristo. La tradicin es hermosa, pues as es posible tener un lugar concreto donde todo ayuda a pensar en el Dios que tanto nos ama.

 

Existen otros modos para fomentar la oracin en familia que se refieren a los tiempos litrgicos. Por ejemplo, preparar un Beln en casa y tener ante el mismo momentos de oracin y de cantos; ayudarse de la “Corona de Adviento” o de otras iniciativas parecidas para prepararse a la Navidad; dar un especial relieve a la Cuaresma como tiempo de oracin, limosna y sacrificio; participar intensamente en la Semana Santa, de forma que permita a todos unirse ntimamente a Cristo; descubrir en familia el sentido gozoso de la Pascua y de Pentecosts, que ayude a participar del triunfo de Cristo y a descubrir la presencia del Espritu Santo en lo ms ntimo del corazn cristiano...

 

2. Aprender la fe en familia

 

Vivir en un clima continuo de oracin abre los corazones al mundo divino. Esa apertura necesita ir acompaada por el estudio de todos, tanto de los padres como de los hijos, para conocer a fondo el gran regalo de la fe catlica.

 

Los modos para lograrlo son muchos. La lectura y el estudio de la Biblia, especialmente de los Evangelios, resultan un momento esencial para conocer la propia fe. Para ello, hace falta recibir una buena introduccin, sea a travs de cursos en la parroquia, sea a travs de la lectura de libros de autores catlicos fieles al Papa y a los obispos.

 

Existe, por ejemplo, un curso de Biblia “on-line” del P. Antonio Rivero, que ofrece una buena ayuda para comprender mejor los libros sagrados. Se encuentra en http://es.catholic.net/conocetufe/804/2778/

 

De un modo ms concreto, la familia en su conjunto o cada uno (segn la propia edad) puede encontrar un momento al da para leer una parte del Evangelio. No se trata de una lectura simplemente informativa. Se trata de preguntarse, sencillamente, en un clima de oracin: qu quiere decirme Cristo con este texto? Cmo ilumina mi vida?

 

Junto a la lectura de la Biblia, es necesario estudiar y conocer el “Compendio del Catecismo de la Iglesia catlica” y, si fuera posible, tambin el mismo “Catecismo de la Iglesia catlica”. El primero debera ser ledo por los padres y, en la medida en que van creciendo, por los hijos. El segundo puede servir para ir ms a fondo sobre temas importantes o ante dudas que puedan surgir. Los dos textos son ofrecidos en internet en la pgina del Vaticano, www.vatican.va.

 

La lectura del Catecismo permite conocer la fe catlica en sus aspectos ms importantes. Adems, une a la familia con toda la Iglesia, al acercarse todos y cada uno a aquellas enseanzas que nos permiten tener vivos y actualizados contenidos que no son simple “doctrina”, sino que nos ponen en contacto con Cristo y con su Cuerpo Mstico: con el Papa, los obispos, los sacerdotes, los dems creyentes; con la Iglesia purgante (la que espera en el purgatorio) y con la Iglesia triunfante (que ya participa en el Banquete de Bodas del Cordero).

 

A travs de estas lecturas, los padres estarn preparados para ensear la doctrina catlica en casa, si esto fuera posible. Si los hijos van a clases de catecismo en la parroquia o reciben clases de religin en la escuela, los padres ayudarn mucho a sus hijos para ver si han entendido bien, si tienen dudas. Les preguntarn los temas que estn aprendiendo, no para “controlar”, sino para saber por dnde van en la catequesis y as ayudarles a vivir lo que les explicaron.

 

Por desgracia, en algunos lugares no se ofrece una buena enseanza del catecismo a los nios. En otros, incluso, se les ensea ideas equivocadas. Toca a los padres velar para que la doctrina recibida por los hijos corresponda a lo que nos ensea la Iglesia y est contenido en el Catecismo. Si hace falta, pueden avisar al prroco de los errores que reciben sus hijos, o incluso al obispo, para que no se ofrezcan, bajo la apariencia de una “catequesis”, ideas confusas o contenidos claramente ajenos a nuestra fe catlica.

