Un da sin aparatos

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Muchas familias viven esclavizadas. Padres e hijos dependen de la televisin, del mvil, del telfono, de internet, de la radio, de juguetes electrnicos, de mil aparatos nacidos con la moderna tecnologa. 

Podemos imaginar qu puede hacer una familia que “apaga” todo? Somos capaces de dejar de lado maravillas de la tcnica que nos han llenado de entretenimientos y que muchas veces nos han vaciado de contenidos profundos y de relaciones humanas enriquecedoras? 

Imaginemos por un momento una familia que acepta este reto. En el comedor, los padres lanzan la propuesta. Los hijos la escuchan sorprendidos. Alguno estar descontento, protestar. Pero al final, despus de un rato de dilogo, llega el s definitivo. 

La televisin queda muda y tranquila. Por un da no lanzar imgenes, ni suscitar emociones, ni gritar canciones, ni angustiar con noticias de atentados y de robos. La radio tambin guarda silencio. Lo mismo ocurre con el dvd, el iPod, las computadoras, el Nintendo... 

Lo ms difcil es desconectar el telfono y apagar los mviles. Es que todos esperan una llamada, o tienen miedo de que alguien les busque y encuentre la lnea con un sonido extrao de “ocupado”... Pero la decisin est hecha, y hay que lanzarse a la aventura. 

La tecnologa, con sus mil posibilidades, queda entre parntesis. La familia se descubre, por unas horas, simplemente como eso, como familia. Entre cuatro paredes, con cosas que decirse o que escuchar, con silencios extraos, sin posibilidades de fuga. 

Apagar esos aparatos que se han convertido en “imprescindibles” pone a la familia a corazn abierto. Quiz el esposo se dar cuenta de que vive casi drogado por las noticias en internet. O la esposa reconocer que ya casi no puede vivir sin una telenovela. O el hijo descubrir que est siempre pendiente de las ltimas novedades de su chat favorito. O la hija notar la angustia al ver que ni manda ni recibe mensajes por sms a sus amigas. Ms de uno notar hasta qu punto “necesita” ese jueguito electrnico con el que pasar las horas de modo tan emocionante... 

La tcnica esconde este peligro: poco a poco nos encierra en pequeos mundos, aislados de los dems, obsesionados por los propios deseos. O ha hecho que todos juntos seamos esclavos de un programa televisivo que parece unir a la familia, cuando en realidad disminuye los tiempos para el dilogo profundo y para la ayuda a quien necesita un rato de desahogo. 

El experimento no slo nos permite ver hasta qu punto vivimos atados a la tcnica. De un modo positivo, lleva a la familia a disponer de un tiempo magnfico para que todos miren hacia dentro y hacia afuera. 

Qu riquezas tengo y ofrezco a quienes viven bajo el mismo techo durante tantas horas del da? Qu recibo de los mos, de los que estn a mi lado? Qu digo, qu hago, qu tengo para que la familia empiece a vivir de modo nuevo? 

Muchos notarn que en casa viven como se vivira en un hotel: entre las mismas paredes, pero cada quien con sus propios planes personales. Otros, en cambio, notarn una especie de liberacin profunda: por fin tienen tiempo para dedicarse a fondo a los dems. 

Entonces, qu hacemos ahora con este tiempo? Podemos preguntar qu tal le va al pequeo en los estudios. O cmo se siente el chico con su novia. O qu piensa la hija mayor sobre su posible trabajo profesional. O cmo el padre o la madre notan que los aos pasan y los hijos crecen en edad y en decisiones, cmo avanzan hacia el da doloroso pero bello de “volar del nido”. 

Al hacernos estas y otras preguntas nacer un deseo profundo de dialogar. Ahora hay tiempo, en grupos pequeos o todos juntos. As es posible abrirse, descubrir sueos no realizados, esperanzas maravillosas, desilusiones amargas, alegras y xitos en la vida acadmica o en el trabajo. 

Dialogar en familia, si hay cario, hace que el tiempo sin aparatos sea no slo un momento de sacrificio, sino una ocasin magnfica, deseada intensamente, para dedicarse a aquellos temas magnficos que cada quien esconde en su corazn. 

El “da sin aparatos” nos permite, adems, darnos cuenta de tantos detalles por mejorar en casa. Una pared que hay que arreglar, un cuadro que necesita un nuevo marco, unos calcetines que piden un lavado ms intenso, unos libros que se ahogan entre el polvo del olvido. 

Unos libros... Tambin el da sin aparatos nos ofrece tiempo para acceder a tantos medios que ayudan a trabajar en la propia cultura. La lectura de un buen libro (hay que dejar de lado aquellos que no valen nada o que daan) enriquece al lector y permite luego, en familia, aportar ideas y reflexiones. Recordamos todava a la abuela o a los propios padres cuando nos contaban cuentos e historias apasionantes, cuando nos enseaban lo que ellos antes haban aprendido gracias a lecturas muy valiosas? 

Un da sin aparatos tambin nos permite mirar hacia fuera del hogar. A la naturaleza, con sus maravillas, con su vida, con sus ciclos, con su misterio de nacimiento y de muerte. A los hombres y mujeres del mismo barrio, muchos de ellos necesitados de un rostro que les mire y les escuche con cario. No es hermoso ver a familias que visitan un asilo de ancianos o que dedican parte de su da a ayudar en tantas posibles tareas de voluntariado social? 

Abiertos a la naturaleza y a los dems, nos abrimos tambin a Dios. Existimos porque nos ama. Podemos disfrutar de alimentos, paredes y electricidad porque vela por cada uno de sus hijos. Sera triste que los aparatos, fruto del ingenio que Dios nos otorga como seres racionales, nos hayan apartado de Aquel hacia el cual caminamos cada da. 

Para muchos imaginar una jornada sin aparatos es casi como suspirar por un sueo inalcanzable. Pero al menos podemos tener la sana osada de hacer el experimento, aunque sea por unas horas. Vale la pena si nos ayuda a sacar lo bueno que existe en nosotros, si permitimos curar lo malo que tambin nos acompaa en los mil caminos de la vida, si acogemos y nos dejamos acoger por tantas personas que nos quieren de veras bajo los mismos muros de una casa. 

Un da sin aparatos: ah queda el reto. Un reto que vale la pena si reconocemos que lo ms hermoso de una familia es esa convivencia que une corazones y que permite acoger y dar lo que tenemos y lo que somos para que la vida de los dems entre en la nuestra, y para que la nuestra se convierta en un esfuerzo continuo por hacer felices a los que viven a nuestro lado.