Aborto y eutanasia: dos caras de la misma moneda

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

En un debate televisivo, un joven afirmaba: si hemos permitido el aborto, por qu hemos de prohibir el que se provoque la muerte de los enfermos terminales? Si hemos admitido lo primero, no hay ningn problema en admitir lo segundo. 

En esa misma lnea, Peter Singer (filsofo y bioeticista) cree que debemos superar la hipocresa de defender el aborto (incluso abortos de fetos de ms de 5 meses) y luego condenar el infanticidio o la eutanasia. Para Singer, no existira ninguna diferencia de fondo entre eliminar a un feto capaz de sentir dolor y placer y eliminar a un nio (desde luego, por “motivos serios”) que ya est fuera del tero materno, o a un moribundo cuya vida no tiene ningn “valor” ni “calidad” por la situacin de sufrimiento y degradacin en la que se encuentra. 

Estas dos voces (un joven en un debate televisivo y un pensador cuyas obras se publican y se venden en varios idiomas con gran xito) nos muestran una mentalidad cada vez ms difundida: los adultos sanos deciden sobre su vida y su muerte, y sobre la vida y la muerte de los seres humanos ms indefensos. Embriones o fetos no nacidos, nios recin nacidos con graves enfermedades, adultos o ancianos que viven en situaciones de gran sufrimiento o incapacidad, vivirn o morirn segn lo que decidan otros, los “sanos”. 

La mentalidad no es nueva. Ha existido en otras pocas y en otros pueblos. No pensemos en pueblos primitivos. Ha habido sistemas polticos recientes, algunos totalitarios (como el nazismo), otros democrticos, que han convertido el aborto y la eutanasia en algo aceptable, legalizado, incluso ofrecido como parte del servicio sanitario estatal. 

Qu ideas sostiene este tipo de posiciones ante la vida y la muerte? Nos encontramos, en primer lugar, con un modo de pensar que valora la vida segn su funcionalidad. Uno puede ser admitido entre los vivos si supera una especie de “examen de aptitudes”, si cumple unos requisitos mnimos. Los que no lleguen a esos requisitos mnimos dependern de lo que decidan los “adultos sanos”. Si los sanos quieren mantenerlos, cuidarlos, darles una oportunidad de continuar su vida, quiz se “tolere” esta actitud de respeto hacia seres humanos “inferiores”. Si, en cambio, los sanos no quieren mantenerles en vida, podrn llamar a un mdico o usar medicinas para acabar con esas existencias que no vale la pena vivir. 

Estas posiciones se apoyan en otra idea de fondo: el rechazo del dolor. Para algunos, la existencia vale si es placentera, si es “realizada”, si permite ejecutar una serie de opciones que consideramos “dignificantes”, si deja abierta la posibilidad de escoger lo que uno quiera. Cuando los planes personales quedan coartados por una enfermedad, por la prdida de alguna parte del cuerpo o por otros factores considerados relevantes para el ser humano, es lcita la opcin por la muerte, opcin que puede ser tomada por el mismo individuo (eutanasia voluntaria, suicidio asistido) o que puede ser decidida por quienes miden el nivel de vida mnimo que puede ser soportado como compatible con una “existencia digna”. 

Estos razonamientos se aplican tanto para juzgar la “dignidad” de la propia vida, como la de la vida ajena. Podemos decidir si la propia vida es funcional, til, autnoma, satisfactoria, slo cuando uno tiene un mnimo de lucidez y de discernimiento. En otras palabras, la peticin de un suicidio asistido, el deseo de una eutanasia voluntaria, slo puede ser expresada por personas que cuentan con el pleno uso de sus facultades mentales.

Esta peticin, como es obvio, no puede ser expresada por embriones o fetos, ni por nios o enfermos mentales que no gozan de lucidez plena o de la mnima madurez para tomar decisiones responsables. Mucho menos puede se expresada por seres humanos que se encuentren en estado de coma. 

Para superar el “obstculo” que surge en los estados de inconsciencia, algunos grupos que promueven la eutanasia buscan maneras para que, a travs de un especfico “testamento vital” o “testamento biolgico”, los que ahora gozan con la suficiente capacidad mental de tomar decisiones libres, puedan determinar lo que querran que se hiciese con ellos en aquellas situaciones futuras en las que no podran expresar su deseo de continuar la vida o de ser eliminados con la eutanasia. Este documento, sin embargo, “solucionara” slo en parte el problema, pues no todos son capaces de firmar un testamento vital (cmo podemos pedrselo a un enfermo mental?). Adems, podrn darse casos de personas que han hecho un testamento vital y que luego, en una situacin de incapacidad mental adquirida, se opongan a lo escrito en ese testamento... 

Las posibilidades que se abren con la mentalidad funcionalista y hedonista (en el sentido de huida de todo dolor) son enormes. Muchos tienen miedo de sacar a fondo las consecuencias de estos planteamientos, y proponen entonces una serie de barreras de contencin que no son sino paliativos que no llegan al fondo del problema. 

Las cuestiones fundamentales son claras: la libertad ha permitido y permitir siempre el que algunos seres humanos se suiciden frente a sufrimientos de toda ndole (fsicos, psquicos, morales, sociales, etc.). A la vez, la medicina puede hacer del gesto suicida un acto tcnicamente poco doloroso. Es lcito pedir a los mdicos que colaboren con el suicidio y que practiquen la eutanasia a quienes la piden? A la vez, si no hay peticin de eutanasia, no pueden los mdicos, siempre con un cierto apoyo social, determinar a quines se les puede provocar la muerte que, segn suponen algunos, eliminara sufrimientos “intiles” y terminara con existencias no funcionales e improductivas? 

Responder a estas preguntas significa reflexionar en profundidad sobre lo que significa la vida humana y sobre lo que significa la relacin que se establece entre los hombres en la vida social. Es justo decir que tiene valor, merece ser vivida, slo una vida funcional, que cumpla con un mnimo de requisitos exigidos por uno mismo o por los sanos? Pierde sentido una existencia que transcurre en medio de sufrimientos fsicos o morales de todo tipo? 

No podemos dar una respuesta veloz, precipitada, movidos por la impresin que nos ha dejado la ltima noticia sobre la eutanasia, o la situacin de un familiar o conocido que vive en coma durante meses. La respuesta determinar todo un sistema legal y toda una serie de comportamientos que puede revolucionar el mundo de la medicina. Ser consecuentes con la mentalidad eutansica lleva a muy lejos, aunque al inicio se haya querido poner lmites. Pero, de verdad esta mentalidad es correcta, es justa, respeta al hombre en su dignidad? 

o tengamos miedo a dar respuesta. El hombre no vive slo para realizar una serie de funciones, ni pierde su valor por vivir en un lecho de dolores. Cada ser humano vale por lo que es, no por lo que hace o por lo que goza. Prescindir de esta verdad no slo nos llevar a ver como legales el aborto y la eutanasia, sino a crear situaciones en las que miles, quiz millones, de seres humanos sern eliminados por quienes no son capaces de reconocer su dignidad. 

Nos da miedo pensar en esto, pero muchos no se dan cuenta de que ya es una triste realidad. Los millones de abortos al ao son, precisamente, eso. La eutanasia entra ahora, poco a poco, en la discusin pblica, primero a partir de casos particulares, y con muchas “limitaciones” legales. Nos hemos olvidado que con la misma tctica se abri la puerta del aborto. No ser hora de repensar nuestros presupuestos y superar esa mentalidad hedonista y funcionalista que destruye la convivencia humana y es causa de la muerte de millones de seres humanos, que siempre merecen respeto independientemente de su salud o enfermedad?