 

Hemos mencionado la importancia de conocer a fondo la Biblia y el Catecismo. El estudio de la propia fe se enriquece a travs de buenos libros, adaptados a cada edad. Unos sern cuentos navideos o novelas misioneras. Otros ofrecern consejos para los adolescentes. Otros irn ms a fondo sobre temas de fe, de ciencia, de moral.

 

Hacer un elenco de esos libros no resulta fcil. En catholic net hay un valioso arsenal de libros “on-line” (cf. http://es.catholic.net/biblioteca/). Podemos, adems, recordar libros como los siguientes:

* P. Jorge Loring, “Para salvarte” (es posible encontrarlo en internet, o comprarlo como volumen).

* Mons. Tihmer Toth, “El joven de carcter” (tambin presente en internet).

 

Dos particulares mbitos formativos se encuentran en los modernos medios de comunicacin. Tenemos, en primer lugar, a los medios “clsicos” de noticias (televisin, radio, prensa). La familia no puede olvidar que en los mismos se ofrecen valoraciones sobre los hechos religiosos llenas de distorsiones o, incluso, de mentiras solapadas. Otras veces se escogen unos temas y se ocultan otros que tienen gran importancia para la vida de la Iglesia. Los padres deben conocer estos peligros y hacerlos presentes a sus hijos.

 

En segundo lugar, tenemos el mundo informtico, especialmente internet (aunque no slo). Tambin aqu reina un enorme caos, y los temas religiosos son tratados en algunas pginas con mucha superficialidad, si es que no se cae en manipulaciones grotescas.

 

Los padres estn llamados a educar a los hijos para tener un sano espritu crtico. No se trata de aislarlos (hay temas que, a base de presin informativa, se convierten casi en “obligados”), pero s de guiarlos para saber que no todo lo que se dice por ah es verdad, y para comprender que los medios de comunicacin no permiten alcanzar una imagen exacta de la Iglesia y de la vida ejemplar de miles y miles de buenos catlicos.

 

Ayudar, en ese sentido, un doble esfuerzo. Por un lado, filtrar cualquier tipo de programas o de textos (escritos en papel o en la computadora) que presenten el mal como bien, que calumnien a personas o instituciones de la Iglesia, que promuevan incluso actitudes claramente antievanglicas (desenfreno, hedonismo, consumismo, odio racial o clasista, etc.).

 

Por otro, hay que saber individuar tantas (y son muchas, gracias a Dios) fuentes informativas sanamente catlicas, que ofrecen la doctrina correcta (segn el Catecismo) y que ayudan a conocer la actualidad del mundo y de la Iglesia en una perspectiva justa.

 

En ese sentido, es.catholic.net es una pgina que merece la pena ser conocida en sus distintas partes, as como otras pginas (la enumeracin podra ser larga) donde la familia puede encontrar excelentes herramientas para la propia formacin, incluso grabaciones de radio o pequeas conferencias filmadas sobre la Iglesia, su historia, su doctrina, su vida actual.

 

En cuanto a la informacin catlica, contamos con la que se ofrece con bastante puntualidad en www.vatican.va (la pgina del Vaticano), y con los servicios informativos de agencias como www.zenit.com.

 

Una presentacin ms amplia sobre este tema se encuentra en el estudio de Jorge Enrique Mjica, El rostro catlico de internet en espaol (en  http://es.catholic.net/jorgemujica/articulo.php?tem=1430&id=34119).

 

3. Vivir el Evangelio en familia

 

Una fe sin obras, nos recuerda la Carta de Santiago, es estril (cf. Sant 2,20). No entra en el Reino de los cielos el que dice “Seor, Seor”, sino el que cumple la Voluntad del Padre (cf. Mt 7,21).

 

La familia que reza, la familia que estudia su fe, tambin sabe vivir aquello que ha llevado a la oracin, busca aplicar lo que ha conocido gracias a la bondad del Padre que nos ha hablado en su Hijo.

