Iglesia, relativismo y tolerancia

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: Anlisis digital (con permiso del autor)

 

 

No es difcil encontrar pensadores y “expertos” que acusan a la Iglesia catlica de dogmtica y de intolerante. La Iglesia, segn esta acusacin, pretendera ser la nica poseedora de la verdad sobre Dios y sobre el hombre, mientras que quienes pertenecen a otras religiones, o quienes son ateos, estaran equivocados. 

Adems, aaden los crticos, este modo de pensar de la Iglesia conducira a la intolerancia, incluso al fanatismo. Al considerarse poseedora de la verdad, la Iglesia caera en un pecado de arrogancia y promovera el choque entre los pueblos, las religiones y las culturas. 

La alternativa correcta, segn estos autores, sera asumir las propias ideas no como algo “verdadero”, ni como excluyente de los otros puntos de vista, sino como una propuesta que vale igual que las otras ideas y religiones que coexisten en la sociedad. Slo as sera posible conseguir un mundo ms tolerante, menos fantico, capaz de un dilogo constructivo y de una convivencia verdaderamente civilizada. 

Esta teora, sin embargo, encierra una contradiccin inevitable. Considera como verdad absoluta, indiscutible, la siguiente: que slo son capaces de convivir y de dialogar quienes no creen en verdades absolutas. Es decir, se autoexcluye, pues defiende una idea vista como verdadera para criticar a quienes defienden otras ideas vistas tambin como verdaderas. 

En realidad, es imposible, para la mente humana, pensar sin tener presente el binomio “verdadero-falso”. Slo cuando consideramos una frase como verdadera podemos acogerla en el corazn y en la mente. Lo cual implica, simultneamente, tener que pensar que la frase opuesta sera falsa. 

Puede ser, esto resulta sumamente claro (y verdadero) que muchas veces nos equivocamos. Pero slo reconocemos el error cuando decimos: “Antes crea que A era verdad. Ahora reconozco que A es falsa, y que la verdad es otra cosa distinta de A”. 

El hombre tiene una vocacin profunda, un deseo ineliminable, de avanzar hacia la verdad, aunque sea a base de fallos, a veces simpticos, otras veces dramticos. Tambin en lo que se refiere a las religiones y a la tica, a los valores y a los principios que regulan la vida social, queremos conocer la verdad. 

Es errneo, por lo tanto, proponer como fundamento de una sociedad tolerante el que todos renuncien a pensar en clave de verdadero y falso. Ms bien hemos de buscar cules son las razones, basadas en la verdad, que llevan a respetar a cualquier ser humano, tambin al que tiene ideas distintas de las propias. 

Esto nos permitir superar la paradoja, viciada en su origen y en su misma ejemplificacin, de Voltaire, para quien no caba ninguna tolerancia para la intolerancia. Este idelogo, a quienes muchos consideran padre de la moderna tolerancia, lleg a actitudes sumamente intolerantes, especialmente hacia los catlicos, por buscar un modo equivocado de defender la tolerancia; un modo que obligaba a todos a renunciar a la idea de que podran poseer la verdad...

La tolerancia no puede basarse en la igualacin (totalitaria) de las ideas, que “deberan” ser vistas como igualmente vlidas. Se basa, ms bien, en un respeto profundo al ser humano, al reconocer su dignidad, sin condiciones, sin lmites, sin etiquetas ideolgicas, raciales o religiosas. Tal respeto se construye sobre la “verdad” acerca del hombre: alguien espiritual y corpreo, temporal y eterno, creado por Dios y llamado a vivir entre los hombres. 

La Iglesia, al proponer su doctrina y su modo de concebir al ser humano, defiende un modo genuino y autntico de respetar al que pertenece a una raza, pueblo, cultura o religin distinta de la propia. Algo que el relativismo no puede hacer, precisamente porque es incapaz de fundamentar en qu “verdades” se funde la dignidad propia de cada ser humano, y porque no alcanza a reconocer el sentido autntico y ms profundo de la verdadera tolerancia: la igualdad profunda y constitutiva que hermana a todos los hombres en cuanto hijos del mismo Padre celeste.