Historia de un nuevo Jons

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

El embarazo iba bien. Sabrina y Carlos se preparaban para acoger en el hogar al tercer hijo, despus de que Dios les hubiera dado dos nias, Priscila (5 aos) y Viviana (2 aos). 

Priscila tena una especial ilusin por conocer el sexo del nuevo hijo. Ser nio? Ser nia? Pensaba que ya con sus 5 aos poda colaborar con sus padres a la hora de escoger qu nombre dar a su hermanito para el da del bautismo. 

El 8 de mayo de 2003 Sabrina, Carlos y Priscila fueron al hospital para una ecografa que sera, as pensaban todos, de rutina. El embarazo haba cumplido 21 semanas y siempre se esperan los resultados con algo de ansiedad y de aprensin. 

La doctora estaba confundida, miraba y miraba. Algo no marchaba bien. Qu ocurra? El cuerpo pareca normal, pero los riones y la vejiga estaban muy hinchados. Adems, no se vea lquido amnitico. Seguramente habra algn grave defecto urinario: era necesario hacer ms anlisis. 

El resultado fue recibido como una ducha de agua fra. Sabrina y Carlos ni se preocuparon por preguntar el sexo del nuevo hijo, lo cual dej muy desconcertada a Priscila. 

Lleg la hora de un nuevo anlisis. La situacin haba empeorado. La ecografa mostraba que seguramente la vejiga habra reventado. Se notaba, adems, una completa obstruccin urinaria. No quedaba ninguna esperanza de vida para aquel hijo, que pareca condenado a terminar pronto, en el mismo tero o inmediatamente despus de nacer. 

Empezaron a llegar palabras que hablaban de muerte, incluso de aborto. Un mdico deca: “Seora, le aconsejara que interrumpiese el embarazo. Con esta edad gestacional, se tratara de un parto, pues la ley no permite el aborto para un feto tan grande...” 

Las palabras del doctor resultaban absurdas para Sabrina. Escribir ms tarde: “Aborto, ley, feto. Mi hijo est vivo, y no se da cuenta de que est condenado a muerte. Mi hijo est vivo. Est vivo, respira. Mi hijo no necesita una madre que le lleve a dejar de vivir. Yo quiero que mi hijo muera dentro de m, en el mejor lugar para morir, no es una sala de operaciones, donde nadie le conectar a un respirador despus de nacer para salvarle la vida. El recuerdo de mi hijo no ser el recuerdo de un aborto”. 

Llegaba la hora de explicar a Priscila la situacin: su hermanito (seguan sin saber su sexo) no poda vivir mucho tiempo. 

“Le explicamos que esta vida era para el Cielo, no para la Tierra. Que el Cielo tena necesidad de un ngel que velase por los nios ms abandonados. Que el Seor nos podra dar otras vidas, pero que ahora deberamos ser generosos y dejar que este nio volviese a Dios, porque perteneca a l”. 

Amigos y conocidos empiezan a criticar a Sabrina y Carlos por no recurrir al aborto. Incluso la madre de Sabrina le aconseja que terminase con la vida del hijo. “Lbrate de l. En definitiva, ya te han asegurado que no hay esperanzas. Imagina que por mala suerte llegases hasta el final del embarazo. Est iniciando el calor, por qu tienes que padecer esto? Adems, te arriesgas a sufrir una septicemia. Tienes ya dos hijas. No te das cuenta de los riesgos que corres?” 

Sabrina responde con firmeza: “Mam, no insistas. Sigo con el embarazo, aun a costa de morir con l. No pongo mis manos sobre esta vida”. 

La situacin no resulta fcil. Sabrina se levanta por las maanas, viste a las nias, intenta ocultar sus lgrimas. Siente algo especial cuando el hijo da algn golpe en sus entraas. Reza y reza, y recibe el apoyo de los miembros de su comunidad catlica. 

Un da le presentan un papel con un nombre y un telfono. En un hospital de Roma trabaja el dr. Giuseppe Noia, un especialista en operaciones en el tero. Por qu no probar? 

Sabrina siente una voz interior: “Ve. Ve! Por muy mal que vaya, logrars una paz muy grande. Te dirs a ti misma que lo has intentado todo, absolutamente todo. Que se haga la voluntad de Dios”. 

Carlos piensa de otra manera. Si todo iba a terminar en nada, para qu sembrar ilusiones? De todos modos, se somete a lo que decida su esposa. 

Sabrina llama al hospital, consigue hablar con el dr. Noia. Escucha palabras que la llenan de una profunda sensacin de ser amada y acogida. El doctor le dice: “Lo primero, no digas que no hay esperanzas, porque ahora ests en mis manos y quiero intentar lo posible para salvar a tu hijo. Sabrina, adems, felicidades, porque encontrar mams que acompaan a sus hijos hasta el final es algo realmente bello. Vers que el Seor te consolar de algn modo. Ven maana y treme los anlisis que hayas hecho hasta ahora”. 

La cita fue un momento de decisiones no fciles. El dr. Noia no ocult que la situacin era difcil. Explic que haban sido realizadas pocas operaciones intrauterinas para los casos de insuficiencia renal como el que padeca su hijo: de los 10 intentos slo haban sobrevivido 3 nios. 