 

La mejor escuela para vivir como cristianos es la familia. Las indicaciones que podran ofrecerse son muchsimas, como son muchas las enseanzas morales que encontramos en la Biblia (los diez Mandamientos, el Sermn de la montaa, etc.) y que la Iglesia nos explica en la Tercera Parte del Catecismo. Como un resumen, el Catecismo enumera las 14 “obras de misericordia” (7 corporales y 7 espirituales) que ilustran ampliamente cul es el modo de vivir segn el Evangelio.

 

Para concretar un poco ms cmo vivir evanglicamente, enumeremos algunos mbitos en los que la familia se hace educadora en el arte de actuar como cristianos autnticos.

 

El primer mbito, desde luego, es el de la propia familia. Vivir el Evangelio implica crear un clima en el hogar en el que se lleva a la prctica el principal mandamiento: la caridad. El amor debe ser el criterio para todo y para todos.

 

Ese amor se aprende, se hace vida, cuando los hijos ven cmo se tratan sus padres. Si los padres se aman profundamente, si saben darse el uno al otro como Cristo se dio por la Iglesia (cf. Ef 5,21-33), si saben perdonar hasta 70 veces 7 (cf. Mt 18,22), si confan en la Providencia ms que en las cuentas del banco (cf. Mt 6,24-34), si ayudan al peregrino, al hambriento, al sediento, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,33-40)... los hijos habrn encontrado en la familia un autntico “Evangelio vivo”.

 

Aprendern entonces a dar gracias, a ayudar al necesitado, a compartir sus objetos personales, a escuchar a quien desea hablar, a dar un consejo a quien tenga dudas (de matemticas o de fe...).

 

La caridad debe ser el criterio para lo que uno hace y para lo que uno deja de hacer. Por ello, la misma caridad lleva al catlico a mortificar los apetitos de la carne, a controlar las propias pasiones, a huir de aquellos estilos de vida que nos atan al mundo, que nos llevan al egosmo y a alejarnos de Dios y del prjimo.

 

No hay verdadera vida cristiana all donde no hay abnegacin. Hay vida cristiana all donde cada uno renuncia al propio “yo”, cuando aprende a desapegarse de lo material para abrirse confiadamente a la providencia del Padre de los cielos (cf. el texto que ya citamos de Mt 6,24-34).

 

Aprender lo anterior resulta clave para lograr una familia autnticamente cristiana. De qu manera puede conocer un hijo cmo se vive el Evangelio si ve en sus padres rencillas, malas palabras, aficin por el dinero, crticas continuas a otros familiares o conocidos? Al revs, el hogar en el que Cristo ha entrado realmente en los corazones se convierte en un continuo testimonio de aquella caridad que nos plasm el Espritu Santo en 1Cor 13.

 

Un “captulo” que resulta no fcil se refiere a modos de comportarse y de vestir, a diversiones, a objetos de uso. La sociedad crea necesidades y los hijos sienten una presin enorme que les hace desear lo que tienen otros y hacer lo que “todos hacen”. Los padres de familia sabrn discernir entre cosas sanas (como deportes no peligrosos y capaces de promover un buen espritu de equipo) y “necesidades” que son falsas y que pueden llevar a los hijos a la ruina personal, incluso a la triste desgracia del pecado. Luchar contra corriente puede parecer duro, pero vale la pena si tenemos ante los ojos el premio que nos espera: la amistad con Cristo.

 

El segundo mbito para vivir evanglicamente surge cuando la familia se abre a los dems. Tratamos con personas muy distintas en las mil encrucijadas de la vida. El corazn que aprende a vivir como cristiano descubre en cada uno la presencia del Amor del Padre, el deseo de Cristo de acogerlo en el nmero de los amigos, la accin del Espritu Santo que susurra en los corazones y que los gua hacia la Verdad completa.

