Tcnica: liberacin o esclavitud?

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

No podemos vivir sin la ayuda de la tcnica. Desde la maana a la noche, la tcnica nos rodea, nos precede, nos acompaa, a veces nos gobierna... 

Despertamos en una cama, cubiertos por sbanas, ayudados por un reloj, acompaados por la luz elctrica, aseados gracias al agua que llega desde tuberas y sistemas de control sumamente complejos. 

Desayunamos con alimentos conservados gracias a sustancias qumicas, guardados en un refrigerador, calentados en una estufa o un microondas, servidos en un plato de cermica o de plstico. 

Salimos de casa a travs de una puerta hecha a prueba de incendios y ladrones, bajamos por el ascensor o la escaleras, subimos a un coche de gasolina o de diesel, o usamos el metro con sus cables, vagones y anuncios electrnicos. 

En la oficina o en la fbrica, todo es tcnica: mquinas, computadoras, papeles, archiveros, hierros, sierras, poleas, bsculas, tornillos, vigas y cemento. 

La misma tcnica nos abre a un mundo casi infinito de informaciones y noticias. Nos llegan por la prensa, la radio, la televisin, el internet, o los mensajes que leemos en el mvil, el messenger o la cuenta del e-mail. 

Hemos de reconocer que la tcnica nos facilita tantas cosas: comida, vestido, aire acondicionado, transporte, trabajo... Nos abre mil caminos, nos descubre horizontes inmensos de posibilidades antes ni soadas por los hombres del pasado. El mundo se nos ha hecho pequeo, cercano, a la mano: basta un boleto o un click en la computadora para ver panoramas de tierras y de gente de muy lejos. 

Pero tanta tcnica, nos ha hecho ms humanos, ms solidarios, ms felices? Nos ha abierto a relaciones ms profundas con los amigos, a una vida ms alegre en la familia, a una reflexin ms profunda ante el sentido autntico de la vida humana? 

La tcnica nos ha liberado de trabajos que podran ser vistos como algo pesado, difcil, cansado. Pero existe siempre el peligro de que las posibilidades tcnicas se conviertan en un reclamo continuo que poco a poco ahogue nuestro tiempo, hasta esclavizarnos por no haber sabido usarla como lo que es: un instrumento, un medio, una ayuda para vivir de un modo ms humano. 

Sera triste que la computacin, la facilidad de los transportes, el mundo siempre nuevo de las diversiones y los juegos nos llevasen, poco a poco, a la angustia, al sentirnos esclavos de tantas solicitaciones que nos llevan a pegarnos a una pantalla o a un libro y a olvidar lo importante que es un rato de dilogo con un familiar o con ese amigo que se siente solo y necesitado de escucha paciente y sincera. 

Para que las cadenas de la tcnica no nos ahoguen, para no terminar esclavos de sus espejismos de felicidad, hemos de tener siempre presente lo ms importante, lo ms profundo, lo ms rico de nuestra vocacin humana: dejarnos amar y vivir para amar a quienes viven a nuestro lado. 

Tal vez dejaremos de lado algn ltimo modelo de un cacharro electrnico, pero ser para emplear el poco tiempo de nuestro vivir terreno en cosas ms sencillas y ms buenas: la bsqueda de la verdad, el compromiso en el amor, la lucha por la justicia, la acogida de la bondad infinita y fascinante del Dios amante de la vida.