Se habra una puerta a la vida. El 22 de mayo de 2003 el equipo mdico del dr. Noia realiz una operacin en tres fases para curar a aquel hijo minsculo. Una joven especialista que participaba en la operacin acariciaba la mano y la cara de Sabrina para tranquilizarla. Luego, sac de un bolsillo una reliquia de santa Teresa de Lisieux y se la dej para encomendar el buen resultado de aquella aventura. 

Haba que esperar una semana de reposo para ver cmo haban andado las cosas. Terminados los 7 das de espera, Sabrina volvi con el dr. Noia. Los anlisis eran bueno. Pero haba que confirmarlos con la ecografa. Este momento fue muy duro para todos. El lquido haba invadido diversos rganos del hijo, y se notaba el inicio de una descompensacin cardiorrespiratoria. 

El dr. Noia se rinde: no es posible realizar una nueva operacin. Sabrina llora. Cunto tiempo puede sobrevivir su hijo? El doctor responde: nos vemos dentro de unos siete das... 

Los das pasan lentamente, con el miedo a que inicie un “parto” que se convertir en la llegada de la muerte. Pero algo extrao ocurre. Despus del nmero dramtico “siete”, la cuenta sigue adelante. Sabrina ya tena previsto en qu hospital ir a dar a luz. Pero su hijo segua vivo, se mova, daba seales de normalidad. Qu estaba ocurriendo? 

Pasan 10, pasan 15, pasan 20 das. Despus de 22 das, Sabrina llama al dr. Noia. El doctor queda sorprendido. An no ha muerto el hijo? Le pide que venga cuanto antes a Roma. 

Es el 23 de junio de 2003. Sabrina y Carlos llegan al hospital y saludan al dr. Noia. Inician la ecografa. Todo se ve perfecto. Demasiado bien. Ser un error? El doctor no da crdito a lo que observa: llama a algunas enfermeras y colegas que conocan la historia de aquel hijo para que vean aquellas imgenes llenas de vida. 

“Os dije el sexo de esta criatura?” pregunta a sus padres el doctor. “Es un varn”. Sabrina y Carlos no lo dudan: “Se llamar Jons, como el profeta salvado de las aguas”. 

Las emociones se suceden con rapidez. Sabrina vive esta experiencia entre lgrimas y sonrisas. Pregunta, de todos modos, si se observan anomalas. Todo parece estar muy bien, aunque hay que realizar inmediatamente una pequea operacin para quitar el exceso de lquido amnitico.  

Cuando regresa a casa, Sabrina encuentra a Priscila que est rezando el rosario. Abraza con fuerza a su madre al escuchar las buenas noticias, y le dice: “Mam, tenas razn. El Seor escucha las oraciones de los nios”. 

Llamadas telefnicas, felicitaciones, sonrisas, cambios de planes. Haba que preparar la habitacin para Jons, anunciar a la familia el prximo nacimiento, estar preparados por si todava quedaban serios daos en el cuerpecito del hijo. Muchos hablaban de un milagro. Pero para Sabrina el milagro era otro. 

“A nosotros (Carlos y yo) nos bastaba con ver el milagro espiritual que se haba producido en nuestros corazones: encontrarnos en paz, aunque la cruz fuese muy pesada. La paz que se puede sentir solamente si uno vive en la voluntad de Dios”. 

El 25 de agosto de 2003 naca Jons. Tendra daos en los pulmones? El dr. Noia esperaba slo que empezase a llorar. Y llor mucho, muchsimo. Escribe su madre: “Llor como un len furioso, despreciado. Y llor tambin yo, mientras rea, y desde mi corazn brotaba un himno de alabanza: bendito eres, Seor, que haces bien todas las cosas!” 

Despus de 11 das fue necesaria una nueva operacin. En los primeros 3 aos no faltaron problemas: 4 operaciones, 2 transfusiones de sangre, un bloqueo renal (uno de los riones haba quedado completamente daado y el otro no funcionaba del todo bien). 

Cuando Jons cumpla los 3 aos, era un nio normal, sereno, reflexivo, lleno de la alegra por la vida. Quedaban en pie peligros y esperanzas. Sus padres saban muy bien que su vida no estaba asegurada ni siquiera durante una semana. Como tampoco la de quienes nos consideramos sanos... 

Su madre escribe al final del relato de esta historia: “Nosotros seguimos adelante. Vivimos al da, bendiciendo cada maana por lo que ese da tenemos a nuestro alcance. Como dice el dr. Castorina, 'miramos nuestros pies y damos un paso despus de otro'. El maana no nos pertenece, tenemos que arrancar el miedo al maana”. 

Dios acompaa a la familia de Sabrina, Carlos, Priscila, Viviana y Jons. Los acompaa tambin gracias a tantos mdicos y amigos que creen en Dios y que protegen cada vida, que dicen no a abortos fciles, que aceptan con amor las cruces y dolores de cada da. 

Sabrina termina su relato con estas frases: “Mis hijas rezan espontneamente por los nios que estn en los hospitales: ellos saben que la vida no es slo Barbie y Cicciobello. Pero saben tambin que en cada historia est presente Dios, que no nos deja, que sigue amando a sus hijos, que da fuerzas. Solamente hace falta pedirlas. Nuestra historia es una prueba de ello”. 

(Este artculo resume el relato de Sabrina Pietrangeli Paluzzi, publicado en el libro del dr. Giuseppe Noia, Il figlio terminale. Risposte di amore straordinario all'ordinaria eutanasia prenatale, Nova Millennium Romae, Roma 2007, pp. 159-185).