 

Un cristiano necesita ver a todos “con los ojos de Cristo” (cf. Benedicto XVI, encclica “Deus caritas est” n. 18). Porque lo que se hace al hermano ms pequeo es hecho al mismo Cristo (cf. Mt 25,40). Porque todos estamos invitados a ofrecer y a recibir cario. Porque no hay amor ms grande que el de dar la vida los unos por los otros (cf. 1Jn 3,16).

 

Esta actitud se plasma en actos concretos, que van desde el “ensear al que no sabe” (las obras de misericordia espirituales) hasta el “visitar y cuidar a los enfermos” (las obras de misericordia corporales).

 

Es importante lo que uno hace por el necesitado, y es importante la actitud con la que se hace. Sirve de muy poco una limosna hecha con un rostro aptico. En cambio, muchas veces llega ms al corazn necesitado una mirada llena de afecto que la medicina regalada (desde luego, hay que velar tambin para que el enfermo tenga sus medicinas...). Los hijos que ven en sus padres actitudes profundas y gestos sinceros de amor al prjimo aprenden, ms all de las palabras, lo que significa ver a Cristo en los hermanos.

 

Vivir el Evangelio llega hasta el herosmo de amar al propio enemigo (cf. Mt 5,43-48). Hay hogares en los que nunca se escucha una palabra de odio o de amargura hacia quienes ofendieron en el pasado (quiz un pasado muy reciente) a alguno de los miembros de la familia. Incluso hay hogares en los que los hijos admiran a sus padres cuando saben acoger, con los brazos abiertos, a alguien que les hizo dao, mucho dao...

La actitud profunda de amor a los otros lleva al apostolado, al compromiso continuo por conseguir que muchos hombres y mujeres lleguen a conocer a Cristo.

 

Es muy hermoso, en ese sentido, descubrir a familias que se convierten en “misioneras”. Saben comunicar, con su testimonio y con palabras oportunas, que Dios ama a todos, que Cristo ofrece la Salvacin, que la Iglesia es la barca regalada por Dios para acometer la travesa que nos lleva a la Patria eterna.

 

4. A modo de conclusin

 

En el V Encuentro Mundial de las Familias que tuvo lugar en Valencia (Espaa), el Papa Benedicto XVI recordaba que “transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones catlicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente” (Benedicto XVI, 8 de julio de 2006).

 

El Papa aada, de un modo muy hermoso y comprometedor, que “la criatura concebida ha de ser educada en la fe, amada y protegida. Los hijos, con el fundamental derecho a nacer y ser educados en la fe, tienen derecho a un hogar que tenga como modelo el de Nazaret y sean preservados de toda clase de insidias y amenazas”.

 

Cuando un hijo pequeo empieza a preguntar a sus padres cmo es Dios, surge en algunos hogares una cierta inquietud: estaremos preparados para introducir al hijo en el mundo del Evangelio? Seremos capaces de ofrecer a los hijos un hogar semejante al de Nazaret?

 

Las preguntas inocentes del nio pueden convertirse en una ayuda providencial por la que Dios se vale para mover a los padres a elevar una oracin confiada, para abrirse a la ayuda divina a la hora de afrontar con mayor entusiasmo sus compromisos como esposos llamados a la tarea de educar a los hijos en la fe.

 

“Padre Santo, los hijos que han nacido de nuestro amor existen porque T los amas desde toda la eternidad. Ensanos a cuidarlos siempre con cario exigente y con exigencia cariosa. Danos luz y consejo para que podamos transmitirles las palabras de tu Hijo. Aydales a vivir segn tu Amor. Protgelos de los peligros del mundo. Sobre todo, permtenos ser, como esposos y como padres, ejemplos limpios y alegres de tu bondad y de tu misericordia. Para que as, algn da, podamos cantar tu gloria, todos juntos, como familia, en el lugar que Cristo nos ha preparado en el cielo. Amn”.

 

Para profundizar: Atala Alba Romn, La fe se cultiva en casa (se puede comprar en http://www.misionmultimedia.com/catholic_nuevo/interior02.phtml?se=004&ca=035&ar=5106).